La Guerra Interna de Erdogan busca conseguir un sistema presidencialista en Turquía

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20 de febrero de 2016

escrito por Rosa Burç & Burak Çopur

La guerra actual contra los kurdos y la oposición tiene como objetivo el establecimiento de un sistema autocrático y presidencialista.

El sorprendente éxito electoral del Partido Democrático de los Pueblos (HDP) en las pasadas elecciones del 7 de junio de 2015, impidió que la mayoría absoluta del partido gobernante, el AKP, por primera vez desde el año 2002. Mayoría absoluta que necesitaba el presidente Erdogan para poder llevar adelante sus planes de cambiar el sistema político turco en favor de un sistema presidencialista. Debido a ese fracaso se convocaron nuevas elecciones el 1 de noviembre del 2015. Durante los meses previos a estas nuevas elecciones se incrementó la represión sobre el HDP y sus simpatizantes, se impusieron violentos toques de queda en las ciudades de mayoría kurda y se cerraron las negociaciones de paz con el PKK.

La estrategia del presidente Erdogan de crear un escenario de inestabilidad funcionó. El país fue puesto en un permanente estado de excepción, con la idea de que muchos votantes volverían a votar al AKP, después del fracaso de junio, con el ánimo de poner “orden”. Hay una expresión muy común en la política alemana: “Los tiempos de crisis son tiempos de caudillos”. En las elecciones del 1 de noviembre Erdogan consiguió recuperar su mayoría absoluta, convirtiendo esa expresión alemana en una realidad.

A pesar del éxito electoral de Erdogan, la mayoría requerida para cambiar el sistema hacia uno presidencialista se le resistió, ya que se requieren dos tercios del parlamento para llevarla a cabo. Su respuesta, por lo tanto, fue la guerra y espera de esta el mismo éxito que en las últimas elecciones; las cuales ganó en gran medida porque ya había debilitado de manera sistemática las instituciones del estado, liberándose así de las ataduras constitucionales y del control parlamentario; e instaurando de facto, el régimen autocrático y presidencialista. De esta manera puso a las instituciones estatales bajo su control personal, creó sus propios mecanismo de poder. Este es un informe sobre el golpe de estado encubierto que ha dado Erdogan.

El régimen de Erdogan

Los pilares sobre los que se sustenta el sistema presidencialista impuesto de facto son tres: el legislativo, el ejecutivo y el judicial – también podemos mencionar a los medios de prensa como cuarto pilar. Erdogan ya tiene una mayoría en el parlamento. Además de controlar el Ministerio de Justicia y los ministerios relacionados con la seguridad, también tiene bajo su control a los medios de comunicación e instituciones civiles como la Fundación para la Juventud y la Educación Turcas (Türgev), que es liderada por su hijo Bilal. Un análisis profundo sobre esta maquinaria institucional debería de permitirnos una mayor comprensión del sistema que ha creado Erdogan.

El Ministerio de Justicia como escudo protector

En 2014 Erdogan creó un sistema judicial paralelo completamente bajo su control, el llamado suhl ceza hakimlikleri. La mayoría de tribunales de este sistema están ocupados por jueces criminales que son leales a Erdogan y nombrados por él mismo y que tienen como tarea decidir sobre investigaciones y arrestos. Este sistema de justicia paralelo tiene en el punto de mira a personas de la oposición y a periodistas “subversivos”. Uno de estos jueces criminales imputó a Can Dündar y Erdem Gül, dos periodistas de un periódico afín al la oposición Cumhuriyet, después de que publicasen documentos que revelaban que los servicios secretos de Turquía habían estado dando armas a los extremistas en Siria. El fiscal pide condena perpetua para ellos.

Las fuerzas de seguridad como secuaces de Erdogan

Estas ilegalidades, como por ejemplo colaborar con los extremistas en Siria, son posibles debido a que Erdogan ha sido capaz de coordinar a fuerzas policiales del estado con la agencia de servicios secretos turcos, el MIT. El jefe de los servicios de inteligencia Hakan Fidan no actúa como un servidor público, con su obligada neutralidad, sino que más bien parece la mano derecha de Erdogan. El MIT está degenerando hacia algo parecido a la Stasi de la RDA, una “policía secreta turca” que opera exclusivamente bajo los mandatos de Erdogan y en consonancia con sus estrategias y ambiciones políticas.

En los días previos a las elecciones del 1 de noviembre, fueron estos mismos servicios secretos los que miraron a otro lado cuando se produjeron los atentado en Diyabarkir, Suruc y Ankara donde murieron más de 130 personas. Fue un fracaso estrepitoso del estado turco. Pero ninguno de los ministerios afectados asumió ningún tipo de responsabilidad sobre la seguridad de su país. No han habido dimisiones a día de hoy.

Los secuaces de Erdogan no actúan solo dentro de las fronteras de Turquía. Durante la visita de Erdogan a Ecuador, la última parada de su tour por América Latina, un grupo de manifestantes en solidaridad con el pueblo kurdo fueron atacados por sus servicios de seguridad. Uno de los manifestantes atacados fue el diputado de la asamblea nacional de Ecuador Diego Vintimilla. El encontronazo se produjo cuando tres activistas interrumpieron el discurso de Erdogan y fueron inmediatamente agarradas por el equipo de seguridad personal de Erdogan. En cualquier caso Erdogan continuo con su discurso refiriéndose al incidente de la siguiente manera: “este tipo de faltas de respeto recibirán el tipo de respuesta que se merecen”. Una reacción similar a la que muestra con los que protestan o se oponen a sus políticas en Turquía.

Los medios como instrumento de manipulación

La guerra actual contra los kurdos y las voces de la oposición ha sido posible también debido al control que Erdogan ejerce sobre medios de comunicación privados. Estos se dedican a emitir propaganda del AKP para criminalizar cualquier oposición al régimen. El Consejo Superior de Radio y Televisión de Turquía (agencia estatal dedicada a la regulación y control de los medios de comunicación, RTUK por sus siglas en truco) ha dejado claro que su lealtad reside en la defensa de las operaciones militares en marcha contra los kurdos. Aquellos medios de comunicación que mantengan una línea crítica sobre estas operaciones en el sureste de Turquía (Kurdistán del Norte) son acusadas de “propaganda terrorista” y amenazadas con revocar sus licencias para emitir, como le está pasando ahora al canal de noticias IMC TV que emite desde Estambul.

Represión de académicos críticos

Estos medios son los mismos que se han embarcado en una caza de brujas contra aquellos académicos que hayan firmado el manifiesto que pedía paz para poner fin a las muertes en el sureste de Turquía. La declaración fue firmada inicialmente por 1128 académicos de 89 universidades turcas y por 300 científicos internacionales. Noam chomsky, Judith Butler, Etienne Balibar, David Graeber, David Harvey y Tariq Ali se encuentran entre los más conocidos signatarios de está declaración.

En estos momentos los académicos turcos se enfrentan a distintas acusaciones penales o administrativas después de que el el presidente Erdoğan les llamase “terroristas académicos”. También ha sido anunciada el inicio de una investigación por parte del Consejo de Educación Universitaria (YOK por sus siglas en turco) contra los académicos que hayan apoyado esta iniciativa que pide la paz. Más de 30 de ellos han sido detenidos bajo acusaciones de “enaltecimiento del terrorismo”.

Las cuentas bancarias secretas del presidente

Mientras la maquinaria propagandística del AKP sigue trabajando sin descanso, Erdogan ha conseguido acumular unos 170 millones de euros en un fondo de reptiles. Este fondo es opaco y no existe control parlamentario alguno sobre él. El fondo de reptiles es una expresión acuñada por primera vez por el canciller Otto von Bismarck tras su victoria en la guerra austro-prusiana, en 1866, Bismarck utilizó la fortuna de los Hannover, derrotados en aquel conflicto y exiliados, “para perseguir a esos reptiles malignos hasta sus propias cuevas”; lo hizo mediante operaciones de propaganda dentro y fuera de la nueva Alemania y financiando operaciones o medidas de tipo policial.

El poder institucional en manos del presidente se ve apuntalado también por el apoyo popular del que goza y una base religiosa que promueve una cultura dictatorial de hombre fuerte. En Turquía muchos de los simpatizantes de Erdogan están dispuestos en cualquier momento a morir por él, defenderle, amedrentar a los críticos con el gobierno e incluso apalizar a periodistas que no sigan la línea oficial.

Más preocupante todavía es el hecho que antiguos jefes de la mafia o ultra-nacionalistas condenados que provienen del “estado profundo” de los 90, como por ejemplo Sedat Peker, han vuelto a aparecer en público declarando su apoyo a Erdogan. Peker amenazó de muerte a los académicos que habían pedido el final de los toques de queda y una solución pacifica al conflicto. Peker dijo que “Derramaremos vuestra sangre y nos ducharemos con ella”.

¿Llegará el final de la guerra?

Todo este escenario nos muestra la descomposición de un estado que requiere de una nueva separación de poderes. No resulta sorprendente que el “think tank” Fund for Peace haya colocado a Turquía en el puesto 90 de 178 países en su lista anual de posibles estados fallidos y han alertado sobre la situación. Turquía está en camino sin duda de convertirse en un estado fallido.

Desde su palacio de estilo Otomano, construido de forma ilegal, el presidente Erdogan, sediento de poder, ha erigido un poder paralelo de tipo totalitario desde el cual gobierna con un poder casi absoluto. Su éxito electoral, conseguido tras provocar un escenario de inestabilidad en el país le ha dado alas para llevar esta estrategia aun más lejos convirtiéndola no ya en una estrategia para la inestabiliad sino directamente en una estrategia de guerra, para poder así, por fin, reformar la constitución a su gusto y legalizar el sistema que ya de facto rige en Turquía.

Los toques de queda más cruentos han sido impuestos en las ciudades kurdas donde prácticamente nadie vota al AKP y en cambio el HDP mantiene una posición muy fuerte. Al imponer estos toques de queda de forma violenta y con licencia para disparar para matar, en lo que es un estado de emergencia de hecho, el AKP no solo ha levantado un asedio contra las ciudades kurdas sino que ha dinamitado las posibilidades de una acuerdo de paz negociado.

Llevado por su odio visceral a los kurdos y la ideología ultra-nacionalista, que justifica dicho odio, Erdogan ha visto la oportunidad en esta guerra de matar dos pájaros de un tiro. Erdogan está usando la guerra para ganarse el apoyo de los ultra-nacionalistas y al mismo tiempo intentar conseguir que el HDP pierda el 10% necesario para estar en el parlamento turco; para poder así constitucionalizar a través de un referendum o elecciones anticipadas, este sistema que ha construido.

Otro de sus objetivos está en debilitar las estructuras de resistencia que han levantado los kurdos y que resultan hegemónicas en los territorios de mayoría kurda debido a su amplio apoyo social; de esta manera pretende prevenir cualquier tipo de respuesta posible ante un eventual ataque a Rojava y a las fuerzas de las YPJ y las YPG. Esta nueva guerra contra los kurdos, que ya se ha llevado la vida de 500 personas, quizá llegue a su final cuando Erdogan cumpla todos sus objetivos en relación a la acumulación de poder.

Cuando Erdogan habló en una rueda de prensa en el año nuevo del 2015, se le preguntó acerca de si Turquía sería capaz de mantener un estado unitario en caso de que se aprobase el sistema presidencialista que proponía. Erdogan afirmó entonces que: “Hay ejemplos claro en el mundo ya. Si miráis a la Alemania de Hitler podéis ver uno de ellos”. Su gabinete de prensa trató de justificar está afirmación diciendo que se habían sacado de contexto y distorsionado sus palabras.

Rosa Burç es una académica e investigadora del Departamento de Iinvestigaión Compartativa de Gobierno en la Universidad de Bonn. Sus investigacines tratan sobre los estados- nacion y teorías del (post) nacionalismo.

Burak Çopur (PhD)  posee un doctorado en Ciencias Politicas y es un experto en Turquía y migraciones en el Instituto para estudios turcos de la Universidad de Duisburg-Essen.

Fuente Telesur

Traducido por Rojava Azadi

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