Repaso al surgimiento de la frontera Turquía-Siria

Refugees inside the Turkish border near Gaziantep. Some ten million people have fled Syria or been displaced from their homes.
Refugiados en la frontera de Turquía y Siria. 10 millones de personas han sido expulsadas de sus hogares por el Estado Islámico.
Gaziantep, ese es el nombre de la ciudad, ahora bajo gobierno turco, que hegemoniza el tránsito de todas las personas en la frontera con Siria. Esta pequeña ciudad, convertida en los últimos años en un nido de refugiados y espías, supone para millones de personas la posibilidad de huir de la brutal y descontrolada guerra que se está llevando a cabo en gran parte de Kurdistán y Siria. Por desgracia, Turquía, cómplice en numerosas ocasiones del también fascista Estado Islámico, no ofrece un gran refugio a las decenas de miles de personas a las que han bloqueado la entrada, aún menos cuando en el propio Gaziantep se han notificado ya varios intentos de atentado suicida en los cuales se le han incautado a los terroristas una gran cantidad de explosivos, granadas y fusiles de asalto.
No muy lejos de allí, Kobanê, fundada como ciudad de paso alrededor de una estación de tren en la ruta Baghdad-Berlín, ha acogido a trabajadores kurdos desde los inicios del s.XX. Curiosamente, la propia línea demarcada por el ferrocarril de Kobanê fue escogida por las potencias imperialistas en la Iª Guerra Mundial para delimitar una nueva frontera, una frontera que dividiría el Imperio Otomano, y así fue como Kobanê y gran parte de los territorios del pueblo kurdo pasaron de pertenecer al Imperio Otomano a pertenecer a un nuevo Estado creado bajo el amparo de los imperialistas franceses y británicos: Siria. Mientras tanto, todo lo que se encontraba al norte de Kobanê pasaría a ser Turquía. 
En este contexto, en el cual el pueblo kurdo fue, de nuevo, dividido por fronteras artificiales, volvemos al presente. El Estado Islámico ha decidido que Kobanê, una pequeña ciudad en el mapa, sea un símbolo de la renovación del Califato Islámico, de la supresión de las barreras impuestas por aquellos ajenos al islam para establecer las suyas propias. Con lo que no contaba el Estado Islámico era con algo que, en apariencia, pudiera no significar un problema, pero que actualmente se ha convertido en el principal quebradero de cabeza de los comandantes y altos mandos fascistas. Este factor con el que nadie había contado es el pueblo kurdo enarbolando la bandera de la revolución.

Desde hace ya más de 70 días los revolucionarios kurdos, que decidieron no perder a un solo civil ni guerrillero inútilmente y que dirigieron evacuaciones en cada pueblo que ISIS pretendía masacrar, adelantándose por unas horas a sus movimientos, han decidido en Kobanê protagonizar, como ya hicieran los heróicos combatientes de Stalingrado contra los nazis, la épica resistencia contra la barbarie con todas las herramientas a su disposición. Ya no hay lugar a donde huir, no para la noble determinación de miles de revolucionarios kurdos y de todo aquel que está defendiendo Kobanê, no solo para luchar contra las irracionales y perversas pretensiones del Estado Islámico, sino también para luchar contra los imperialistas que en la IªGM partieron artificialmente al pueblo kurdo y pretenden utilizarles como carnaza para, cuando el Estado Islámico sucumba a sus propias y mezquinas ambiciones, acabar con ellos. Pero se equivocan, porque los defensores de Kobanê no luchan por sí mismos, luchan por la humanidad. Y la humanidad luchará por ellos.
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