La autodefensa como práctica revolucionaria en Rojava o cómo deshacer el Estado

People sit in the back of a truck as they celebrate what they said was the liberation of villages from Islamist rebels near the city of Ras al-Ain

Vivir en un país como Turquía, donde una guerra de baja intensidad entre el Estado turco y el PKK ha costado la vida a unas 40.000 personas, obliga a cuestionarse la violencia cotidiana. Algunas de esas preguntas se plantean con frecuencia, como aquéllas que conciernen al Estado y sus atrocidades y cómo la violencia construye subjetividades y comunidades. Otras, sin embargo, que cuestionan la violencia, siguen siendo tabú, ya que conducirían inevitablemente a abandonar la comodidad de una posición humanitaria. Las cuestiones más importantes entre ellas se refieren a la relación entre la violencia y la resistencia y la violencia y la revolución:

– ¿Es posible lograr una sociedad, una política y una economía alternativas sin el uso de la violencia?

– ¿Es posible defender a aquéllos que lo han logrado sin una organización militar?

Tras las observaciones y entrevistas que he realizado en el cantón de Cêzirê, considero que el ejemplo de la revolución de Rojava en Siria, y cómo se implementan la autodefensa y la justicia, empujan a feministas, socialistas y otros grupos de la oposición a repensar la violencia y la ley, así como una distribución antimilitarista de la violencia y la justicia.

La revolución de Rojava, a través de su autonomía democrática, plantea el reto de una política de soberanía y bio-política. Si bien la autonomía democrática sugiere la institucionalización de una democracia radical, debe ser defendida contra los ataques del capital, el estado y el patriarcado. La cuestión de cómo puede organizarse esta defensa sin reproducir la magia del Estado (Taussig, 1997) y de la ley es crucial para la revolución. […]

Aprender de la guerra

Las ideas de Öcalan no se han formado únicamente por sus lecturas, sino también por sus experiencias, positivas y negativas, en la lucha armada por la libertad de los kurdos, iniciada a finales de 1970. Según los escritos de Ocalan y las mujeres guerrilleras que he entrevistado, la guerrilla del PKK no estaba lejos de convertirse en un grupo mafioso o paramilitar a principios de la década de 1990, cuando la guerra en el Kurdistán era más intensa. Los líderes de la guerrilla que monopolizaban el poder, las armas, las rutas comerciales, la información y las relaciones con los aldeanos, comprometían la trayectoria de izquierda hacia la liberación. Las mujeres y su lucha han mantenido estos riesgos bajo un cierto control a medida que comenzaban a desafiar las estructuras patriarcales del PKK. Öcalan ha facilitado la lucha de las mujeres, animándoles a formar un ejército y unas instituciones independientes en 1993. El ejército y las instituciones de las mujeres no sólo han garantizado la protección de las mujeres frente a los hombres en el ejército turco y la guerrilla, sino que también han interrumpido los canales del secreto, transformando las relaciones con los locales y desarrollando una oposición efectiva al abuso de poder.

Otro desarrollo de la guerra en la década de 1990 ha contribuido a que Ocalan haga un balance de la autodefensa. Una de las estrategias de combate del ejército turco era aterrorizar a la población civil por medio de los desplazamientos forzosos, las desapariciones y las ejecuciones extrajudiciales. El objetivo del Estado era despoblar el Kurdistán y evitar que los guerrilleros recibieran apoyo logístico. En sus escritos, Öcalan critica duramente este período, explicando que fue un error que el PKK dependiera exclusivamente de los aldeanos para la logística y los dejase después indefensos cuando el Estado los golpeaba. Durante este período, el PKK ha sufrido por el hecho de no haber organizado las unidades de autodefensa de los aldeanos, tanto ideológica como militarmente. Peor aún, algunos guerrilleros del PKK han fracasado en lograr su autosuficiencia de manera independiente y se han vuelto dependientes de los productos y alimentos de los aldeanos, lo que ha llevado a estos últimos a asumir grandes riesgos. Mantenerse al margen de la producción y de un trabajo autosuficiente ha hecho que estos miembros del PKK se conviertan en señores de la guerra con una soberanía parcial.

La consecuencia de las críticas de Öcalan y las luchas dentro del movimiento fue, en la década de 2000, la creación por el PKK de una estructura organizativa e ideológica que impidiera la reaparición de tales enfoques y prácticas autoritarias dentro de las unidades guerrilleras. Durante este período de turbulenta autorreflexión, la autoridad ideológica del PKK disminuyó y se convirtió en una fuerza mítica en la vida de la población (Üstündağ 2012): pervivía como nombre al que se unían numerosos recuerdos, historias, deseos y ansias. Los kurdos, tanto los que se fueron del Kurdistán como los que se quedaron allí, se encontraron convertidos en nostálgicos por la pérdida de su hogar y/o de la ética del PKK, ésta última no pudiendo ser reconstruida una vez que el PKK había dejado de estar físicamente presente en sus vidas. En otras palabras, aunque el PKK fue eficaz en su guerra contra el Estado, había fracasado al crear un cuerpo social autónomo moral y políticamente.

Sin embargo, también había lecciones positivas a extraer de la guerra. Algunas de las estrategias militares victoriosas del PKK en la década de 1990 se convirtieron en una fuente ideológica y material de la cual el paradigma reciente de la autonomía democrática ha podido forjar las ideas de autodefensa.

Esparcidas por las vastas montañas del Kurdistán, cada unidad de la guerrilla es parcialmente autónoma y debe depender de sí misma para sobrevivir. Estas unidades deben ser capaces de integrar a nuevos reclutas, construir refugios, contar con un armamento ligero, entrenarse militar e ideológicamente, y defenderse por sí mismas de los intensos ataques aéreos coordinados por el Estado turco. El conocimiento íntimo de los guerrilleros de su entorno y sus pocas posesiones, así como las estrechas relaciones entre ellos, son a menudo la única defensa de que disponen.

Por ejemplo, cuando el ejército turco comenzó a utilizar drones durante la década de 2010 y causó un gran número de víctimas en el seno de la guerrilla, algunas de estas unidades autónomas descubrieron accidentalmente que cubriéndose bajo paraguas negros se protegían de ser detectados. Este conocimiento se extendió rápidamente entre las unidades y se convirtió en una estrategia común hasta que el ejército descubrió el truco. Tales ejemplos se han convertido en testimonios que han circulado ampliamente en el seno de un pueblo ingenioso sin Estado, que debe depender de sus propios recursos para su defensa y autogobierno.

También quedó claro que las unidades autónomas de la guerrilla, además de causar enormes daños al Estado, podrían tener un gran impacto social en la región. Por ejemplo, después de 2006, las asambleas locales iniciadas por la guerrilla han reemplazado cada vez más a los mediadores tradicionales y las viejas formas de resolución de conflictos, y las mujeres de la región han empezado a apoyarse en colectivos organizados por unidades militares femeninas no mixtas para defenderse de la violencia machista, los matrimonios forzados y los crímenes de honor. En Lice, Yüksekova, Nusaybin, Cizre y Dersim, las asambleas locales, de acuerdo con la guerrilla armada y las milicias, se autodefienden mediante el uso de diferentes tácticas contra los ataques del ejército, incluyendo la construcción de fronteras fortificadas entre Siria y Turquía y la construcción de barricadas y puestos militares. Así, mucho antes de la revolución de Rojava, el nuevo paradigma de la autonomía democrática ya estaba interiorizado y practicado por el movimiento en los confines de Turquía, que es el corazón del Kurdistán.

Por último, el movimiento también se ha dado cuenta de que la división del Kurdistán en cuatro estados podría ser vista como una fuerza más que como una debilidad. Abandonando su deseo de formar un Estado-nación independiente, el movimiento ha redefinido sus objetivos, teniendo en cuenta la introducción de la democracia, la igualdad y la libertad en Oriente Medio en su conjunto. Después de la puesta en marcha del proceso de paz con Turquía en 2013, se organizaron reuniones con los kurdos de diferentes estados y con las fuerzas democráticas en Turquía y Europa para conformar grupos y redes que aglutinaran las diferentes acciones de apoyo a la lucha ecológica, los derechos de la mujer y la democracia. Las asociaciones por los derechos civiles de los kurdos, las mujeres y los partidos políticos han aumentado sus relaciones regionales, nacionales e internacionales y han adoptado cada vez más un discurso que enfatiza los principios éticos para el futuro, así como el sufrimiento pasado de múltiples grupos étnicos.

Del mismo modo que las ideas de Öcalan no se han desarrollado a nivel local en el vacío, la revolución en Rojava no se ha desarrollado como un evento auto explicativo, un evento de verdad instantánea. Ha estado en gestación al menos treinta años.

De las llanuras del norte a los llanos occidentales: la revolución en Rojava

La revolución en Rojava se inició en julio de 2012 en Kobanê y se extendió inmediatamente a Afrin y Jazira. Según las entrevistas que realicé en Kobanê y Jazira, la revolución comenzó con la desobediencia civil. Al tiempo que miles de personas se levantaban y se ponían delante de los puestos del ejército gubernamental, el pequeño número de soldados que los guardaban se rendía sin objeciones. En enero de 2014, los cantones publicaron la Constitución de Rojava, cuya recepción fue muy favorable. Este texto pretende ser un acuerdo social voluntario entre las comunidades de diferentes grupos étnicos, sectas y religiones.

Dos co-presidentes de gobierno, un parlamento del pueblo encabezado por un presidente y dos vicepresidentes, dirigen cada cantón. Éstos últimos, así como los responsables del ministerio, son nombrados por el Movimiento por una Sociedad Democrática (TEVDEM), una coalición de diferentes grupos políticos que es el actor principal de la revolución. Mediante la formación de estos gobiernos, TEVDEM se encarga de garantizar que todas las sensibilidades políticas, grupos religiosos y étnicos estén representados en los gobiernos del cantón y que la igualdad hombre/mujer se consiga en todas las posiciones de liderazgo.

La autonomía democrática no niega la legitimidad de los Estados existentes. Aunque en la actualidad la presencia del gobierno central ha disminuido -que en Kobanê ha desaparecido por completo-, los gobiernos municipales serán parte de una doble estructura de poder, una vez que termine la guerra y se restaure el Estado sirio. Las asambleas, los municipios y las academias son más importantes, ya que juntas constituyen una tercera estructura de toma de decisiones en materia de producción, reproducción y defensa. Lo que puedo deducir de las entrevistas realizadas a los miembros de TEVDEM es que el vínculo entre el gobierno municipal y las asambleas no está concebido en términos de delegación, sino como autodefensa. Esto significa que el objetivo principal no es conseguir que las asambleas estén representadas en el seno del gobierno, aunque podría ser el caso. Las asambleas, las academias y los municipios serán más bien los medios por los que las comunidades podrán mantener su autonomía frente a los gobiernos municipales, deshacer las reivindicaciones estatistas de éstos últimos y, eventualmente, apropiarse de sus funciones, haciéndolos así obsoletos.

La organización de la Defensa y la Justicia en Rojava

Los Asayis. Conocí por primera vez a los Asayiş (seguridad) en julio de 2014, cuando crucé la frontera de Irak hacia Siria, o más bien de Bashur a Rojava, como lo denominan los kurdos. Dado que el gobierno federal kurdo de Irak es reacio a proporcionar documentos oficiales a la entrada de Rojava y mantiene cerrada la frontera, mucha gente como yo se ve obligada a utilizar medios y conexiones informales para acceder a Cêzirê. Es aquí, en el momento de cruzar la frontera, cuando los documentos valen menos que la voluntad y las relaciones informales, cuando nos damos cuenta de la ausencia del Estado en Rojava.

Mis contactos me ayudaron a llegar a Jazeera de noche por vía del río Tigris en un pequeño bote. Después de recibirnos con un firme apretón de manos, los combatientes de las Unidades de Protección Popular (YPG) y las Unidades de Protección de las Mujeres (YPJ) que se encontraban vigilando la frontera, nos llevaron a la academia de las mujeres, donde las mujeres que participan en las asambleas, los comités, el gobierno, los municipios y las academias, reciben una formación revolucionaria acerca de la libertad de las mujeres y del pueblo. Esta academia de mujeres, así como la academia de asayis vecina, se han convertido en la casa donde yo iba a pasar los días siguientes y desde la cual se organizarían mis citas con diferentes grupos.

En la época del gobierno sirio, Rimelan era el cuartel general del gobierno, y los espacios actualmente ocupados por las academias eran inaccesibles para la mayoría de las personas, a no ser que fueran conducidos en el marco de alguna investigación o fueran citadas por las autoridades. A pesar del hecho de que el nuevo destino de los lugares de Rimelan todavía conlleva muchos puntos de control, a fin de proteger a la población de los ataques suicidas del Daesh, las academias están abiertas a todas aquéllas y aquéllos que quieran participar o visitarlas.

Numerosos reclutas jóvenes que participan en las academias fueron torturados en estos mismos lugares donde ahora siguen una formación; ellos mismos señalaban la ironía que suponía estar en Rimelan como estudiantes y futuros “agentes de policía”. Un lugar que una vez fue considerado básicamente como lujoso y ric,o se ha convertido en un símbolo de moderación, un “lugar colectivo” donde maestros, estudiantes e incluso oficiales de todos los rangos cocinan, comen, trabajan, alimentan a los animales, cultivan huertos y jardines y ríen juntos. Muchos daban testimonio de que el hecho de estar ocupando los mismos lugares donde habían sido previamente violentados y humillados era un recordatorio constante de en lo que no querían convertirse. Como uno de ellos lo ha expresado: “actuamos con una lógica de venganza, pero la revolución es demasiado valiosa para ser sacrificada por sentimientos personales” (anónimo, julio 2014).

En su impresionante trabajo sobre la creación del Estado en la vida cotidiana, Akhil Gupata y James Ferguson (2002) sostienen que, en la vida social, el Estado se constituye por medio de una organización del espacio simbolizado por la altura de los edificios, las barreras y los puestos de control. La existencia material e inmaterial del Estado como una entidad separada, depende siempre por principio de una apropiación del espacio. Asimismo, una de las formas en que los Asayis tratan de no ser percibidos como agentes del Estado, pasa por la apropiación del espacio: perros, flores y plantas son bienvenidos; la mitad de los residentes de la academia son mujeres; los estudiantes y los maestros cocinan y comen al mismo tiempo. Es esto lo que hace Rimelan accesible a las personas.

Lo que capta la atención directamente en Rimelan, como en el resto de Rojava, es que la población local saluda y charla con los hombres y las mujeres de uniforme -que andan por la calle o vigilan en un puesto de control- con orgullo y empatía. En Siria, la mayoría de la población kurda no tenía la ciudadanía y, por tanto, nunca ocupaban una función gubernamental.

Muchos de los que ocupaban estas funciones han abandonado la región, junto con los grupos más ricos, después de la revolución. El orgullo y la empatía que muestran las personas en uniforme procede de la supresión de la diferencia colonial que constituía el Estado y la vida en Rojava bajo el régimen de Assad y el sentimiento de que “estas personas son parte de nuestra gente”. Por otra parte, tales prácticas de reciprocidad borran de la vida de la gente la presencia cosificada y fantasmal del Estado sirio, simbolizado por los brillantes uniformes usados por los militares, sus expresiones abiertamente machistas y los palacios donde se alojaban.

La primera tarea de las unidades de autodefensa de las YPG y de las YPJ es proteger Rojava de las ofensivas del gobierno y las organizaciones islamistas como Al-Nusra y Daesh. Son principalmente estas unidades las que han protegido a los yazidis amenazados de masacre por el Daesh en Irak y han asegurado su evacuación. Esto ha supuesto para estas unidades una etapa importante, ya que no sólo han adoptado con éxito un papel de defensa más allá de las fronteras, sino que también han ganado legitimidad en otras sociedades y comunidades. Más tarde, durante la guerra de Kobane, las YPG e YPJ han cimentado esta posición internacionalista invitando a comunistas, feministas y demócratas de todo el mundo a tomar parte en la guerra contra Daesh.

Mientras YPG y YPJ se internacionalizaban más, el objetivo de Asayis es implantarse a nivel local en profundidad. En una conversación que tuvimos con la dirigente de los Asayis en Jazeera y los dos líderes (hombre y mujer) de la Academia de Asayis en Rimelan nos hablaron sobre sus planes futuros de autoprotección de Rojava. Su reclamación más apoyada es la relativa a las armas pesadas y muy visibles que portan. Tienen la esperanza de reemplazarlas por armas pequeñas y eventualmente no llevarlas en absoluto. En un futuro no muy lejano, proyectan que la defensa esté completamente democratizada y que las asambleas locales asuman la responsabilidad de estas tareas.

La creación de milicias locales en el cantón de Cêzirê, bajo control de las asambleas de distrito y locales, se realiza a un ritmo lento. Según el paradigma de la autonomía democrática, estas unidades de protección vecinales compuestas por hombres y mujeres de diferentes edades sustituirán a todas las demás unidades de defensa centralizadas. Mientras que las YPG / YPJ y las secciones de protección del PKK adquieren un papel humanitario e internacional cada vez más importante en la protección de los oprimidos contra los ataques militares coloniales, capitalistas y destructores, estas unidades locales estarán al cargo de problemas internos como la violencia contra la mujer, los conflictos tribales o la toxicomanía. Los miembros del TEVDEM, los responsables del cantón y los miembros de los Asayis insisten, sin embargo, en el hecho de que Rojava no alcanzará este ideal mientras la educación revolucionaria del pueblo no haya terminado.

De hecho, en Rojava, se cree que la educación y lo que todo el mundo llama una revolución mental por medio de la práctica educativa son los ingredientes clave para apoyar una revolución concreta. El colonialismo y la ocupación han creado una personalidad especial entre los sirios kurdos que los actores revolucionarios definen como alienados y egoístas. La educación es una forma de cultivar una nueva subjetividad ética que se contrapone a estas personalidades colonizadas.

Una parte importante de la educación de los Asayiş no es técnica y trata temas tales como la historia de las mujeres y su liberación, la historia de Oriente Medio, la historia de Kurdistán, el Estado, la verdad y la diplomacia. Lejos de ser solamente conceptuales, las lecciones también son prácticas, incluyendo lecciones sobre la vida en la naturaleza y la cómo gestionar situaciones de escasez a las que se enfrenta a los estudiantes, enseñándoles a vivir sin electricidad ni comida. La auto reflexión y la autocrítica son otra parte importante de estas enseñanzas: los individuos están invitados a observar colectivamente sus ansias de poder, de venganza y de conformidad.

Una vez que los miembros de los Asayiş ocupan su puesto, se espera que tengan un comportamiento igualitario con la gente y no estén demasiado presentes en sus vidas. Hay muchos casos en los que las quejas de la gente han llevado a algunos miembros de los Asayiş a ser castigados. El castigo tiene en principio un papel educativo y sólo rara vez se ha excluido a la gente de sus puestos. De hecho, el castigo y la aplicación de la ley están siendo objeto de debate en Rojava, en la medida en que es la ley produce y mantiene la violencia.

La democratización de la Ley: Casa del Pueblo y Casa de las Mujeres

Los revolucionarios de Rojava creen que la democratización de la violencia debe ir de la mano de la democratización de la justicia. Sueñan con una sociedad en la que no habría más necesidad de jueces, abogados y fiscales y han hecho progresos significativos en el logro de este objetivo. Todas las asambleas de distrito tienen comités de paz y de justicia encargados de la resolución de conflictos. Si los conflictos no se resuelven en este nivel, se transfieren a las casas del pueblo y a las casas de las mujeres en las ciudades y centros urbanos. Las casas de las mujeres se ocupan de la violencia contra las mujeres: la poligamia, los matrimonios forzados y otros delitos relacionados con las mujeres.

Las casas del pueblo y las casas de las mujeres de Rojava completan la democratización y la profanación del juicio a través de la conversación, la argumentación y la negociación, tomando decisiones caso por caso e implicando a la comunidad en el proceso de toma de decisiones. Me refiero a la conceptualización de la profanación de Giorgio Agamben (2007) y quiero yuxtaponerla a la magia del Estado, Estado que se apropia de manera exclusiva de la ley y la violencia y que, por lo tanto, se impone de manera fantasmal en la vida de las personas. Para Agamben, la idea de profanación es la superación las divisiones sociales y aportar todo lo que es cosificado por el Estado y el capitalismo a las personas para que puedan usarlo libremente. Esto conduce, en Rojava, a una forma de magia diferente: las gentes se sienten unidas a la revolución y, al hacerlo, se recrean a sí mismas.

Algunos miembros de las casas del pueblo y de las casas de las mujeres son seleccionados por las asambleas de barrio, mientras que otros son profesionales del derecho y graduados de la escuela de derecho de Mesopotamia, donde reciben seis meses de formación y, por último, otros son miembros ancianos y respetados de la sociedad. Las decisiones de las casas del pueblo y de las mujeres no lo son sin oposición. A veces, sus miembros sufren amenazas. Otras veces, cuando una de las partes involucradas no está satisfecha con el resultado, se dirige a las instituciones jurídicas oficiales del distrito. Muchos casos criminales son llevados directamente a los tribunales oficiales. En general, las estadísticas de la Facultad de Derecho de Mesopotamia muestran que el 90% de los casos se resuelven en los consejos comunales y las casas del pueblo.

La Escena: Guerra, Embargo y Reconocimiento

En esta parte, voy a combinar dos reflexiones. La primera es que, en medio de la guerra y los disturbios, la revolución de Rojava puede proporcionarnos los medios para repensar la cuestión de la violencia y la ley. La experiencia de Rojava, conformada por treinta años de guerrilla librada en nombre de un pueblo colonizado, sugiere un camino a seguir para lograr la profanación de la violencia y la ley, por su democratización radical en lugar de una adhesión no realista y liberal a la no violencia. Esto ocurre en dos niveles. Por un lado, a través de PKK, YPG, e YPJ, se crean fuerzas armadas no nacionales y anticoloniales que tienen por objeto garantizar la seguridad de todos los pueblos oprimidos de Oriente Medio. Por otro lado, la autodefensa está profundamente localizada y su influencia se ha extendido a través de asambleas de barrio, academias y municipios. Un proceso similar se produce en el ámbito legal. Mientras que una constitución no étnica, ecológica y que aboga por la libertad de las mujeres influye en la práctica, es a nivel local donde la justicia y la paz se negocian y debaten.

Mi segunda reflexión tiene sus raíces en la investigación antropológica del Estado, que afirma que el Estado es formado y reformado todos los días. Por ejemplo, Michel-Rolph Trouillot (2003: 79-95) considera que el Estado es creado por sus efectos, especialmente por sus efectos de “aislamiento”, de “identificación” y de “legibilidad”. Aradhana Sharma y Akhil Gupta (2006) señalan que la práctica cotidiana de la burocracia y la representación son constitutivas de lo que llamamos el Estado. En cada uno de estos esquemas, el Estado adopta una forma fantasmal, se convierte en un guión para el ejercicio del poder y engloba la sociedad, separando lo social de lo político. La política es entonces colonizada por la técnica (el bio-poder) y la metafísica (la soberanía). Aplicando esto a la terminología de Ocalan, diríamos que es a través del establecimiento del Estado, en tanto que entidad separada que tiene efectos concretos, que la sociedad se debilita, y que la política y la moral son sustituidas por el gobierno y lo jurídico.

Al tratar de los Asayiş y las casas del pueblo y al dar ejemplos de sus prácticas discursivas y espaciales, he mostrado que no es sólo por medios organizacionales que el Estado es derrotado en Rojava, sino cuestionándolo cotidianamente. Sin embargo, esto es sólo parte de la verdad. A causa de la guerra y el embargo y la necesidad de presentarse por vía diplomática en el ámbito internacional, así como representar los cantones como sistemas emergentes del lado del pueblo, los gobiernos municipales a menudo terminan asumiendo las funciones del Estado. Recogen información, hablan en nombre del pueblo, gestionan la economía de Rojava y quieren crear sistemas de educación y de salud.

En consecuencia, frente a estos problemas, creo que no hay que hablar de un modelo de Rojava. Más bien deberíamos hablar de un movimiento que se sitúa en una dialéctica entre función del Estado y sociedad. Cuando habla de las supuestas sociedades primitivas, Pierre Clastres (1989) menciona cómo estas sociedades se auto defienden contra la emergencia del Estado, algo que es siempre una posibilidad intrínseca a la vida social. Los guerreros armados, los jefes polígamos, que tienen un acceso desigual a los recursos, y los profetas que prometen una vida mejor, siempre han tenido el potencial de ser figuras dirigentes, acaparando las funciones de producción, reproducción y defensa frente a las colectividades.

Los combatientes contra el Daesh, los funcionarios regionales que dirigen la diplomacia y hacen las reglas y los cuadros políticos que encarnan la ética revolucionaria se parecen sorprendentemente a los guerreros, los líderes y los profetas. Sin embargo, la historia de la modernidad democrática del pueblo permite a los habitantes de Rojava mantener estas figuras bajo control: se ama y llora a los combatientes siempre y cuando estos combatientes estén dispuestos a morir por sí, se vigila lo que consumen y poseen los funcionarios y se utiliza su propio saber para desafiar el conocimiento de los cuadros del partido. Las escuelas, las asambleas y los municipios se convierten en espacios cada vez más estructurados en los que la sociedad se auto defiende no sólo del Estado que se busca suprimir, sino también de aquél que amenaza con emerger.

Fuente: Ne var ne yok?

Traducido por Rojava Azadi

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