La Revolución de Rojava en el Kurdistán sirio ¿Un modelo de desarrollo para Oriente Medio? [Parte 3]

4.- La realidad de Rojava: una política y economía socializadas

Rojava se compone de tres cantones que forman la unidad administrativa básica: Cizire en el este, Afrin en el oeste y Kobane en el medio. Mientras Rojava se inspira política y teóricamente en la obra de Bookchin, no se trata de una aplicación al dedillo de sus doctrinas, ya que las condiciones sobre el terreno determinan el desarrollo de la situación. Durante las fases iniciales de la revolución en Rojava, primero el ELS y después el EI controlaban el territorio entre Cizire y Kobane y entre Kobane y Afrin. El hecho de estar sobre un territorio dividido y no contiguo explica en parte la organización separada de los tres cantones.(1)

En linea con la teoría de Bookchin y Ocalan, la Administración Autónoma de Rojava (RAA) tuvo que embarcarse en un complicado proceso de creación de instituciones nuevas para poder implementar el autogobierno y el confederalismo, en la forma de una democracia sin estado (Kolokotronis 2014) sin enfrentarse militarmente y de forma directa con las naciones-estado. Esto supuso la creación del Movimiento por una Sociedad Democrática (TEV-DEM), una organización paraguas compuesta por los  grupos constituyentes de Rojava. Siendo el PYD el principal actor y la principal fuerza socio-política detrás del movimiento. A pesar de las condiciones de guerra, el PYD ha tratado de establecer mecanismos institucionales propios de una democracia directa especialmente a nivel local, desde los barrios y calles hasta organismos más grandes a nivel cantonal.

Este intento por socializar el gobierno y politizar a la sociedad ha creado comités a nivel local que han tomado parte de forma directa en la toma de decisiones (Küçük and Özselçuk 2016). Estas instituciones están basadas en un sistema de copresidencias, con una mujer y un hombre asumiendo todos los cargos desde el nivel local hasta el nivel confederal. Para garantizar que no surjan elites políticas o militares, las posiciones claves son rotativas a no ser que su rotación supongan un riesgo inmediato. Más aun, desde el nivel de barrio hasta el nivel de cantón, se han creado unas instituciones paralelas sólo de mujeres para que los patrones patriarcales profundamente arraigados no supongan un debilitamiento del poder de las mujeres, incluso en un marco de igualdad de género en las instituciones, las mujeres buscan soluciones para sus propios problemas y necesidades por ellas mismas.

Además de la igualdad de género, la RAA presta especial atención a la representación de todos los grupos étnicos o religiosos de manera institucional en la constitución de Rojava- llamado el Contrato Social de los Cantones de Rojava – y en las asambleas y comités, al igual que en los gobiernos de cantones. La frase que da comienzo al preámbulo de la constitución dice: “Nosotros, el pueblo de las Regiones Autónomas y Democráticas de Afrin, Cizire y Kobane, una confederación de kurdos , árabes, siriacos, armenios, turcomanos y chechenos, libre y soberanamente declaramos y establecemos esta Carta.'(2) A pesar de este reconocimiento de la composición multi-étnica de la población de Rojava, las relaciones interétnicas permanecen tensas. Décadas de hostilidad y desconfianza entre estas comunidades no se superan fácilmente, especialmente considerando los desplazamientos forzados impuestos por el régimen baazista de los kurdos además de otro tipo de políticas discriminatorias contra ellos y a favor de los árabes.

El traspaso en marcha de las funciones administrativas desde el estado a la sociedad han asegurado que el proceso democrático se extienda. El sistema judicial es un ejemplo de esto. Inspirados por la noción de Bookchin de que la justicia no es más que un pobre sustituto de la libertad, la población de Rojava ha creado comités de paz y justicia para actuar en nombre de las asambleas de barrio, es decir la comuna, para administrar la justicia social (Ross 2015). Que las asambleas de barrios y los comités de paz actúen como tribunales de paz o de primera instancia muestra la expansión de los principios de la democracia directa a lo que se podría considerar normalmente como cuestiones técnicas.

Los casos que estos comités no pueden resolver son pasados a las casas del pueblo o las casas de las mujeres, cuya función es tratar las necesidades de la población local en aspectos tales como la coordinación económica o la violencia machista. La alta tasa de resolución de los casos por parte de los comités, casas y asambleas muestran también la penetración de estas prácticas entre la sociedad. Las ofensas criminales más serias, como el asesinato,  son asumidos por tribunales más institucionalizados.(3) A pesar de estos avances institucionales en relación al sistema de justicia Mukhabarat baazista (servicios de seguridad e inteligencia), la RAA ha tenido que enfrentar críticas por los periodos largos de detenciones y juicios imparciales (AI 2015a, 2015b).

Otra función estatal que ha sido transferida a la sociedad es la de defensa y seguridad, tanto interna como externa. Las YPG y las YPJ son las responsables de la defensa exterior y actúan como fuerzas de autodefensa populares y no tanto como unidades militares profesionales separadas de la sociedad. Sus miembros son inicialmente reclutados de la población local voluntariamente y reciben un entrenamiento básico de los miembros con más experiencia. En respuesta a la amenaza del EI desde el 2014, las YPG y las YPJ se han institucionalizado cada vez más e incluso han introducido el reclutamiento forzoso que fue luego derogado.

Los Asayish son los responsables de las tareas de seguridad interna y están compuestos por personas voluntarias que rinden cuentas directamente ante su asamblea de barrio. Los órganos de seguridad internos y externos  tienen que responder antes sus órganos democráticos inmediatos sin intermediación del estado representativo, lo cual sirve para desmontar el estado (Üstündag 2016), el cual, según Bookchin, separa a estas instituciones de seguridad de sus funciones sociales y de la sociedad.

A pesar de que la militarización no suele considerarse un acto emancipatorio, este proceso rompe el monopolio de un estado desocializado sobre el uso de la legitima violencia, creando las condiciones para una defensa socializada y democratizada. Esto asegura que las fuerzas de seguridad no se puedan colocar por encima de la sociedad como garantes de la autoridad; más bien las relaciones cercanas entre  las YPJ y las YPG con el resto de la población demuestran la naturaleza socializada de la seguridad (Üstündag 2016).

La socialización de la defensa, sin embargo, no ha sido un proceso sencillo. Amnistía Internacional ha criticado duramente a las YPG y las YPJ por hacer redadas en casas de personas que sospechaban de ayudar al EI y ha provocado su desplazamiento (AI 2015a), y los Asayish por detenciones arbitrarias (AI 2015b). La RAA respondió argumentando que el EI estaba operando en su territorio, y que aunque reconocían posibles errores por las fuerzas kurdas, estos serían casos aislados y debían ser puestos en el contexto de una guerra contra el EI (AI 2015a).

Las YPJ, una milicia femenina, también ha servido para la causa de la emancipación de las mujeres en una sociedad extremadamente conservadora en la que el patriarcado sigue teniendo una fuerte presencia en la vida social, a pesar  de los pasos dados por el KLM en Turquía y Siria. Aunque pueda sonar paradójico, y a pesar de experiencias equivalentes en el ejército estadounidense y otros lugares (D’Amico 1996), existen diferencias cruciales entre las YPJ y otras situaciones en las que las mujeres se han involucrado en la guerra. La razón más obvia es que al unirse a las YPJ (o al PKK en Turquía), las mujeres se liberan de los lazos patriarcales y pasan a controlar su propia vida. La alternativa para la mayoría sería casarse a una edad temprana y sufrir la dominación patriarcal para el resto de sus vidas.

Desde los 90, cuando el KLM en Turquía vio la emergencia de un fuerte Movimiento Kurdo de las Mujeres que retó y transformó el propio KLM desde dentro, las mujeres kurdas han jugado un papel cada vez más relevante en la vida pública, especialmente a través de organizaciones legales e ilegales en el KLM: el partido prokurdo y de izquierdas en Turquía el Partido Democrático de los Pueblos (HDP), el PKK, la Unión de Comunidades del Kurdistán(KCK) y también en organizaciones no gubernamentales en Turquía.

Ahora esto se puede ver también en Siria, a través de la educación ideológica y política. A diferencia de casos como los ejércitos el israelí, el estadounidense, el canadiense o francés, en los que las mujeres sirven al lado de los hombres, en el caso de las YPJ están organizadas por separado bajo ordenes de comandantes mujeres. Donde el patriarcado sigue siendo una fuerza potente en la sociedad, incluso la presencia de hombres en la misma organización puede menoscabar que el pleno potencial de las mujeres se desarrolle. En tercer lugar, las combatientes de las YPJ luchan directa y explícitamente por los derechos de las mujeres. En palabras de la comandante  Nesrîn Abdalla:

“Hasta ahora, los ejércitos eran exclusivamente creados por hombres con una mentalidad patriarcal, por lo que tenían solo dos tareas: defender y conseguir el poder. Pero nosotras somos un ejército de mujeres… Hacemos esto no sólo para protegernos, pero también para cambiar la mentalidad del ejército, no sólo para conseguir el poder, sino también para cambiar la sociedad y desarrollarla…. tuvimos que organizarnos nosotras mismas apropiadamente para poder combatir las mentalidades feudales” (Sputnik 2016). 

Junto con el estado, el mercado es visto como una de las principales fuentes de dominación jerárquica (Cemgil 2016). Al mismo tiempo que el traspaso de las funciones estatales a los órganos democráticos de autogobierno, las funciones de reproducción social también están siendo transferidas a la sociedad para asegurar el control democrático sobre la economía. Esta “economía social” es democratizada más profundamente a través de la descentralización de la producción y su funcionamiento cooperativo, evitando la centralización y estatalización al estilo soviético. Al igual que con la emergencia del proyecto político general, las condiciones geopolíticas determinan la naturaleza de la transformación socio-económica.

A pesar de ser obstáculos significativos el embargo impuesto por el KRG y el aislamiento político, que han producido carestías sobretodo de medicinas y una subida de precios, también se pueden ver como una oportunidad, facilitando el paso a una producción local y sostenible. Las estructuras asamblearias y descentralizadas están preparadas para reaccionar a las condiciones del embargo y el aislamiento relativo, manteniendo la seguridad alimentaria, los servicios públicos y otras necesidades básicas usando estructuras de gobierno municipales y locales y generando lo que podríamos denominar una “economía comunalista” a través de las cooperativas. La comisiones de economía de las asambleas tratan con todo los temas relacionados con la producción y existen junto a las comisiones de mujeres, política, defensa, ocupación, educación. Todas ellas existen en todos en los niveles de la Administración Autónoma Democrática (Biehl 2015; Ayboga 2014b). Sin embargo, las necesidades de la guerra han comprometido el desarrollo de esta economía social.

Aunque el concepto de “desarrollo” se haya adoptado parcialmente como parte del discurso oficial, objetivos transversales como la subsistencia, la autonomía, el localismo y la sostenibilidad permanecen siendo los pilares centrales de la economía social de Rojava, con las cooperativas funcionando como núcleo de esta producción local basada en la subsistencia y generación de plusvalía (Biehl 2015). Sin ser completamente antimercado, se han impuesto limites a los precios para evitar la especulación con los alimentos y garantizar la subsistencia (Yegin 2015). El objetivo declarado de esta economía democrática es mantener las ganancias dentro de las comunidades locales, manteniendo la sostenibilidad a largo plazo ecológica de la producción y un acceso democrático a los recursos por encima del agotamiento de los recursos en favor de los beneficios de los inversores.

Por ahora, la socialización de la tierra ha sido evitada para evitar cualquier formar de autoritarismo como práctica. A pesar de esto, existe una tendencia ideológica general hacia la socialización de la tierra, en gran parte debido a la históricamente a la baja tasa de ocupación de la tierra por los kurdos en la región. La tierra, el agua y la energía son vistas como bienes públicos, que las asambleas municipales gestionan y controlan (Flach et al. 2015: 258). Circunstancias históricas han impedido una fuerte contradicción social, ya que la expropiación de la tierra en manos del estado sirio, que supone alrededor del 80% de la tierra cultivable en Rojava, permite un enorme abanico de posibilidades para la transformación hacia estructuras cooperativas después de la retirada del régimen. Esto no sólo está en consonancia con los principios ideológicos pero también con la necesidad de transformar y diversificar los cultivos alejándose del modelo semi-colonial de monocultivo impuesto por el régimen baazista.

Estructuras paralelas coexisten, sin embargo, con estructuras de empresas privadas, cooperativas y asambleas todas ellas colaborando en el proceso productivo. Al igual que el estado nacional y la autonomía local están pensadas para coexistir pacíficamente, también lo están la economía capitalista y la cooperativa: ‘El capital y la propiedad privada no está prohibida pero debe trabajar en favor de las comunas/cooperativas’ (Yilmaz 2014), complementándose la una a la otra. Los propietarios de tierra y de refinerías cobran precios comerciales y las asambleas no tienen interés en expropiarlas, tratando de integrarlas en la economía de guerra existente. Una cuestión permanece sobre la potencial colectivización de la economía en el escenario de post-guerra. Por tanto, el modelo no es contra la propiedad privada, pero la somete en favor del uso comunal, tratando de generar una sinergia entre el autogobierno democrático en las asambleas con los propietarios de empresas en las comisiones pertinentes (Biehl 2015).

Muchos propietarios de tierras grandes han sido cooptados por la economía social y de guerra antes que buscar la confrontación. Por tanto su producción no está basada en la exportación al mercado internacional sino hacia la satisfacción de las necesidades internas en consonancia con los requisitos de las asambleas. Esto constituye también una diferencia importante si lo comparamos con las regiones kurdas en Turquía en las que los terratenientes kurdos fueron cooptados por el estado a través de una “pacificación a través de una agricultura industrial orientada a la exportación en el sureste de Turquía, que no es ni ecológica, y que no garantizaba empleo seguro ni , desde una perspectiva del 2016, la paz. En Rojava, el 30% de los beneficios de la agricultura de las cooperativas van al mantenimiento de las asambleas para el suministro de los bienes públicos, mientras que el 70% permanece en las propias cooperativas, habitualmente compuestas de familias de combatientes caídos en combate (Flach et al. 2015: 258). Las familias individuales sólo pueden acceder a la tierra en casos excepcionales, evitando la formación de intereses basados en la propiedad de la tierra.

Ventajoso en términos de transformación social, determinados retos han surgido debido a la condición periférica y de productora de materias primas con poca capacidad para el procesamiento y transformación de éstas.  Estas capacidades se encuentran en las localidades no kurdas del territorio más al oeste que no está bajo control de Rojava. El trigo no puede ser convertido en harina, el crudo en diésel y así muchos otros productos. Algunos de estos temas han sido atajados, por ejemplo mediante la construcción de molinos para la producción de harina. Actualmente, sin embargo, cerca del 70% de la producción tiene que ser invertida en la economía de guerra, haciendo muy difícil la planificación a largo plazo y obstaculizando la transición hacia una sociedad en paz. Ni los cultivos ni la transformación de la propiedad son completas, a pesar de que la transformación empezó con la emergencia de Rojava en 2012 con, por ejemplo, el suministro de semillas por las recién formadas cooperativas. En este sentido el modelo se acerca a lo que Bookchin había soñado para cualquier sociedad orgánica: un régimen de propiedad basado en el uso y prácticamente usufructuaria.

Ideológicamente, al igual que en la práctica, el imperativo para toda la producción de Rojava es la seguridad alimentaria o mejor expresado la soberanía alimentaria. Esto requiere, primero y sobretodo, una rápida diversificación y en una siguiente fase mecanismos de rotación de cultivos como parte de una agricultura ecológica. Bajo el régimen baazista la producción era mantenida a propósito de baja productividad y dependiente de insumos industriales, asignando a los territorios al sur y al oeste leales al régimen la agricultura más productiva y, sobretodo, el procesamiento de mayor valor añadido.

La producción rural es planificada a través de los cantones, lo cual presenta retos para la autosuficiencia completa. Mientras que Cizire fue históricamente obligada a especializarse en cultivos básicos como el trigo, Kobane y Afrin poseen sobretodo frutales y oliveras. Estos dos cantones han conseguido grados de autosuficiencia muy altos, pero en la región fértil de Cizire, artificialmente desarrollada como la productora de trigo del régimen, partes importantes de la tierra que antes se dedicaban al cereal ahora han pasado a la huerta y a la producción de verduras para el mercado local. La producción de alimentos más allá de la subsistencia, como la ganadería están todavía subdesarrolladas y la dependencia de importaciones persiste, lo cual permite a los importadores monopolizar el mercado (Sulaiman 2015).

Otros elementos no relacionados con la agricultura son los oficios importantes para la reconstrucción, comercio y producción industrial organizadas en asociaciones similares a los gremios. Esto típicamente incluye la producción de jabón, aceite de oliva, construcción, textil, zapatos, canteras de mármol y hostelería. La producción industrial permanece descentralizada, manteniéndola dentro de formas de vida rurales o semi urbanas, al igual que la producción fabril no basada en la industria. Al contrario de la agricultura de subsistencia local, estos sectores tienen un interés claro por acabar con su aislamiento, ya que las importaciones y exportaciones son de alto riesgo y requieren el pago de sobornos a las fuerzas enemigas.

A pesar de que gran parte de la obra de Bookchin estaba dedicada a cuestiones como el urbanismo y la ecología, el desarrollo de la propiedad no ha sido uno de los ejes centrales de la economía de Rojava hasta ahora aun así la reconstrucción, especialmente en Kobane, ha sido significativa. Este sector ha comenzado a desarrollarse en respuesta a la demanda de viviendas en las zonas kurdas relativamente pacíficas, y la emigración de las clases medias urbanas no kurdas, especialmente desde Aleppo hacia Afrin (Yilmaz 2014). Las subidas de los precios resultantes fueron contrarrestadas por un boom en la construcción, parcialmente debidas a un levantamiento de las restricciones sobre la altura de los edificios del régimen. Un incremento de dos plantas puede ahora ser llevado a cabo a un precio relativamente bajo y de forma cooperativa. Sin embargo, la carencia de financiación actúa de tapón.

Debido a que todas las fronteras de Rojava están efectivamente selladas, el embargo de facto también afecta al acceso a los mercados e instituciones financieras. Esto también significa que la inversión extranjera no puede desestabilizar el desarrollo de una sociedad orgánica, ecológica y local. La ayuda y las donaciones del exterior, en parte enviadas por las redes de solidaridad internacionales,(4) pero también de propietarios de tierras ricos kurdos de Turquía, consiguen llegar a Rojava. Aun así se necesita financiación de bajo nivel y por ello se han creado bancos de las aldeas, pero el capital financiero y las tasas de interés están estrictamente prohibidas, dejando a Rojava como una economía primitiva basada en el dinero en efectivo.

A pesar del foco puesto sobre la producción orientada a la subsistencia local, los recursos energéticos permanecen siendo centrales, aunque potencialmente polémicos. Al principio, las zonas kurdas de Siria alrededor de Cizire suponían del 50 al 60% de la producción petrolera, sin embargo, al igual que con la producción de trigo, las refinerías estaban en otros territorios del estado donde se procesaba. Rojava considera el crudo como un bien público como el agua. Se han fundado cooperativas para la producción local de diésel, que es importante para la calefacción, el transporte la producción de electricidad y evidentemente para cuestiones militares.

En cualquier caso tienen la desventaja de contar sólo con métodos primitivos de transformación del crudo en petróleo, provocando una reducción de la vida de los motores y generadores que emplean este diésel. La demanda de partes sueltas para los motores y otros equipamientos es difícil de satisfacer en el marco de una economía aislada. A pesar de que los kurdos sirios han tomado el control de una gran cantidad de pozos de petróleo de las manos del ISIS en el este de Rojava, la incapacidad de refinarlo en grandes cantidades y para colocarlo colocarlo en el mercado internacional, ha provocado varios problemas medioambientales derivados de vertidos de petróleo (Russia Today 2016). Mientras tanto, las discusiones sobre el futuro de la explotación petrolífera continua tanto dentro como fuera de las estructuras de autogobierno de Rojava. La discusión acerca del potencial de las exportaciones petroleras y la redistribución de las ganancias generadas, permanece abstracta siempre que el embargo siga en pie. Desarrollar una economía basada en los hidrocarburos, sería también una contradicción directa con el pensamiento de la ecología social de Bookchin.

La discusión sobre como implementar la “economía social” y construirla sobre el modelo de la “ecología social” está todavía en marcha. Ha sido parcialmente puesta en práctica a través de las cooperativas, creadas usando la tierra del estado en retirada. Se ha diversificando la producción de Rojava, socializado los beneficios derivados del petróleo y generado una mayor autonomía en consonancia con la ecología social y en reacción a las condiciones geopolíticas derivadas del embargo impuesto por el KRG. Gran parte de la economía social está construido teniendo en cuenta las necesidades de la guerra en curso. Por ejemplo, los comandantes militares, antes que las asambleas toman algunas decisiones para poder satisfacer las necesidades inmediatas de las unidades en combate. Esto no sólo implica el consumo de recursos naturales, más peligroso es el hecho de que la situación permite que las viejas estructuras sobrevivan y puedan poner en entredicho el proyecto general de transformación social.

5.- Conclusión y perspectivas para Rojava

Las limitaciones con las que Rojava debe enfrentarse van desde el embargo y la agresión turca a las contradicciones internas que implican una economía basada en los hidrocarburos. Las condiciones geopolíticas sobre el terreno que han permitido la emergencia de Rojava son también las contradicciones sobre las que esta conclusión se centrará.  El rol del territorio en la coalición anti-EI y consecuentemente, el resultado de la confrontación entre Rusia y Turquía han jugado a favor de los kurdos del norte de Siria. Sin embargo, este éxito sumado al papel jugado por Rojava en el escenario geopolítico y la continuación de un elemento militarista fuerte en su experimento social, que surgió de la necesidad y la ambición, constituyen importantes limitaciones para el éxito del territorio.

Incluso si una paz y el acomodamiento de la autonomía kurda fuesen logradas, desmovilizar y transformar una sociedad que se ha liberado a través de medio militares, pero que también se ha transformado a sí misma bajo las condiciones del militarismo jerárquico, serán tareas titánicas. Una contradicción central del proyecto es que el objetivo principal de esta transformación social (la jerarquía) está profundamente arraigado en las condiciones de su emergencia debido a la necesaria militarización en condiciones de guerra. Este es un problema general, pero también afecta a otros de los ejes centrales del proyecto, fundamentalmente la emancipación de las mujeres y la ecología social, que están ligados a los procesos militarizados de la formación de estados.

En cuanto que la emancipación de las mujeres se articula con su participación en la lucha armada como alternativa viable al patriarcado, la relación entre democracia radical y ecología, bien desarrolladas en la teoría de Bookchin, pueden verse comprometidas por algunas de las dinámicas más convencionales en la formación estatal y su desarrollo. En particular, la promesa de riqueza derivada de la producción de petróleo, más allá del consumo local, generando un flujo de ingresos a través de la exportación, permanece como un punto de ruptura tanto social como ecológicamente. Informes de vertidos de petróleo recurrentes para mantener la infraestructura son señales preocupantes en este sentido. Incluso los pasos menos radicales como la agricultura ecológica, en la forma de rotación de cultivos y prácticas sostenibles en relación a las semillas están comprometidas, en este caso por la práctica de la producción de fertilizantes petroquímicos en nombre de la autosuficiencia y la soberanía alimentaria en tiempos de guerra.

Si las asambleas de Rojava son serias en este sentido y desean evitar los efectos destructivos sociales y medioambientales de la explotación de hidrocarburos y la utilización y extracción de rentas petroleras tendrán que poner una gran cantidad de recursos sobre el terreno para evitar jerarquías con las que quieren acabar. Durante el actual conflicto armado, sin embargo, una economía de guerra basada en los hidrocarburos y la producción masiva de alimentación son imperativas. Las necesidades de una sociedad que lucha contra una amenaza existencial coinciden en el tiempo o mejor dicho chocan con la delicada tarea de generar un nuevo proyecto social. En conclusión, la principal condición que permitiría a Rojava emerger (la coyuntura geopolítica) es también potencialmente su limitación más importante, no tanto externa o territorialmente sino en términos de su proceso de creación social.

A pesar de estos potenciales puntos de ruptura, es notable que esta transformación esté sucediendo en una región en la que la esperanza brilla por su ausencia. La diplomacia convencional o incluso el intervencionismo militar parecen incapaces de superar la crisis estructural en Oriente Medio y el orden interestatal posterior a la primera guerra mundial. Las lineas del conflicto se han hecho complejas, dejando a los observadores confusos y a los políticos lidiando con elecciones imposibles. El experimento socio-político de los kurdos en Siria y sus implicaciones prácticas han generado una hoja de ruta para la transformación, aunque sea en términos abstractos, de toda la zona.  El haber pasado de ser jornaleros sin tierra a una fuerza militar que los EEUU y Rusia apoyan al mismo tiempo está históricamente condicionada. En otras palabras, el terreno fértil para el desarrollo de las ideas de Bookchin y Ocalan, es decir, la ausencia de intereses creados y estructuras de poder domésticas en las regiones kurdas, son el resultado de un subdesarrollo impuesto de años de regímenes baazistas.

No se puede esperar que las condiciones sociales sean las mismas en otros territorios. Por ello, somos escépticos sobre el carácter del modelo de la revolución de Rojava y su potencial para ser copiado en otras regiones. A pesar de ello, el paradigma del autogobierno democrático, la inclusividad étnica, el feminismo y la ecología social pueden dar contribuciones positivas a las discusiones sobre el futuro de Siria y el Oriente Medio. Dadas las tendencias de homogeneización étnica y autoritarismo en Siria y la región en general, la supervivencia de Rojava supone incuestionablemente un rayo de esperanza para las víctimas de la descomposición política actual en Oriente Medio.

(1) Debe constar que cuando Tall Abyad (Girê Spî en Kurdo) fue liberado del EI y se convirtió en una unidad administrativa de Kobane, los cantones de Cizire y Kobane fueron unidos, a pesar de que Afrin continua cortada del oeste de Kobane, con el EI- y Jabhat al-Nusrah- controlando el territorio en medio. Las SDF han llevado a cabo operaciones desde Afrin para eliminar a elementos de Al-Nusrah de en medio.
(2) Para una traducción completa en Inglés de la Constitución de la RAA ver Çiviroglu (2014).
(3) Una descripción completa del sistema de justica de Rojava puede ser encontrada en  Ercan Ayboga (2014a).
(4) Dada la efectividad del embargo, las comunidades donantes no consiguen hacer llegar su apoyo. Organizaciones anarquista, de izquierdas e incluso liberales y humanitarias han dado apoyo económico y a veces incluso ayuda física para la reconstrucción. Por ejemplo, ver Plan C www.weareplanc.org/blog/rojava-solidarity-cluster­opening-statement/.

 

Fuente: Kurdish Question, publicado originalmente en IDS Bulletin 

Autores: Can Cemgil y Clemens Hoffmann

Fecha de publicación del original: 03/05/2016

Traducido por Rojava Azadi

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