Llegada a Suruç 14/03/15

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Centro Cultural de Suruç

Suruç, 14.03.15 – Delegación del CSRPK de Madrid

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Fayza Abdî, responsable de la Auto-administración de la Democracia en el cantón de Kobanê

La delegación del Comité de Solidaridad con Rojava y el Pueblo Kurdo ha llegado a Suruç. Esta ciudad limítrofe de la frontera con Siria tiene un 99% de población kurda. La ciudad ha crecido a lo largo de una calle principal, en dicha calle encuentras tiendas de comida, restaurantes, tiendas de pertrechos variados y fruterías. A los lados de dicha calle principal se extienden casas bajas, de construcción típica, con patios interiores y de dos plantas. La calle está muy concurrida y aunque durante el día los coches, furgonetas y camiones van y vienen en su ajetreo; por la noche los dominios pasan a manos del ejército turco, que se pasean descaradamente en sus tanquetas, con sus  puertas abiertas para vigilar a todos los que por allí pasan. Nos hemos dirigido al Centro Cultural de Suruç, un edificio grande de tres plantas con un jardín que lo rodea. Al acceder llegas a la sala de estar, donde tienen habilitada una pequeña cocina y varias mesas bajas, donde la gente come, conversa y trabaja. Hay electricidad, agua e internet. Aquí es donde se hospedan periodistas y otras personas con interés en la zona.

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Khalil Abdî, doctor de Kobanê

Hemos sido recibidos por Fayza Abdî, de la Auto-administración de la Democracia en el cantón de Kobanê, que muy amablemente nos ha contado la situación actual de los refugiados. Actualmente hay 6 campos de refugiados en los alrededores de Suruç, sólo uno de ellos está bajo control del ejército turco y el mandato de la ONU. El resto de los campos son gestionados por los propios kurdos. Hay agua en todos los campos y la comida aunque no es abundante no falta. En dichos campos se han llegado a alojar a 20.000 personas, aunque actualmente deben rondar las 10.000, ya que mucha de ellas están cruzando la frontera para retornar a sus casa, tanto en Kobanê como en los pueblos liberados de alrededor. Fayza nos ha introducido a Mustafa, (diplomático de la ciudad de Suruç), el cual nos ha proporcionado una tarjeta con la que poder acceder a los campos de refugiados por los próximo 2 días. Tras comer una ensalada y un kebap, hemos dejado nuestro macutos en las habitaciones comunales de la segunda planta y nos hemos dirigido a la casa de los Abdî.

En Suruç todo esta muy cerca, ya que lo que llaman ciudad no es más que un pequeño pueblo. Tomamos unas pocas calles y entramos en la residencia de los Abdî. Hemos cruzado un estrecho pasillo para llegar a un patio interior con una zona ajardinada, allí nos han hecho pasar a un salón enmoquetado. A lo largo de 3 de sus muros había unos amplios cojines acolchados a ras de suelo, que hacen de cómodos asientos. Hemos sido acogidos con una excepcional hospitalidad por el doctor Khalil Abdî, padre de Fayza. Nos han invitado a café, té y fruta. Khalil Abdî, de profesión médico, nos ha contado la paupérrima situación en Kobanê. Actualmente en la ciudad no hay ni electricidad ni agua. A través de unas fotos tomadas a día de hoy nos han enseñado la destrucción de la ciudad, casi no queda un edificio en pie y los escombros inundan las calles haciendo difícil el movimiento. Debido al bloqueo de Turquía hay escasez de alimentos, medicinas, combustible y demás objetos de primera necesidad.

Durante esta reunión nos acompañaban otros refugiados de Kobanê, un hombre, el cual no ha querido dar su nombre, nos ha enseñado unas fotos con una bomba que había sido colocada dentro de su casa por el ISIS. Artefactos caseros pero muy potentes, que se han cobrado la vida de decenas de personas, que al abrir las puertas de sus residencias han detonado los explosivos. Khalil como el resto de acompañantes nos han insistido en la imperiosa necesidad de equipos técnicos especializados en desactivar bombas, ya que sin ellos tanto la reconstrucción de Kobanê, como la precaria vuelta a la vida diaria, se hace imposible. Actualmente cuentan con la ayuda de un puñado de ingenieros, que con escasos medios cada día se juegan la vida con estos peligrosos artefactos explosivos.

_DSC5224También nos han informado de la vuelta de los desplazados, según sus datos casi unas 50.000 personas están actualmente tanto en los campos de refugiados en los alrededores de Kobanê como en la propia ciudad. La situación es penosa para todos aquellos que han regresado, pero en los campos de refugiados en Turquía no están mucho mejor, ya que el gobierno turco no les quiere conceder permisos de trabajo, y sin trabajo no hay dinero y sin dinero no pueden mejorar su calidad de vida. Esta es la realidad del capitalismo, tanto aquí como en el resto del mundo. Por ello también nos han insistido en la necesidad incipiente de la apertura de un corredor humanitario, para que la poca ayuda que llega desde organizaciones internacionales informales, pueda ser efectiva dentro del cantón. Así mismo nos han confirmado que ningún Estado ha mandado ayuda. Para ellos esta situación es inconcebible, ya que ellos consideran que no están luchando únicamente por liberar su tierra del ISIS, sino que combaten por la humanidad, para que esta organización terrorista no expanda sus redes, no se haga más fuerte y propague sus ataques a otras partes del planeta. Actualmente según diversas fuente hay 5.000 combatientes del ISIS con nacionalidad francesa, 3.000 con nacionalidad tunecina y sólo 2.000 con nacionalidad siria, entre otros muchos. Por ello los habitantes de Kobanê no comprenden como los países de la coalición anti-ISIS de lo único de lo que son capaces es de bombardear sus ciudades y aldeas, destruyéndolo todo, tanto grupos del ISIS como a la población civil. Tras preguntarles sobre la posible complicidad de ciertos gobiernos occidentales con el ISIS, nos han respondido que de ello no tienen pruebas, pero que todo es posible en esta caótica situación.

A pesar de la precaria situación, del dolor de la muerte y el miedo de la guerra, estas gentes no pierden la sonrisa, la amabilidad ni la disponibilidad por ayudar en todo lo que pueden. Es muy impresionante como la solidaridad se respira en cada esquina y como reina un ambiente amigable en cada lugar que hemos visitado. Estamos impacientes por continuar nuestra visita, ampliar nuestros conocimientos sobre la situación de la guerra, profundizar para entender las historias de vidas de los que aquí habitan y comprender un poco mejor cual es la realidad de este fuerte, hermoso pero olvidado pueblo que es el kurdo.

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