Los kurdos de Siria por fin pueden leer novelas extranjeras en su lengua

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Todas las fotografías han sido extraídas de Kurdistán América Latina

Sentado en una oficina de Qamishli, una localidad de mayoría kurda del noreste de Siria, Abdo Shehu, feliz, mira los ejemplares de la primera novela occidental en kurdo disponible en Siria.

Se trata de la novela Nieve, del francés Maxence Fermine, primer fruto del ambicioso proyecto de traducir obras de la literatura internacional a un idioma que hasta hace poco estaba prohibido en Siria.

Abdo Shehu, de 29 años, forma parte del proyecto “Hunar” (“granada”, en kurdo), lanzado hace dos meses para traducir literatura al kurdo en las regiones de Siria pobladas mayoritariamente por este grupo.

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Durante años, el gobierno sirio prohibió el uso del idioma kurdo en comunicaciones oficiales y su enseñanza en la escuela. Tampoco permitía la publicación de revistas o libros en kurdo. Las restricciones se enmarcaban en un amplio programa de vetos para los kurdos, que constituían alrededor del 10% de la población siria de antes de la guerra. Se les privaba incluso de la nacionalidad siria.

“Pasé tres meses en una cárcel de Damasco en 2009 y me amenazaron con expulsarme de la universidad porque me sorprendieron con libros en kurdo”, explica Shehu. “Nuestra lengua y nuestra cultura estaban prohibidas por el autoritario partido Baas, que quería deshacerse de los kurdos y de su cultura”, agrega.

Sin embargo, el gobierno central de Siria ya no tiene mucha influencia en las regiones de mayoría kurda del país, en el norte y el noreste. El régimen sacó a sus fuerzas de seguridad de las regiones de mayoría kurda en 2012, un año después que estallaran las protestas contra el presidente, Bashar Al Asad. Y, desde entonces, los kurdos han ido lidiando entre el gobierno y los rebeldes, mientras se esforzaban por construir una región semiautónoma.

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Los funcionarios kurdos han recuperado su idioma, introduciendo el dialecto Kurmanji de su lengua en el currículo escolar y restableciendo los nombres kurdos de pueblos y aldeas.

Ya se han traducido tres obras más con este proyecto, incluyendo La epopeya de Gilgamesh, un poema de la antigua Mesopotamia y una de las escrituras conocidas más antiguas del mundo, desde el árabe, y un estudio del pueblo kurdo, del inglés, que pronto se publicarán.

Las obras son escogidas por un comité que sopesa varios criterios, como si la obra es relevante para la vida kurda.

Se trata de una iniciativa sin ánimo lucrativo y financiada por donantes privados, mientras que los traductores trabajan de forma voluntaria.

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La versión traducida de Snow ya está a la venta por 1 dólar, lo suficiente para cubrir los gastos de impresión, según Shehu.

Después de la traducción, cada trabajo es revisado por un comité antes de ser aprobado. Este grupo intentó, en vano, contactar con Fermine para obtener los derechos de autor antes de empezar a publicarlo.

Tras décadas de marginación, en la actualidad muy pocos autores kurdos escriben en su lengua materna, lo que lleva a ávidos lectores como Shehu a traducir trabajos de otros idiomas.

“Solo hay muy pocos autores que escriban literatura en kurdo”, señala el escritor Hussein Zido, de 45 años. “Nunca se les han dado a los kurdos sus derechos culturales, sociales o políticos en su larga historia en Oriente Medio”, afirma.

Además, Malfa Ali, uno de los fundadores del proyecto, también está compilando cuentos tradicionales kurdos y canciones para imprimirlos. Este hombre, de 37 años, asegura que ha pasado largas horas recogiendo estas historias directamente de quienes las cuentan.

“Empezaremos juntando todas las historias que se cuentan en la zona y luego, pasaremos a las canciones”, explica.

El proyecto también espera poder producir, un día, un diccionario completo del kurdo, que incluya palabras y expresiones idiomáticas.

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Las áreas kurdas han vivido un renacimiento cultural desde 2012, con la aparición de nuevas asociaciones culturales y revistas.

Las autoridades sirias obligaron al cierre de la revista kurda Sormi, publicada en árabe, en 2008, pero en 2015 el medio abrió de nuevo y ahora publica en kurdo.

“El idioma kurdo es lo primero que hay que proteger. Nunca se le ha dado una oportunidad, pese a representar la identidad de un pueblo entero”, indica Abbas Musa, miembro del equipo editorial de la revista. “Estamos luchando para ofrecer algo diferente y variado a aquellos que se interesan por la cultura”, dice, refiriéndose a la revista, que se publica en Qamishli y se distribuye en otras dos ciudades.

Musa, de 31 años, confiesa esperar que la publicación de artículos dirigidos a intelectuales en kurdo sirva para mostrar que su lengua materna “no es débil”.

En la revista también se publican cuentos para niños, traducidos del inglés, como Blancanieves y los siete enanitos.

El editor encargado, Bahar Murad, de 39 años, dice que quiere ver a los niños leyendo en su lengua. “Me pidieron que tradujera Caperucita roja”.

Fuentes: La información y Kurdistán América Latina

Fecha de publicación del original: 06/02/2017

 

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