En memoria de Shirin, Ferzad, Ferhad y Ali

El siguiente artículo ha sido traducido por NewRozEuskal y ha sido modificadas las palabras con intergénero “@”, ya que a pesar de que estamos a favor de una escritura no patriarcal y de las correcciones de género en los escritos; somos conscientes de que hay ciertos colectivos, como el de ciegos, que necesitan de una “correcta” escritura telemática para poder acceder a las informaciones expuestas.

95c9c0b8f2c1a134b1e164252816ebb30d1d46dc_1431172646La historia se repitió una vez más para los kurdos en el este de Kurdistán (Rojhelat).
En la prisión de Evin, situada a las afueras de Teherán, fueron llevados al cadalso temprano cuatro rebeldes kurdos. Antes de ser ahorcados se les pidió que se arrepintieran. Ellos respondieron cantando el himno nacional ‘Ey Reqip’. Inmediatamente fueron ahorcados.
Sus familias no recibieron sus cuerpos, se desconoce su paradero.

Ferzad Kemanger era maestro e iba de pueblo en pueblo, enseñando a las niñas. En su carta de despedida escribió: “Permitid que mi corazón siga latiendo en el corazón de cada niño para que una mañana pueda ser capaz de gritar tan fuerte como pueda en mi lengua materna, el kurdo. Quiero ser el viento que lleva el mensaje de amor para toda la humanidad a todos los rincones del mundo”.

Shirin Elemhuli fue una luchadora por la libertad. En su última carta ella explicó que sus carceleros le pidieron que renunciara a su identidad y ella respondió que “eso significaría renunciar a sí misma”.

Ali Heydariyan era guerrillero en las montañas. Había ido a Teherán a tratarse por un padecimiento grave. Después de ser arrestado fue torturado durante meses.

Ferhat Wekili era el padre de Hengame, Hewran y Hewraz. Él era ingeniero. Sus últimas palabras antes de ser ahorcado fueron las de su profundo deseo de que sus hijos pudieran vivir en un país libre. 

El 09 de mayo 1914 Seyda Resul dijo: “Los kurdos pronto serán liberados de esta tiranía.” Han pasado más de cien años, pero ni los kurdos se han rendido ni sus asesinos han cedido. Pero sus almas pueden alegrarse por tener a jóvenes como los de hoy, preparados para enfrentar la adversidad. El último siglo de la historia del pueblo kurdo ha sido una lucha sin cuartel y sacrificio contra los opresores y sus colaboradores. Los niños y niñas llevan en sus corazones a los héroes y heroínas kurdos que determinarán el resultado de este lucha.

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