¿Quiénes son los yazidi “Adoradores del Diablo” y por qué el ISIS trata de masacrar y esclavizar a esta antigua minoría? Segunda parte

17/02/2016

Brian Glyn Williams – Profesor de Historia Islámica, U. Mass Dartmouth; autor de ‘Infierno en Chechenia’ y ‘El último señor de la guerra’.

Kurdish Peshmerga Control Sinjar After Driving Out ISIL With U.S. Airstrikes
SINJAR, IRAQ – NOVEMBER 16: Yazidis work to lift an engine to salvage it from the rubble of an auto repair shop destroyed by an airstrike on November 16, 2015 in Sinjar, Iraq. Kurdish forces, with the aid of months of U.S.-led coalition airstrikes, liberated the town from ISIL extremists, known in Arabic as Daesh, in recent days. Although the battle was deemed a major victory, much of the city lay in complete ruins. (Photo by John Moore/Getty Images)

ISIS declara la yihad total sobre los “infieles” yazidi

Como la mayoría de los iraquíes que sufrieron bajo Saddam Hussein, los yazidis celebraron el derrocamiento del odiado dictador, pero, al igual que las antiguas comunidades cristianas del norte de Irak, pronto se convirtieron en el blanco de los grupos yihadistas sunitas fanáticos como Al Qaeda en Irak (AQI), que se levantaron en armas para luchar contra los estadounidenses. En 2007, AQI dirigió a las comunidades yazidis iraquíes del norte de Kathaniya y Jazeera el ataque suicida más letal en el mundo desde el 9/11. Nada menos que 796 yazidíes fueron asesinados y otros mil quinientos fueron heridos en este bombardeo masivo, que involucró a un camión cisterna de combustible y tres coches con dos toneladas de explosivos.

Pero lo peor estaba por venir. AQI se transformó en ISIS y, en agosto de 2014, lanzó una campaña en la región del Monte Sinjar, en el noroeste de Irak. El Monte Sinjar estaba protegido por los legendarios peshmergas kurdos (literalmente, “los que se enfrentan a la muerte”, una famosa fuerza de combate), pero estos combatientes cayeron ante el ataque del ISIS, dejando la región a merced de los fanáticos combatientes del “califato”. El Monte Sinjar es el enclave geográfico principal de los yazidis, que lo consideran una montaña sagrada (creen que esta montaña, que se eleva espectacularmente sobre el plano desierto, es el lugar donde el arca de Noé tocó tierra por primera vez tras el diluvio y mantienen allí siete templos que albergan llamas eternas).

A medida que los combatientes del ISIS irrumpían en la ciudad de Sinjar, que se encuentra al pie de la montaña del mismo nombre, fueron matando a unos 5.000 yazidis en un acto que la ONU califica como “genocidio”. Un informe de esta matanza señalaba que los yazidis estaban siendo abatidos a tiros y arrojados a fosas comunes y conducidos a templos que posteriormente eran bombardeados.

Los jihadistas también capturaron a cientos de mujeres yazidíes como ‘sabiya’ (esclavas sexuales legitimadas por el Islam) y las vendieron como ganado en los mercados a los combatientes del ISIS. Estas mujeres, muchas de ellas niñas, fueron sistemáticamente violadas y abusadas por sus amos del ISIS y la mayoría todavía permanecen en la miseria como esclavas sexuales para los fanáticos, que legitiman su abuso mediante la etiqueta de “idólatras” e “infieles” (su situación no obtuvo tanta atención como el secuestro de colegialas por terroristas yihadistas de Boko Haram en Nigeria). Las mujeres mayores que no fueron consideradas dignas de ser sabiya fueron arrastradas lejos y sistemáticamente asesinadas en masa a sangre fría.

Nada menos que 50.000 yazidis huyeron de pánico a las sombrías, inaccesibles alturas del Monte Sinŷar para escapar de las matanzas del ISIS. Para evitar su genocidio, el presidente Obama lanzó una campaña de bombardeos que detuvo el avance de ISIS y un puente aéreo que proporcionó comida y agua a los hambrientos refugiados Yazidis atrapados en la montaña. Después, los peshmerga kurdos rompieron el cerco de las líneas del ISIS, creando un pasillo que permitió escapar a la mayoría, aunque no todos, de los refugiados en el monte Sinjar.

Pero para entonces ya era demasiado tarde, el corazón de la población y la cultura yazidi habían sido destruidos y muchos santuarios clave yazidis, con su forma cónica y torres estriadas, fueron destruidos. Afortunadamente, en diciembre de 2015, las fuerzas kurdas, apoyadas por la Fuerza Aérea de EE.UU., derrotaron a las fuerzas del ISIS, ocupando la ciudad de Sinjar y parte de la dispersa comunidad está tratando de regresar a sus hogares. Pero la mayoría han quedado esparcidos a lo largo y ancho de sus territorios sagrados y muchos se han unido al movimiento de refugiados hacia Europa. El exilio de los yazidis de los antiguos santuarios de sus gentes amenaza con diluir su identidad distintiva como pueblo.

Esta fue la información básica previa a nuestra visita al santuario de Lailish, situado al este del Monte Sinjar, seguro tras las líneas de los peshmerga kurdos en el noroeste de Kurdistán.

Una visita al Santuario yazidi en Lailish.

Según avanzaba nuestro SUV en paralelo a la cercana línea del frente del ISIS, a través de las colinas cubiertas de niebla del Kurdistán iraquí, interrogamos a nuestro guía yazidi Thamer con preguntas sobre las creencias y rituales de la antigua fe de su pueblo. Pero él nos pidió que esperásemos hasta que llegáramos a la capilla, ya que debía mostrárnosla. Al llegar al estrecho valle cubierto de árboles de morera que acuna el santuario, Thamer nos indicó que teníamos que quitarnos los zapatos, ya que el suelo por el que estábamos caminando era sagrado. Éste fue el lugar donde Melek Taus, el ángel del pavo real, había descendido por primera vez a la tierra para traer el orden a partir del caos.

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Con no disimulada emoción (y pies entumecidos por el frío de enero), entramos en el patio exterior del complejo Lailish y nos acercamos a la puerta principal. En la pared de piedra hay un talismán con una serpiente negra que recuerda el intento de forzar a los yazidis a abjurar de su fe y convertirse al Islam hace siglos. Las serpientes negras, nos dijeron, tienen poderes mágicos y no pueden matarse. Se nos pidió, entonces, besar reverentemente los lados de piedra a la puerta del santuario interior y se nos pidió no pisar el umbral sagrado.

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Cuando entramos en el antiguo complejo, nos fijamos en un oscuro estanque que está integrado en el suelo de piedra a nuestra derecha. Es el Lago de Azrael, el Ángel de la Muerte. Los yazidíes creen que Azrael lava su espada en este estanque después de tomar un alma. Más allá del estanque, encontramos una sala de tumbas de piedra con pañuelos colgando, con nudos atados por algunas mujeres yazidi. Thamer nos explica que cuando se ata un nudoy se formula un deseo, éste se hace realidad cuando otro devoto lo desata.

Desde esta sala pasamos, por una escalera de caracol de piedra, hasta una cueva subterránea. Podíamos escuchar el sonido del agua abajo, pero nos dijeron que no podíamos visitar este lugar santo, conocido como Primavera de Zamzam, ya que no está permitido a los no yazidis. Aquí es donde los yazidis, que debe hacer una peregrinación a este lugar una vez en sus vidas, son bautizados. A partir de ahí pasamos, a través de un arco de piedra, al corazón sagrado del santuario: la antigua tumba, de 900 años de antigüedad, de Sheikh Adi. Sheikh Adi codificó las dispares creencias yazidis y es venerado como un santo y el avatar o encarnación del Ángel del Pavo Real. Él es también uno de los principales jueces de las almas de los hombres.

Desde la cripta de Sheikh Adi pasamos a una cámara de piedra oscura y larga, donde el aceite de oliva se almacena en antiguas ánforas de arcilla. Las aceitunas para extraer el aceite se recogen de las colinas de los alrededores y se prensan en Lalish; el aceite se utiliza para rituales religiosos y para quemar en las lámparas. También nos mostraron unos agujeros en las piedras que, según nos dijeron, representan la entrada tanto al cielo como al infierno.

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Después de haber recorrido las catacumbas subterráneas de piedra, había llegado el momento de conocer a su sagrado guardián, un eunuco que ha dedicado su vida al santuario y el segundo sacerdote más importante de la fe yazidi, Baba Chawish (literalmente, Padre Guardián). Entramos en su despacho con reverencia y encontramos al santo hombre con turbante blanco sentado con varios acólitos. Amablemente nos invitó a entrar desde el frío exterior a la cálida habitación y nos ofreció dulces de un plato adornado con un pavo real dorado.

En el pasado, una reunión con una figura tan notoria habría sido difícil y los misterios de la fe se habrían mantenido en secreto. De hecho, la mayor parte de las tradiciones yazidis se trasmiten oralmente para mantenerlas en secreto. Pero Baba Chawish era un alma amable, que compartió con nosotros el funcionamiento interno de esta antigua fe que ha sido, durante tanto tiempo, mal entendida por los extraños, y por ello mantenida oculta.

Continuará. Parte tres. Los secretos de la Fe yazidi.

Fuente HuffPost

Traducido por Rojava Azadi

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