En Kirkouk, una zanja de doble sentido

Jueves 3 de marzo de 2016

LIBÉRATION 02/03/2016 | Por Oriane Verdier, Enviada especial en Kirkouk (Irak)

En el norte de Irak los peshmergas, quienes han cavado un largo foso al rededor de esta ciudad pluriétnica para protegerse del Estado Islámico, son sospechosos de querer anexionar, a la larga, este territorio al Kurdistan.

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Las fuerzas armadas kurdas-peshmergas, el 11 de enero en Kirkouk. Foto Marwan Ibrahim. AFP

Es una gran zanja que se extiende a lo largo de 1000 kilómetros entre el Estado Islámico (EI) y los combatientes kurdos en el norte de Irak. En Kirkouk, no queda más que llenar de agua el foso de 2 metros de profundidad y de 3 metros de largo. Más alla de esta linea de tierra, hay una planicie sin vida, bajo el control de la bandera negra jihadista. Del otro, el territorio defendido por los peshmergas, las fuerzas armadas kurdas. “Gracias a esta zanja, los combatientes del Estado islámico no pueden llevar a cabo más ataques suicidas. Sus coches y sus carros de tracción no pueden pasar”, explica el general Hiwa Ahmed. Está subido en la cima de uno de los montículos que sirven de bases a los diferentes batallones peshmergas. Estas pequeñas colinas artificiales, dispersadas a lo largo de la zanja, permiten ver llegar a lo lejos todo atacante. Algunas casas han estado construidas en la cima para que los combatientes puedan quedarse noche y día.

De vez en cuando, una bala sopla. “El Estado islámico no está más que a 700 metros, continúa el jefe militar. Tiran cohetes y nos ametrallan. Pero no llevan a cabo más ataques de masas gracias a los bombardeos de la coalición internacional.” Pese a su utilidad, esta franja suscita la polémica. Ha estado construida a más de 70 km de las fronteras oficiales del Kurdistan irakí. Algunos tienen miedo de que los peshmergas no la utilicen, una vez Daesh haya marchado, más que para congelar sus avances sobre el territorio nacional. “Si nuestro deseo fuese de rediseñar el Kurdistan histórico, deberíamos descender más a bajo de Irak, contesta el general. Nosotros hemos sido cazados en estos territorios por los régimenes irakies” Bagdad y Erbil – la capital de la región autónoma del Kurdistán iraki – se disputan igualmente la provincia del Kirkouk. Su riqueza en petróleo la hace una zona estragética.

Desde hace un año, para entrar en Kirkouk, es necesario pasar varios check-points de peshmergas. Desde la ofensiva del Estado islámico en verano de 2014, son las fuerzas kurdas quienes han asegurado la defensa de la ciudad, la armada nacional se ha retirado rápidamente. La franja está a 25 km al oeste. La carretera que lleva al centro de Kirkouk está salpicada de pueblos. Algunos han sido destruidos totalmente, otros todavía mantienen la mitad en pie. En enero, la ONG Amnistia Internacional ha acusado a las fuerzas kurdas de haber arrasado deliberadamente estos pueblos para obligar a las poblaciones árabes a huir. “Nosotros no combatimos el Estado islámico”, se defienden los peshmergas. “Algunos pueblos albergan simpatizantes del Estado islámico, cuenta el general Hiwa Ahmed. Incluso en el interior de la ciudad de Kirkouk, había células ocultas entre la población. Hoy, los peshmergas han asegurado la zona, los atentados ha disminuido. Al principio, los árabes suníes han ayudado a Daech sin saber quienes eran. Pero ahora, se han dado cuenta de su error.” En Kirkouk, como en Mossoul o en Tikrit, la población irakí suní no confiaba en el gobierno nacional chiita. Hoy todavía, las violencias continúan entre las dos comunidades.

Café turco

Respecto a la cuestión de la pertenencia, los Kurdos del gobierno de Kirkouk llaman a un referéndum, previsto por la Constitución del país, adoptada en 2005: los habitantes de la provincia deberán elegir entre la anexión al país o al Kurdistán irakí. Algunas políticas locales se aprovechan de que Kirkouk es una región especial, que no será relacionada a ninguno de los dos lados. “Kirkouk es como un pequeño Irak”, explica el jeque Burhan al-Obeidi, que representa los sunies en el consejo del gobierno. “La población del Kirkouk es rica en distintas culturas, continúa. Turcomanos, árabes y kurdos viven juntos desde hace años en esta región. Pero como por todo el territorio nacional, los dirigentes de los diferentes grupos no aceptan compartir el poder”. Los árabes del Kirkouk no son representados en Bagdad, la capital, según el jeque. El hombre vestido con el largo traje tradicional afirma que su comunidad no recibe ni ayuda ni armas. Por tanto, apoyada en el respaldo del sofá, a dos metros del hombro de nuestro anfitrión, el extremo del cañón de una kalashnikov sobresale de una alfombra de rezo cuidadosamente plegada. Sentado en la entrada de este gran salón de recepción, un joven lleva una pistola atada al muslo. “Es necesario defenderse bien” justifica el jeque. Árabes, kurdos, turkomanos… Todos afirman que la armada irakí no está presente en Kirkouk. En las calles de la ciudad, nos cruzmaos con tres camiones blindados. Soldados se sientan en la cima y ondean banderas rojas-blancas-negras de Irak. Ellos silban y tocan el klaxon. Difícil de no verlos. Pero estas tropas no harán más que pasar por Kirkouk para unirse a Makhmour, más al oeste, con el fin de preparar una avanzadilla contra el Estado islámico en el gobierno vecino de Mossoul.

Para comprender la situación de la ciudad de Kirkouk, es necesario encontrar la comunidad turcomana, una población turcófona implantada en Irak desde el siglo IX. Su representante en el gobierno, Ra’ad Agah, nos recibe en su casa con un café turco. No está impresionado por la creación de la zanja en el frente: “Nosotros estamos acostumbrados a este tipo de edificación desde la guerra entre Irán e Irak [1980-1988, ndlr]. Pero lo que nos inquieta, es que divide nuestras tierras. Yo, por ejemplo, tengo tierras en el campo que han sido cortadas en dos por este gran agujero. Apoyamos a los peshmergas que nos defienden, ¿Pero que va a pasar si esta zanja queda después de que el Daesh se marche? Las fronteras se diseñan siempre por la sangre. Por el momento, queremos todos liberar nuestras tierras del EI. Después, que Dios nos ayude…” confia. En la cocina, la madre quincuagenaria está atareada. El hombre afirma que esta vieja señora encorvada es la que dicta sus palabras desde la infancia. Es necesario esperar que él se va de la habitación para que la cocinera comience a discutir. «Nosotros, los turcomanos, no tenemos derechos. Nuestros hijos no tienen futuro y la vida de los adultos es terrible. Yo apoyaré a aquellos que nos darán nuestros derechos. Poco importa que estemos unidos a Kurdistán o a Irak”

«Mar de oro negro»

En las calles de Kirkouk, esta mixidad políticamente problemática parece ser una riqueza social. En un salón de té en mitad del bazar histórico turcomano, el camarero, como la mayoría de los habitantes de Kirkouk, habla los tres idiomas locales. “Yo soy turcomano, pero aquí todos somos hermanos” afirma “Si, nosotros somos hermanos, recalca su colega kurdo, acompañando su discurso de algunas palabras árabes. Son los políticos quienes intentan dividirnos. Si no, nosotros viviríamos juntos como desde hace tiempo.”

Finalmente, en el alboroto de las calles comerciales, no se habla de la franja o del referendum. Antes de politizar, es necesario vivir. “Hace cien años que hay una guerra, aquí! Grita un viejo. En Kirkouk, sobre todo, vivimos sobre un mar de oro negro. ¿Quién recupera el dinero? Nosotros no tenemos electricidad ni tratamiento de aguas usadas. ¡Vivimos en la mierda” ¿Quién debería pagar las renovaciones de este barrio tradicional turcomano? ¿El gobierno irakí, cuando Kirkouk está controlado por los peshmergas? ¿El gobierno regional kurdo, cuando Kirkouk ha sido siempre oficialmente Irakí?

Mientras que los elegidos se reenvian la bola, los desplazados árabes suníes continuan llegando en el gobierno: Kirkouk es un refugio para más de 500 000 de entre ellos, huyendo del EI y no pudiendo dirigirse hacia el sur de Irak, de mayoría chiita. Todos tienen confianza. El Estado islámico no entrará en Kirkouk, siempre habrá alguien para proteger su población, y sobre todo su pretroleo.

Fuente: Institut Kurde de París

Traducción de Rojava Azadî

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