La política antialeví de Turquía en la era del Estado Islámico

Los Alevíes son una parte central del Movimiento de Liberación Kurdo, la izquierda turca y la política progresista

Por Dilar Diriki, 17 de agosto de 2016

Bajo la política autoritaria, conservadora y sectaria del presidente turco Recep Tayyip Erdogan y su partido el AKP, Turquía tiene a la Unión Europea secuestrada gracias a la instrumentalización del sufrimiento de los refugiados sirios. Erdogan se dedica a consolidar su gobierno personalista a través de la guerra paranoide contra el terror en la que, paradójicamente, mete en el mismo saco al movimiento kurdo, al ISIS, a académicos, a sectores del ejército y a su antiguo mentor y colaborador Fethullah Gülen en una especie de extraño bloque monolítico.

Una parte del plan de Erdogan que consiste en dividir y enfrentar a las comunidades entre ellas, es deshacerse de cualquier elemento étnico, religioso, ideológico, social o político que pudiese cuestionar su proyecto neotomano sectario. Como parte de ese plan, ha puesto en su punto de mira a la población aleví del país. Sumando a las típicas herramientas de control social y consolidación de un gobierno autoritario como son la fuerza militar, la brutalidad policial, la censura, intimidación y propaganda, utiliza las políticas demográficas con el mismo fin.

Desde marzo de 2016, la población de las aldeas kurdo-aleví en Kahramanmaraş o Maraş (Gurgum en kurdo) se ha resistido activamente a las políticas de colonización del estado. El estado turco quiere construir un campamento de refugiados bajo tutela de la Agencia Estatal de Prevención y Gestión de Desastres y Emergencias, AFAD por sus siglas en inglés, alrededor de la aldea Terolar; campamento destinado sobretodo a árabes sirios sunitas. Mientas ofrece al mundo una imagen solidaria, estos infames campamentos de refugiados, promovidos y gestionados por el estado, sirven muy a menudo como santuario a los yihadistas donde son atendidos en caso de estar heridos o se usan como fuente de nuevos reclutas y refugio.

Casos de abusos sexuales y tráfico de seres humanos han sido ampliamente documentados. Estos campamentos han sido analizados como lugares en los que el AKP aprovecha para movilizar y utilizar a los refugiados como peones de su propia agenda política e ideológica. El campamento planeado en Terolar está diseñado para acoger a una población refugiada mucho más numerosa que la propia población local.

Las manifestaciones y protestas continuas por parte de los residentes de aldeas como Terolar y otras, que perciben una peligrosa estrategia detrás de este plan, han sido respondidas con violencia por parte del estado durante meses. De forma inteligente, el gobierno y sus medios de comunicación han presentado esta resistencia legítima como si fuese una expresión racista contra los refugiados, cuando en realidad es una resistencia contra una estrategia a más largo plazo del AKP para incitar a las comunidades al conflicto e imponer cambios demográficos profundos para alterar las regiones kurdas con fines económicos y políticos del propio AKP, utilizando para ello a los refugiados.

Historia de las masacres perpetradas contra los alevíes

Para poder entender en profundidad la resistencia en Maras, es importante ser consciente de la historia genocida del moderno estado turco contra la comunidad kurdo-aleví. Un legado que antecede a la administración sectaria y religiosa de Erdogan, a pesar de las pretensiones seculares de anteriores gobiernos.

La negación y aniquilación sistemática de aquellos que no son turcos o sunitas ha constituido uno de los pilares fundacionales del moderno estado-nación turco, a pesar de sus esfuerzos por mostrarse como progresista y secular. Por lo tanto, los genocidios contra los armenios, griegos pónticos, asirios y kurdos- con particular énfasis contra los yazidíes y alevíes- han sido fundamentales e incluso se puede decir que forman un aspecto esencial del paradigma de “modernidad” de este estado, violentamente impuesto, creando un chivo expiatorio para cada década, en coordinación con el ejército, la ultraderecha y los islamistas fundamentalistas.

Mientras que algunas masacres ocurrieron como parte de campañas de linchamientos promovidas por el estado o asesinatos de personas alevíes, otras fueron operaciones de limpieza étnica a gran escala cuidadosamente planificadas por el estado. Durante décadas, “marcar” las casas alevíes como objetivos para ataques y la demonización de la forma de vida aleví a través de mitos urbanos, negación, mentiras y propaganda, ha sido una constante en las políticas del estado. La sistemática y forzosa islamización del pensamiento, cultura, historia y valores alevíes en las que se encuentran rasgos de respeto al medio ambiente, comunitarismo, antiautoritarismo y, a menudo, características de una cultura centrada alrededor de la mujer esta ideológicamente motivada, ya que la filosofía aleví ejemplifica una oposición al estado autoritario, capitalista y patriarcal.

En 1938, la ciudad kurdo-aleví de Dersim fue bombardeada despiadadamente , matando hasta a 15.000 civiles después de un levantamiento popular liderado por Seyît Riza, un respetado líder tribal e importante figura política. Entre los pilotos de aquellos cazas que bombardearon la ciudad se encontraba nada más y nada menos que la hija adoptiva del fundador de la república Mustafa Kemal, Sabiha Gökçen, con cuyo nombre fue bautizado el tercer aeropuerto más grande de Turquía. Glorificando así a la primera mujer piloto de guerra en el mundo y la primera piloto en general de Turquía. Éste es uno de los muchos intentos del estado de tapar sus acciones genocidas con la narrativa de la modernidad: una mujer turca y moderna bombardeando a los atrasados kurdos – una perfecta historia de la modernización del país.

Una de las masacres más grandes contra la población kurdo-aleví tuvo lugar en Maras en 1978, el mismo lugar en el que ahora el estado turco trata de asentar a la población árabe sunita refugiada. En un clima político que era ya de por sí tenso, con múltiples enfrentamientos entre la derecha y la izquierda, un par de años antes del infame golpe de estado de 1980, una ola de asesinatos asoló Maras. Las casas de alevíes fueron atacadas, quemadas y la gente asesinada en las calles. Más de 100 personas fueron víctimas de los asesinatos y para los alevíes fue evidente que las autoridades de la contra-guerrilla organizadas por el estado era quienes habían provocado los ataques. Después de este trauma colectivo, decenas de miles de personas huyeron a otras partes de Turquía y Europa. Muchos dejaron de enseñar kurdo a sus hijos por miedo y poco a poco accedieron a abandonar su cultura como medio de supervivencia.

La época después del golpe fue marcada por muchos incidentes que se asemejaban a lo acontecido en la masacre de Maras. En 1993 un multitud enfervorecida de fascistas islamistas atacaron el Hotel Madimak en Sivas, donde intelectuales, artistas, escritores y filósofos estaban preparando un festival de cultura aleví. La policía turca, en aquel momento secular, se quedó observando y en algunos casos ayudó a la turba fascista cuando atacaron con piedras el hotel antes de prenderle fuego. Estos ataques tuvieron como resultado 33 muertos por asfixia o por resultar quemados vivos; muchos otros fueron heridos.

Otro episodio de asesinatos y violencia dirigidos contra los alevíes, kurdos en general e izquierdistas, que fueron llevados a cabo por la derecha y los islamistas patrocinados por el estado fueron los sangrientos eventos en el barrio de población aleví Gazi en la ciudad de Estambul en marzo de 1995 .La policía disparó indiscriminadamente a la multitud que se manifestaba por la masacre de Gazi. Ataques, linchamientos, señalamiento de casas para ser atacadas, abusos y acosos de todo tipo de los alevíes continúan todavía hoy en Gazi.

              Alevíes protestando por el señalamiento de sus hogares con una ‘x’ en el centro de Estambul

Como muestra esta cronología no exhaustiva, los militaristas kemalistas, los nacionalistas de ultra derecha y los conservadores islamistas de Turquía siempre han puesto sus diferencias a un lado y se han unido contra aquellos que creían eran una amenaza para el estado autoritario de una bandera, una nación, una lengua y una religión. Este credo nacionalista les une más allá de las diferencias que puedan tener en un momento dado. A través de su islamismo político Erdogan ha llevado ese legado a un nuevo nivel, ayudado por el auge del Estado Islámico.

Pero existe también una larga historia de resistencia. Los alevíes son una parte central del movimiento de liberación del Kurdistán, la izquierda turca y la política progresista en general. Especialmente las mujeres alevíes, quienes han sufrido más que los hombres este tipo de ataques, se han unido a las filas de distintos partidos políticos, en especial del Partido de los Trabajadores del Kurdistán, el PKK, desde su fundación. El movimiento de liberación kurdo, al tiempo que lidera la política de carácter secular, siempre ha enfatizado la represión histórica específica y las políticas genocidas contra grupos como los alevíes, yazidíes y armenios en Turquía.

Sakine Cansiz, una de las cofundadoras del PKK y una líder influyente en el movimiento de mujeres en Kurdistán, que fue asesinada el 9 de enero de 2013 en París junto con Fidan Dogan y Leyla Saylemez, era un mujer kurda-aleví. Fidan Dogan, también kurda-aleví, de hecho era natural de Maras.

Dado este contexto histórico surge, legítimamente, la cuestión de porque el gobierno del AKP, que machaconamente insiste en que le apoya el 50% de la población, no elige una zona en la que goce de mayor popularidad para alojar a los refugiados sunitas. En vez necesario situar el campamento en medio de las zonas de población kurdo-aleví, en las que las poblaciones conservan el recuerdo de las masacre cometidas por el estado turco en el pasado con el objetivo precisamente de eliminarles física y culturalmente.

Para entender lo que está pasando es crucial comprender que la rabia que sienten los alevíes no está dirigida contra los refugiados sino contra las motivaciones ocultas y perversas del gobierno a la hora de tomar esta decisión. Los residentes en la aldea de Terolar subrayan durante sus manifestaciones que su comunidad, que tiene conocimiento de primera mano de lo que es la guerra, los desplazamientos, éxodos y las amenazas a su propia existencia como pueblo, es solidaria con los refugiados sirios que necesitan refugio, pero luchan contra un gobierno que trata de aprovecharse del su sufrimiento para cometer un genocidio cultural contra los alevíes. Temen que el estado trate de alentar el conflicto religioso al asentar a refugiados árabes sunitas en las regiones kurdo-alevíes, y sean utilizados para expulsar a la comunidad aleví de sus hogares. Considerando que el gobierno turco recibió 6.000 millones de euros de la Unión Europea para ayudar a los refugiados y, considerando la inmensa cantidad de recursos que el estado turco y su ejército emplean en la destrucción de ciudades kurdas y las masacres de civiles, no parece que los recursos, medios y cuestiones logísticas en general sean un problema en lo que al asentamiento de refugiados se refiere. Erdogan por tanto emplea unos cálculos muy concretos en la toma de decisiones sobre esta cuestión que no parecen tener el bien de los refugiados en cuenta sino otros objetivos más espurios y contra la población aleví.

Cambios demográficos, desarrollo capitalista y guerra total

En este contexto, las motivaciones ideológicas, políticas y religiosas del estado y sus políticas antialevíes parecen obvias. Sin embargo, no se pueden entender estos acontecimientos sin tener en cuenta los intereses políticos y económicos a largo plazo del AKP, que está tratando de conseguir a través de cambios demográficos.

Desde el verano de 1015 el estado turco ha emprendido una atroz campaña militar sobre el Kurdistán, que no solo se ha llevado la vida de cientos de civiles con la comunidad internacional como testigo silencioso, además ha destruido sistemáticamente casas, lugares históricos e infraestructuras. Rápidamente se hizo evidente que el objetivo del estado era construir nuevos edificios que serían propiedad de la Administración de Desarrollo de Viviendas (TOKI) en esas áreas y así emprender un proceso de gentrificación o instalar a refugiados sirios para tratar de expulsar a los kurdos de la región. Este es el caso particularmente en el distrito de Sur en Amed (Diyarbakir), que es considerada por la UNESCO como patrimonio de la humanidad y ha sido reducida a escombros y cenizas por parte del ejército turco, obligando a más de 20.000 personas a abandonar sus hogares. Al tiempo que se dedicaban a eliminar físicamente a la población de estas áreas, han emprendido una política de infraestructuras, de gentrificación para el turismo diseñada para acometer un genocidio cultural con el objetivo de acabar con su cultura y existencia de la faz de la tierra.

Otro elemento del plan de Erdogan para acabar con la cultura aleví y sobre el cual lleva mucho tiempo dando señales es el dar a los refugiados sirios la nacionalidad turca para precisamente obtener más votos en aquellas regiones en las que no cuenta con apoyo. Al mismo tiempo, amenaza con retirarles la nacionalidad a aquellos que denomina “simpatizantes del terrorismo”, categoría que incluye a un amplísimo espectro de personas incluyendo por ejemplo a académicos. El objetivo de estas medidas es por un lado un gran cambio demográfico en la región y la implementación de ambiciosos planes de infraestructuras con el objetivo de colonizar económicamente el Kurdistán.

Desde luego, incitar al enfrentamiento entre refugiados y kurdos en general y alevíes en particular, es una cuestión muy sensible que el AKP instrumentaliza para afianzar su poder y conseguir sus objetivos particulares más allá de cualquier consideración humanitaria. Es sencillo acusar a cualquiera de racismo y de estar en contra de los refugiados por resistirse a estas tácticas de guerra que incluyen la construcción de campamentos de refugiados. Asentando a refugiados sirios en zonas especificas prometiéndoles la nacionalidad es una estrategia inteligente de Erdogan para sobornar a Europa, incrementar su popularidad con los sectores conservadores y la población sunita en la región, mientras da una vuelta de tuerca a la estrategia de genocidio cultural a gran escala y ataques sobre cualquiera que no encaje en la narrativa dominante neo-otomana, especialmente aquellas poblaciones que minan la unión entre el nacionalismo turco y el conservadurismo islámico.

Esta es la razón por la que es imposible analizar la política de refugiadas separada de la guerra total que ha emprendido contra el Kurdistán como región, y la cultura aleví en particular, como parte de ésta.

De forma similar, no es realista tratar de separar el asesinato de kurdos del proyecto neoliberal del AKP combinado con la nostalgia imperial otomana. Al igual que las leyes militares y los decretos del gobierno que legitimaron la devastación de Dersim en 1938, los asedios militares, asesinatos masivos y ejecuciones extrajudiciales de lugares como Cizre, Nusaybin, Yüksekova, Sur, y Silopi hoy son una continuación de la síntesis turca de nacionalismo, capitalismo, militarismo, patriarcado y religión política. Con el mismo espíritu que el ISIS, Erdogan está tratando de asestar un golpe demográfico letal en Oriente Medio atacando culturas milenarias que representan identidades y formas de vida ecológicas y centradas sobre la mujer. El hecho de que las mujeres estén al frente de la resistencia en Terolar es ilustrativo de como las mujeres kurdo-aleví sienten el apego a su tierra y los valores ecologistas asociados con ella.

La UE es cómplice en esta guerra, ya sea a través de la venta de armas que algunos estados miembros realizan o del silencio sobre las violaciones de los derechos humanos y fascismo que está teniendo lugar a pesar de ser plenamente conscientes de ello o de futuras inversiones económicas y juegos belicistas. Los mal llamados “valores europeos” están siendo malvendidos en los mercados de esclavas sexuales y el tráfico de seres humanos en Turquía, en el trabajo infantil de niños refugiados, en la perdida sin posibilidad de recuperación de un patrimonio cultural milenario y en el mar mediterráneo, cementerio que han creado conjuntamente Europa y Turquía para miles de refugiados que se han ahogado en sus aguas.

Desentenderse de la situación de los refugiados y entregarles a los mismo estados, instituciones y sistemas que han causado todas estas guerra es una vergüenza para aquellos que creen en la libertad, la democracia y los derechos humanos. Pero desde la perspectiva de los oprimidos, la resistencia y la autodefensa continua.

En palabras de Seyit Riza, líder la rebelión kurdo-aleví en Dersim y que fue ejecutada por el estado en 1937: “No pude aguantar vuestras insidias y artimañas, se convirtió en un problema para Pero, no me arrodillé delante de vosotros. Que esto sea un problema para vosotros”.

Dilar Dirik es parte del movimiento de mujeres del Kurdistán, escritora, y Doctora en el Departamento de Sociología por la Universidad de Cambridge.

Fuente: Telesur TV English

Traducido por Rojava Azadi Madrid

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