Kurdistán: La rebelión de los oprimidos (2 de 3)

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Por Bager
21 julio, 2016
Fotografía: Kurdishstruggle

Para ir a la primera parte: http://subversiones.org/archivos/117939

La «otra resistencia»

A mi llegada a Mahser fuimos recibidos por una decena de personas; todos hablaban en kurdo y no entendíamos una palabra. Nos llevaron a una pequeña construcción frente a la mezquita y el panteón del pueblo; era el antiguo lugar donde se velaba el cuerpo de los difuntos, pero que debido a la guerra, funcionaba como punto de reunión y de distribución de alimentos y çay. Ahí llegaban desde padres de familia quienes preocupados, buscaban a algún familiar perdido, hasta periodistas o entusiastas hombres y mujeres dispuestos a dar la vida en combate por la defensa de Kobanê y la Revolución del Rojava.

Una vieja señora nos guió hacia un pequeño cuarto cuarteado cubierto por tapetes deslavados, cojines y cobijas y nos dio un plato de unicel con la misma comida que comían desde hace meses todas las personas del pueblo. Sopa de lentejas, bulgur, pasta y un poco de pan; no nos podíamos quejar. Las personas de la habitación nos bombardearon con preguntas del tipo ¿Quiénes son ustedes? ¿Qué hacen aquí?

Debían cerciorarse de que no éramos uno de tantos mercenarios combatientes al servicio del Estado Islámico (Daesh) que venían o iban hacia Kobanê para huir o integrarse a la guerra; todos querían hablar con nosotros.

La vieja señora me contó la historia de un alemán que cruzó la frontera y llegó a Mahser, le recordó a mí porque ambos teníamos la barba roja. Hay brigadas enteras de mercenarios de Daesh, provenientes de países pobres de Asia Central como Uzbekistán con las barbas rojas. Este alemán era un fanático religioso que hacía una peregrinación a pie desde Alemania hasta la Jerusalén, ocupada hoy día por los sionistas. ¡Menudo lugar para cruzar, en medio de la guerra!

Las mismas personas que nos interrogaron no se fiaron del peculiar alemán que, por motivos religiosos, se negaba a utilizar cualquier medio de transporte que no fueran sus piernas. Esta sospechosa situación obligó a la vieja señora a permanecer despierta toda la noche con él, mientras los demás camaradas suyos intentaban corroborar su increíble historia.

Sentado a mí lado, un hombre de alrededor de cuarenta años de edad, me enseñaba fotografías con su celular táctil. Eran imágenes de guerra; sangre, mutilados, descabezados. Una de las personas ahí presentes me comentó «Hay mucha gente loca aquí». Un poco a la fuerza, seguí observando el resto de las fotografías hasta que presté atención a su dedo pulgar, aquel que deslizaba para cambiar de fotografía; no era un dedo normal. Sus manos eran enormes, su dedo pulgar no era la excepción, la particularidad era que desde la uña de su dedo crecía otro dedo pulgar más.

Mientras en las fotos me enseñaba gente con cuatro o tres dedos en la mano (si es que no la habían perdido), él tenía seis. Recordé el ataque químico de Halabja.

Ya expliqué en la primera parte de este artículo a grandes rasgos el origen de la guerrilla en el Kurdistán turco sin embargo, en el norte de Irak (Başur, sur en kurdo en referencia al sur del Kurdistán) el proceso fue distinto. Los kurdos en Irak sufrieron básicamente el mismo destino que sus co-étnicos en Turquía, por lo que desde antes incluso que surgiera el PKK, el movimiento kurdo de Irak ya estaba en combate.

Sin embargo, a diferencia de la guerrilla del PKK, el movimiento guerrillero kurdo de Irak surgió desde las élites tribales y no desde los estratos más bajos. Poderosos grupos como la tribu Barzani, o la Talabani lideraron la rebelión. Los primeros tomaron el control del Partido Democrático del Kurdistán (KDP) mientras que los segundos, tomaron el control de la Unión Patriótica del Kurdistán (PUK); hasta la fecha ambas organizaciones son movimientos de liberación nacional con una ideología liberal. Su objetivo es establecer un Estado-nación kurdo en todo el Kurdistán y su enemigo común es el PKK. La enemistad se explica en términos políticos e ideológicos.

Desde su puesta en escena tanto Öcalan como Barzani y Talabani compiten por la hegemonía de todo el movimiento de liberación kurdo, puesto que sus perspectivas ideológicas son irreconciliables. Basta recordar de dónde surge cada uno de ellos para entender el origen de clase de sus respectivos ideales. La actividad guerrillera del KDP y del PUK, quienes siempre se han vendido al mejor postor con la finalidad de alcanzar sus objetivos, los ha llevado a establecer alianzas con todo tipo de Estados.

En 1988, bajo el contexto de la guerra entre el Irak de Saddam Hussein, apoyado por los Estados Unidos, y el nuevo Irán hijo de la Revolución Islámica, las guerrillas kurdas (cuyos combatientes se les conoce como peshmerga) se aliaron con el gobierno iraní. Entre el 16 y el 19 de marzo de ese mismo año, el gobierno iraquí lanzó una serie de bombas químicas que cayeron en zonas residenciales de Halabja. Los ataques provocaron la muerte de miles de personas al instante y a la larga, por la contaminación del suelo y el agua y por tanto, altos índices de mutaciones que van desde dos pulgares hasta abominables tipos de cáncer.

Millones de kurdos del norte de Irak fueron forzados a abandonar sus hogares y algunos intentaron huir hacia Turquía donde encontraron, para su desgracia, las fronteras cerradas y vigiladas permanentemente por su ejército. Pese a ello, entre los senderos ocultos que se abren entre las montañas, muchos pudieron lograr su cometido. Años más tarde y a raíz de múltiples eventos, Jalal Talabani se convirtió en presidente de Irak hasta 2014 con el total respaldo de los Estados Unidos.

Por el otro lado, Masoud Barzani es hasta hoy el presidente del Gobierno Regional del Kurdistán (KRG) sobre gran parte del territorio del Kurdistán iraquí. DSCN0930 Fotografía: Bager. Mahser Mahser es una pequeña aldea localizada a unos cuatro kilómetros de la línea fronteriza que separa Turquía de Siria. No hay mucho que ver en ella.

El pueblo cuenta con alrededor de cincuenta casas, algunas —la mayoría— hechas de barro, otras de ladrillo; una escuela, una mezquita y un pequeño panteón. Durante mi corta estancia en el lugar, únicamente pude observar algo que parecía ser una tienda de abarrotes y nada más. Como la mayor parte de las poblaciones de la región, Mahser es un pueblo fantasma habitado principalmente por gente mayor que se dedica al cultivo de diferentes productos agrícolas y a la cría de ganado.

La única manera que hay para llegar desde Turquía es a través de la pequeña ciudad de Pîrsûs (Suruç en turco), situada a poco más, poco menos de siete kilómetros al norte de la línea fronteriza. Ahí uno debe conseguir un aventón que lo lleve a través de los sinuosos caminos de terracería que se abren entre las amplias extensiones de los verdes campos de cultivo y las casitas de barro. Pareciera que en cualquier momento uno podría atravesar la frontera sin saberlo.

Generalmente la gente joven no va a Mahser, ni a ninguno de los pueblos de este rincón del planeta abandonado por Dios, más bien huye de ahí para buscar fortuna en alguna ciudad del país. Este éxodo rural ha provocado que gran parte de la población kurda de Turquía, otrora eminentemente rural, viva ahora en ciudades como Amed (Diyarbakır), Riha (Şanlıurfa), Dîlok (Gaziantep), e incluso Ankara o İstanbul, entre muchas otras, al punto que una de cada cuatro personas que viven en la antigua Constantinopla son de origen étnico kurdo. Oficialmente Mahser ni siquiera se llama Mahser, sino Çaykara (literalmente «arroyo negro»).

Todos los pueblos y ciudades del Bakur tienen su nombre kurdo mediante el cual, la mayoría de la gente lo conoce y el nombre oficial es turco. Çaykara, Mürşitpınar («fuente del Mürşit»), Tavşanköy («pueblo de los conejos»), Küçükova («pequeña llanura»), y cientos otros, son nombres que pretenden legitimar mediante la imposición de una lengua sobre otra, el control estatal de Ankara sobre el Bakur. Si no hubiera sido porque en la entrada de la mezquita, en el patio de la escuela y en una señalización de la carretera estaba escrito Çaykara, jamás habría podido saber el nombre oficial del lugar. Una evidencia más de las enfermizas políticas nacionalistas mediante las cuales el Estado buscó borrar literalmente del mapa cualquier vestigio de lo kurdo.

Todo cambiaría para los pueblos y ciudades cercanos a la frontera con Siria tras el comienzo de la Revolución del Rojava en 2012. Las más de dieciocho horas de trayecto desde İstanbul hasta Pîrsûs (Suruç) fueron el inicio de la travesía. Entramos sobre la 11 Nisan Caddesi, la avenida principal que conecta la pequeña localidad de 50 000 habitantes con la ciudad de Urfa, a una hora de camino. A los pocos minutos observé un centenar de tiendas color gris, ordenadas una tras otra, sobre una larga superficie plana situada al lado del cauce de un pequeño riachuelo seco y repleto de basura.

Al borde del camino se encontraba un enorme letrero blanco con las palabras “Suruç Belediyesi —Arin Mirxan— Çadır kenti” (Municipalidad de Suruç – Campo de refugiados Arîn Mîrkan). Dentro de esas pequeñas tiendas de poco más de 10 m2 vivían familias enteras de ancianos, adultos y niños provenientes de las diferentes localidades del cantón de Kobanê. Huían de la guerra. Arîn Mîrkan nació en una pequeña aldea rural del cantón de Efrîn. Como muchas jóvenes muchachas del Kurdistán, cerca de los quince años de edad se unió a la guerrilla del PKK. Combatió y se escondió codo con codo con valientes guerrilleros y guerrilleras durante décadas. Cuando comenzó la Revolución del Rojava se unió a las YPJ (Unidades Femeninas de Protección) y participó en la defensa de la ciudad de Kobanê, donde encontró la muerte. La ofensiva de Daesh (Estado Islámico de Irak y el Levante – EIIL) sobre el Kurdistán fue desde sus inicios sumamente cruel y sanguinaria. En marzo de 2014, los mercenarios del EIIL llegaron al monte Şengal (Sinjar), cerca de la línea fronteriza que separa Irak de Siria para realizar una de las masacres más brutales de los últimos tiempos.

Şengal es una pequeña comunidad aislada poblada desde hace más de cuatro milenios por los kurdos yezidíes, cuya religión preislámica alguna vez fue la creencia más extendida entre los kurdos hasta que dieron inicio los procesos de islamización en la región. En la actualidad es practicada por muy pocas personas y su aislamiento les otorga cierto aire místico. Son conocidos entre los kurdos por su cerrazón y su modo de pensar sumamente conservador. Mujeres kurdas (vestidas de negro) encadenadas, conducidas a algún lugar por miembros del Estado Islámico (naranja). Es común que las prisioneras yezidíes sean vistas como mercancías por sus captores, a tal punto que muchas son esclavas sexuales en países de la región mientras otras son vendidas como prostitutas a países de Europa Occidental. Dibujos de Sarween Khero Qassim refugiada kurda yezidí de 17 años, víctima de la invasión de Daesh a su comunidad.

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Mujeres kurdas, vestidas de negro y encadenadas, son conducidas a algún lugar por miembros del Estado Islámico (naranja).

Es común que las prisioneras yezidíes sean vistas como mercancías por sus captores, a tal punto que muchas son esclavas sexuales en países de la región mientras otras son vendidas como prostitutas a países de Europa Occidental. Dibujo de Sarween Khero Qassim, del acervo de kawanejojava. Para Daesh, los yezidíes son herejes de la peor calaña, una especie de subhumanos.

A su llegada con armamento de primera calidad, los peshmerga huyeron de la zona, lo que dejó abandonados a su suerte a los civiles yezidíes. Pronto el área fue tomada, el destino de aquellos que no pudieron escapar fue atroz. Los hombres fueron torturados y asesinados, mientras que los niños varones fueron capturados. Algunos de entre ellos fueron ejecutados y sus órganos vendidos en el mercado negro; otros, fueron llevados a centros de adoctrinamiento, de ellos se espera que en el futuro puedan servir como hombres-bomba u otro tipo de misiones del estilo. Al fin y al cabo la vida de estos herejes no vale nada para sus captores.

Qassim (5) Arriba a la derecha: «Desde que el conflicto [comenzó] obligan a las mamás a comerse la carne de sus hijos». Abajo a la izquierda: «Obligaron a mi mamá a comerse la carne de uno de mis hermanos y el otro está desaparecido junto con mi papá. ¡Oh Dios! ¿Cómo voy a vivir yo sola?» En el cuchillo: «Te quiero mamá».

Dibujo de Sarween Khero Qassim, del acervo de kawanejojava.

Mujeres y niñas fueron violadas en el lugar. Los mercenarios tomaron a muchas de ellas como botín de guerra. Unas fueron vendidas o —literalmente— regaladas a multimillonarios de países como Irak, Arabia Saudita, Qatar, Kuwait; e incluso Francia, Alemania, Bélgica (entre muchos otros lugares del mundo) donde practican hasta hoy su nueva labor de esclavas sexuales. Una mañana de octubre, la comandante Arîn Mîrkan se vio rodeada por más de una docena de mercenarios del EIIL y a punto de ser capturada, decidió explotarse para evitarlo.

En un segundo, el cuerpo de Arîn y el de catorce de sus perseguidores volaron en trozos en algún punto del este de la ciudad de Kobanê. El nombre de Arîn Mîrkan se sumó al de muchos otros combatientes que perecieron en combate en las últimas décadas y ahora representa un poderoso símbolo de libertad. En todos los campos de refugiados distribuidos por el Kurdistán se conoce su nombre y su hazaña. Jina azad wek rojê hiltê («una mujer libre se levanta como el sol»).

Las barreras lingüísticas hicieron el peligroso trayecto a Mahser aún más difícil de lo que pensaba. Sabía que existía la posibilidad de ser secuestrado —como ha ocurrido— por algún hombre al servicio del EIIL, después de todo un cautivo extranjero con pasaporte francés se paga muy bien. Pero afortunadamente, mi compañero de viaje y yo pudimos llegar sin menores contratiempos a la pequeña aldea. Meses antes, todos los pueblos de la región tenían el aspecto de Mahser.

Estaban ocupados por organizaciones políticas de la más diversa índole; periodistas, personas solidarias y futuros guerrilleros afines a la resistencia kurda en Kobanê. Por ejemplo Suphi Nejat, un licenciado en sociología por la célebre Boğaziçi Üniversitesi, y militante del MLKP (Partido marxista-leninista turco), quien dejó la comodidad de su vida estudiantil para morir en combate tras su integración a las YPG (Unidades de Protección Popular).

También estaban ahí los militantes de la DAF (Devrimci Anarşist Faaliyet), la organización anarquista más estructurada de toda Turquía, quienes se hicieron presentes desde el primer hasta el último día de la ofensiva de Daesh sobre el cantón. Sin embargo, las fuerzas armadas de Turquía no tardaron en desalojar a los molestos intrusos que no les permitían realizar con comodidad su trabajo cómplice con los islamistas.

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Para enero, el resto de las aldeas habían sido desalojadas y Atmenek (Mürşitpınar), el pueblo donde se encuentra una puerta dorada que cumple la función de punto fronterizo oficial entre Siria y Turquía, había sido ocupada. Desde la vista panorámica de Mahser uno advertía todo el escenario de guerra; tanques del ejército turco listos para disparar formados sobre una curveada loma, un poco más adelante la famosa puerta dorada de Atmenek y si uno seguía el camino, veía tres hileras de postes de luz, tras la tercera territorio sirio. Conforme la vista avanzaba de izquierda a derecha aparecía por fin parte de la ciudad de Kobanê, desde esa distancia uno podía imaginar estirar la mano y tocar las casas, las calles, las bombas. La gente del lugar señalaba una pequeña elevación, era la colina Kaniya Kurda. Dicha colina se hizo mundialmente famosa cuando Daesh levantó su bandera negra en la parte más alta; desde ahí se puede observar toda la ciudad, por lo que en ese momento era un punto estratégico fundamental.

Tanto Kaniya Kurda como la zona aledaña a Atmenek estaba bajo el control de los mercenarios, el resto fue liberado poco a poco por las YPG-YPJ. De esta manera, Mahser se encontraba rodeada por el ejército turco y el EIIL, mientras que las YPG-YPJ lo estaban al sur debido a la ocupación efectiva de Daesh sobre el cantón de Kobanê. Tanto Mahser como Kobanê eran unos enclaves. La batalla continuaba después de más de 110 días de asedio. Como consecuencia de la brutal invasión, la población de Pîrsûs se multiplicó por dos e hizo de Mahser un punto de paso obligado para los refugiados.

Durante aquellos días, la principal actividad de todos los ahí presentes era presenciar desde un terreno vacío a un costado de la mezquita, la colina sobre la cual está asentada desde el siglo pasado la ciudad de Kobanê. Algunos observaban con binoculares, otros filmaban y tomaban fotografías para medios locales e internacionales. Desde la parte más alta del pueblo, sobre una pequeña colina, el Estado turco construyó un pequeño puesto de control desde el cual se podía vigilar todo movimiento desde Pîrsûs hasta Kobanê. Todos escuchaban atentamente el sonido parecido al del viento que anuncia una tormenta a punto de estallar de los aviones de la Coalición Internacional Contra Daesh (liderada por Estados Unidos) que arrojaban las bombas sobre la ciudad de Kobanê.

Las explosiones hacían aparecer en pocos segundos enormes nubes de polvo bajo las cuales yacían los cuerpos heridos o sin vida de combatientes de ambos bandos (es un mito que haya existido una alianza formal entre el PKK y la Coalición para combatir a Daesh). El estruendo de las mismas provocaba siempre un ligero temblor que, tras cerca de cuatro meses, agrietó todas y cada una de las casas de Mahser. Sin embargo, nadie se asombraba ya después de escuchar dos o tres bombas lo cual se convirtió en algo cotidiano, algo normal. Acto seguido de las detonaciones, comenzaban por norma los intercambios de disparos. El sonido de los Kalashnikov y de las ametralladoras DShK duraba varios minutos. El público comentaba siempre con el de al lado como si se tratase de un partido de futbol. Al final del día, todos se encontraban en ese momento en el mismo lugar por la misma razón, la Revolución del Rojava. Combatientes de las YPJ.

En el centro de Pîrsûs, sobre el cruce entre una calle de mediano tamaño y la avenida principal, se encuentra una estatua de una mano que sostiene por debajo una granada, la fruta es empujada hacia el cielo, algo así como un símbolo divino. Asimismo, en una de las esquinas del cruce, está pintado un mural de unos cinco metros de altura. La obra representa en casi la mitad de la pared el agua de un río, de nueva cuenta posiblemente se trata del Éufrates (o de alguno de sus afluentes) y al fondo, en una de las riberas, se extiende un campo cultivado en su totalidad por espigas de trigo.

Finalmente al centro de la imagen, dos manos abren con delicadeza una granada, exponiendo a la vista del observador los granos rojos de la jugosa fruta. Tanto el trigo como la granada son cultivos que predominan en el área, no es raro encontrar en alguna esquina a algún vendedor de jugo de esta última. Por otro lado, en cualquier película que trate sobre la región, los plantíos de trigo son siempre un personaje secundario, sino es que primario, presente en la trama.

La cinta İki Dil Bir Bavul (2008) de los jóvenes directores Orhan Eskiköy y Özgür Doğan se desarrolla a lo largo de todo un año, en algún pequeño poblado similar a Mahser; cada cierto momento se nos muestra el cambio de estación por medio de las diferentes facetas del ciclo de siembra del trigo. La vida entera de todos los pueblos del área gira en torno a dicha planta. No es coincidencia que el Estado turco, por medio de la construcción de una serie de presas a lo largo del Tigris y Éufrates, se plantee transformar el Bakur en el «granero de Medio Oriente». Dicho megaproyecto lleva el nombre de Güneydoğu Anadolu Projesi (Proyecto del Sureste de Anatolia – GAP).

La inundación de amplias extensiones de tierra para el llenado de las presas ha sumergido bajo el agua a cientos de pueblos de campesinos kurdos y muchos de ellos se han visto obligados a migrar a las ciudades sin nada más que lo que pueden cargar en sus espaldas. Algunos estudiosos del tema incluso afirman que el objetivo de las presas no es solo generar energía hidroeléctrica y conseguir el monopolio de la producción agrícola en el sureste del país (es decir combatir el sistema jerárquico tribal para remplazarlo con las instituciones del Estado), sino también tapar rutas entre las montañas utilizadas por los guerrilleros del PKK.

Una tarde fui invitado a comer a uno de los restaurantes que se encuentran en el centro de la ciudad. En la parte de abajo había una tienda con una variedad impresionante de armas de diferente tipo, algunas de ellas muy viejas, posiblemente útiles para cacería. Subiendo unas estrechas escaleras, llegamos a una azotea. Desde ahí se veían con claridad las cúpulas, con sus respectivos minaretes, de dos importantes mezquitas de la localidad, una de color verde olivo y la otra dorada. Sobre la azotea, había un pequeño cuarto que servía de baño y más adelante el restaurante.

A través de sus ventanales eran visibles tanto la estatua como el mural. En aquel lugar se reunían muchos de los periodistas y militantes para comer algo más que la comida de los campos de refugiados. Tras una amena plática, un dürüm y una taza de salep, nos dirigimos a uno de los campos de refugiados, más precisamente al que lleva el nombre de Arîn Mîrkan, aquel que vi a mi llegada. En una de las tiendas nos recibió una mujer de unos sesenta años de edad.

Durante toda la conversación, su rostro siempre serio jamás esbozó siquiera una ligera sonrisa, apenas me volteó a ver y sin embargo, el ambiente siempre fue cortés. Estaba conmovida por nuestra visita. Aquella mujer que cubría su cabello con un pañuelo blanco inspiraba profundo respeto. No hablaba turco, solo kurdo, era una de tantas refugiadas producto del asedio a Kobanê. Con ella vivía una de sus hijas —quien preparaba en ese momento una ración de çay con una pequeña estufa eléctrica— y cuatro de sus nietos. Sus otros hijos se encontraban en el frente de batalla contra la gente de Daesh. Ella misma y su esposo habían sido guerrilleros en las últimas semanas, sin embargo, ambos tuvieron que regresar. A su esposo, a quien conocí unos días antes, le apodaban Apo nemir («tío que nunca muere») debido a las cinco heridas de guerra que padecía su cuerpo, una de ellas por cierto, le provocó la pérdida de movilidad de su brazo izquierdo, por lo que portaba de forma permanente un guante negro en su mano. La plática fue corta pero sumamente enriquecedora. Aquella mujer relató parte de su experiencia como guerrillera, su formación teórica y militar.

Nos comentó que tras la caída de Şengal y el avance de las fuerzas de Daesh sobre el Rojava, las YPG-YPJ decidieron realizar una retirada ordenada hasta las montañas, un relieve favorable para hacer frente a los poderosos tanques de los islamistas. A partir de la defensa de Kobanê la idea era posteriormente avanzar y retomar el territorio ocupado por el enemigo. Tiempo después de la toma de Şengal (pero meses antes de mi visita), guerrilleros de las YPG-YPJ vencieron a las tropas del EIIL y liberaron la zona. Un pequeño grupo de unas cincuenta personas permaneció en el lugar para dar asesoría en el manejo de armas a la población yezidí, con la finalidad de que ellos pudieran defenderse por su cuenta en un futuro próximo (los yezidíes han sobrevivido a más de 70 genocidios a lo largo de su historia). Tras algunas semanas de entrenamiento las YPG-YPJ dejaron el lugar. Otorgaron armas y conocimiento a los habitantes de Şengal. Aquellos que voluntariamente quisieran integrárseles lo hicieron; es decir, no hubo reclutamiento forzoso alguno. Nuestra anfitriona era originaria de la ciudad de Kobanê, su abuelo fue uno los fundadores.

La localidad surgió a finales del siglo XIX como un punto de paso del ferrocarril que construía en ese entonces la empresa alemana Koban Railway Company en territorio otomano. A partir de ahí, los trabajadores comenzaron a cimentar algunas casas a ambos lados de las vías y el asentamiento cobró fuerza por la presencia en la región de recursos minerales. La mayoría kurda de la zona tomó el nombre de la compañía para nombrar al asentamiento, de esta manera Koban se transformó en Kobanê y hoy día es el nombre kurdo de todo el cantón. Al igual que del otro lado de la frontera, el Estado sirio llevó una política de homogeneización lingüística dentro de todo su territorio, de tal forma que el nombre oficial que recibió el lugar fue Ayn al-Arab («ojo del árabe»). Curiosamente el origen de dicho nombre también es kurdo. Durante los primeros años del asentamiento, uno de los pozos de agua distribuidos en los alrededores de Kobanê fue bautizado de esta manera ya que era para uso exclusivo de la población árabe. Fue hasta la mítica resistencia de la ciudad que el nombre original tomó relevancia.

Los diferentes regímenes sirios pusieron en marcha políticas territoriales con el objetivo de aislar económicamente a la población kurda del Rojava; deliberadamente buscaron mantenerlos en la pobreza.

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El Rojava es una región que abarca un área próxima a los 35 000 km2, similar a la de un país como Moldavia o Bélgica. Se sitúa al norte de Siria y limita al norte con Turquía (Bakur) y al este con Irak (Başur). Dicho territorio está dividido en tres cantones (de oeste a este): Efrîn, Kobanê y Cizîrê, cuyas capitales son las pequeñas ciudades de Efrîn, Kobanê y Qamislo.

Con la conformación de la República Árabe Siria, el destino de los kurdos del Rojava, aunque un poco más laxo, fue similar al que sufrió este grupo étnico en Turquía e Irak. El nacionalismo árabe de dicho país llevó a los kurdos a ser considerados como ciudadanos de segunda y hasta tercera categoría; se llevaron a cabo las mismas políticas de asimilación cultural y lingüística que he ejemplificado previamente con Turquía (por ejemplo el caso de Kobanê). A lo largo de este territorio se pueden encontrar recursos naturales claves para los intereses políticos de los Estados de Oriente Próximo y el mundo. La corriente principal del Éufrates y sus bifurcaciones abastecen de agua estas áridas tierras, lo cual genera pequeños manantiales y ojos de agua distribuidos por las planicies de Harran y Al-Jazirah, de ahí el origen de nombres geográficos que contienen palabras como çay (arroyo), pınar (fuente), o ayn (ojo). De la misma manera, en el subsuelo se encuentran algunos yacimientos de oro negro codiciados por medio mundo. Incluso su ubicación geográfica es sumamente favorable como punto de paso de oleoductos que pudieran transportar el petróleo del norte de Irak al Mediterráneo. Lo anterior explica el interés de Daesh, Estados Unidos y sus aliados, Turquía y Siria por ejercer un control efectivo sobre el lugar. La estrategia del régimen sirio desde la década de los años 1960’s fue sencilla.

El gobierno central evitó a toda costa el establecimiento de industria en el lugar. Creó un cinturón verde en todo el Rojava y envió colonos árabes a los cuales les otorgaron tierras que ya eran ocupadas por los kurdos. Dicha situación creó conflicto entre árabes y kurdos, lo que favoreció aún más el fervor nacionalista en ambas partes. Siria cumplió su objetivo, hasta 2012 el Rojava permaneció como una zona marginal, patrullada de cuando en cuando por soldados al servicio del régimen.

A mediados de 2011 estalló la Guerra Civil en Siria. A grandes rasgos el objetivo de sus opositores era derrocar el régimen de la familia al-Asad que ha gobernado Siria durante décadas. Lo anterior propició la formación del Ejército Libre Sirio (ELS), un grupo armado compuesto por mercenarios procedentes de países árabes de la región, patrocinado por los Estados Unidos (y sus aliados de la OTAN). Resulta interesante ver la similitud de la forma y los colores de la bandera del ELS con la bandera utilizada por los franceses cuando Siria estuvo bajo su mandato.

Así como en Libia tras Khadafi, o en Irak tras la ocupación estadounidense de 2003, el imperialismo de Estados Unidos y la Unión Europea ve deseable la implantación de un gobierno títere en Siria que favorezca los intereses de las grandes empresas transnacionales de sus países dedicadas al sector inmobiliario y a la extracción de petróleo. Por ejemplo, en 2003, tras la guerra en Irak que derrocó a Hussein, las empresas inmobiliarias turcas fueron de las principales beneficiadas.

Recursos Poco después aparecieron en escena organizaciones islamistas como Jabhat al-Nusra (Frente al-Nusra), un brazo armado de al-Qaeda que desde 2012 combaten a las Fuerzas Armadas leales a Bashar al-Asad en el norte de país, o el ya mencionado Estado Islámico de Irak y el Levante. Esta última organización tiene su origen en la prisión militar estadounidense de Campo Bucca, en Irak. Sus primeras armas fueron otorgadas por los mismos que financiaron a los mercenarios del ELS, y su función la misma: un grupo armado paramilitar al servicio de los imperialistas. Con el paso del tiempo y los ataques de Daesh a los peshmerga de Barzani (y con ello la captura del dinero y el armamento de Mosul y el control del petróleo, las refinerías y los oleoductos de Kirkuk que representan el 75% del petróleo de Irak), la situación se salió un poco de control. Lo cual provocó el bombardeó de objetivos de Daesh en Kobanê desde finales de septiembre por parte de la Coalición (de la cual Turquía no forma parte).

Paradójicamente, las operaciones de Jabhat al-Nusra contra el gobierno central sirio facilitaron la salida de las Fuerzas Armadas Sirias del Rojava, lo cual otorgó cierta autonomía a los kurdos de Siria desde 2012. Para esas fechas, el régimen de Bashar al-Asad se tambaleaba, parecía que en cualquier momento sería derrocado. Sus tropas debían combatir en varios frentes puesto que ya no controlaban de forma efectiva más que ciertas regiones importantes cercanas al Mediterráneo. Los combates dentro de ciudades tan importantes como Aleppo, Homs, e incluso la capital Damasco se hacían cada vez más frecuentes. El abandono del Rojava por parte del gobierno central respondió a una estrategia de concentrar fuerzas en otros frentes, mientras confiaban en que las YPG-YPJ pudieran repeler tanto al ELS como a los islamistas. Pese a las décadas de guerra entre el régimen y los kurdos, durante aquel momento de crisis hubo una especie de tregua táctica entre ambos enemigos.

La rebelión de los oprimidos del Kurdistán

1ra Parte:  http://subversiones.org/archivos/117939

2da Parte: http://subversiones.org/archivos/122857

Fuente: Red Latina Sin Fronteras

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