Newroz y la epopeya de Kawe, el herrero

 

El relato más popular sobre el Newroz remonta sus orígenes a la epopeya de Kawe (Kawa) y su rebelión contra Zuhak (Dehak). Este último era un monarca extranjero que había conquistado el Kurdistán y que puso en marcha una serie brutal de estrategias para mantener su control sobre el territorio. De sus hombros surgieron dos serpientes que requerían ser alimentadas diariamente con los cerebros de jóvenes de ambos sexos. Muchos fueron sacrificados de esta manera hasta que los cocineros, cuyo deber era saciar a las serpientes, se sintieron impelidos a salvar a algunos de ellos, sustituyendo su cerebro por el de ovejas. Los supervivientes gracias a esta artimaña se refugiaron en las altas montañas, donde fundaron la nación kurda. Posteriormente, Kawe, el herrero, que había perdido a dos de sus hijos por las serpientes de Zuhak, movilizó a los jóvenes formando un poderoso ejército con el fin de liberar a su patria. Después de su ataque final contra Zuhak, en el que lo mataron y expulsaron a su ejército, las tropas de Kawe encendieron hogueras en las montañas para celebrar su victoria sobre la tiranía extranjera. Se dice que el día del triunfo de Kawe sobre Zuhak fue el 21 de marzo, en el que celebra el Año Nuevo Kurdo, el Newroz. Pero, como expongo en este artículo, ésta es sólo una leyenda escrita por un poeta persa, Firdausi, sin relación alguna con la verdadera épica de la rebelión de Medes y la destrucción del imperio asirio, que allanó el camino para la creación del imperio medo.

Según el «padre de la historia», Herodoto, los asirios dominaron el conjunto de Asia durante 525 años[i]. Algunos historiadores han sostenido que mantuvieron su reinado por la fuerza mediante un genocidio anual [ii]. Cuando los medos organizaron su exitosa rebelión y pusieron fin a este orden de asesinatos en masa, establecieron un precedente para otros pueblos que vivían bajo el yugo asirio, quienes luego siguieron su ejemplo y lograron su liberación[iii]. A pesar de que el imperio asirio fue empujado de vuelta a la ciudad de Ninawa, parece haber generado un constante estado de inseguridad en sus estados vecinos. Debido a esto, uno de los reyes medos, Kiyaksar, en colaboración con su homólogo babilónico, Nabopolassar, invadió Ninawa. Tras la destrucción total de la ciudad en 612 a.C. y el asesinato del último rey asirio, Sinsharishkun, eliminaron definitivamente el estado asirio.

El historiador ruso Igor Diakonov sostiene que estos hechos marcaron un hito en la historia de los medos. Previamente, durante la invasión asiria, habrían adoptado un enfoque defensivo, retirándose a sus fortalezas en las montañas. Sin embargo, a partir de ese momento, adoptaron una estrategia proactiva, atacando a su enemigo en su propia capital y destruyendo el último vestigio del más formidable imperio antiguo[iv]. Esto allanó el camino para el establecimiento del imperio medo, que se convirtió en el dueño de Asia, incorporando los territorios y poblaciones persas y asirias[v].

A pesar de que el imperio medo no duró el tiempo suficiente para dejar una importante marca en la civilización, si contribuyó a asentar los cimientos de la civilización persa. Como indican dos historiadores de reputación, Will y Ariel Durant, los medos aportaron a los persas su idioma, su alfabeto de treinta y seis caracteres, su religión zoroastrista, su sustitución de la arcilla por el pergamino y la pluma como material de escritura, su uso extensivo de columnas en la arquitectura y un corpus de derecho administrativo con el cual dirigir un imperio[vi].

Herodoto probablemente tenía razón al afirmar que la exitosa rebelión de Medes sirvió de fuente de inspiración para que otros pueblos subyugados se levantaran contra la ocupación extranjera[vii]. Dada la longevidad del imperio asirio, 525 años, y la brutalidad con que contenían a las poblaciones bajo su dominio, cualquier levantamiento exitoso contra él sin duda habría inspirado a otros a la rebelión. Para demostrar este punto, echemos un vistazo a un caso moderno. Cuando el ejército republicano irlandés (IRA) en 1922 ganó la guerra de la independencia nacional contra el imperio británico, que alcanzó su culmen de 1850 en adelante, inspiró, a lo largo del siglo XX, a otras naciones dominadas a seguir su estela. Los personajes más prominentes entre los influidos por la revolución irlandesa fueron Ho Chi Min y Jawaharlal Nehru, líderes vietnamita e indio respectivamente. Dado que la supremacía asiria fue mucho más longeva que la británica, cuatro o cinco veces ésta última, se puede imaginar el impacto que pude tener la destrucción de una hegemonía omnipotente y omnipresente en las generaciones siguientes, incluidas las poblaciones no árabes de Mesopotamia e Irán que más tarde experimentaron la conversión forzosa al Islam.

La invasión árabe de Mesopotamia y Persia, que señaló el comienzo de una nueva era marcada por la asimilación violenta de las poblaciones no árabes por la cultura árabe, despertó entre muchos los sentimientos “nacionalistas”. Entre éstos, el poeta épico persa Firdausi se señala como el más prominente. Atento a la asimilación gradual de la cultura persa y las violentas conductas subyugantes del ejército islámico, Firdausi trató de recordar a los invasores árabes, entre otros, el carácter resiliente de las poblaciones de la región frente a la conquista extranjera. En su esfuerzo por representar esta singularidad, recurrió a la resistencia de los medos y su triunfó sobre el imperio asirio. Sin embargo, mientras reconstruye este episodio, Firdausi cuenta una historia completamente diferente [a la realidad].

En primer lugar, reduce al rey de Medes y al fundador del imperio medo, Kiyaksar, a Kawe el herrero. Con todo mi respeto por la profesión de herrero, el intento de Firdausi supone un caso obvio de “reduccionismo metodológico” para reducir a un rey al status de un herrero. Si bien este tipo de reduccionismo es problemático en sí mismo, resulta también un ejemplo insidioso de contorsión y evisceración históricas, cuando se lleva a cabo para condescender con los “otros” y, en consecuencia, mejorar el “propio” status. La razón de este argumento es que en esa rebelión no hubo ninguna figura persa llamada Fereydoun, a quien Firdausi asciende a la condición de rey, reduciendo a Kawe a la condición de soldado sumiso.

En segundo lugar, Firdausi convierte al último rey asirio, Sinsharishkun, en un gigante llamado Zuhak, colocando dos feas serpientes en sus hombros. Aquí, pudo haber intentado dibujar una imagen apropiada de las atrocidades que los reyes asirios cometieron contra los pueblos que subyugaron. Puesto que Firdausi no fue ni historiador ni teórico político, no puede ser objeto de nuestra crítica. Como mencioné anteriormente, se trataba de un poeta épico que trató de reconstruir un acontecimiento histórico desde su propia perspectiva “nacionalista”.

En tercer lugar, cuando los ejércitos medos y babilonios ocuparon Ninawa en 612 a.C., los primeros dejaron la ciudad y se retiraron a sus territorios montañosos. Sin embargo, cuando Firdausi reconstruye este hecho, la primera y única impresión que transmite a su audiencia es que como Kawe era de un status inferior, al tratarse de un simple herrero sin preparación para el gobierno, no tuvo más opción que transferir el dominio a Fereydoun. Sostengo que tal reconstrucción de este antiguo acontecimiento no es otra cosa que una pura distorsión de los hechos históricos, puesto que todas las evidencias confirman que hasta 539 A.C., es decir, 73 años después de la rebelión de Medes, Babilonia era un estado independiente. Fue sólo en ese año, 539 a. C., cuando cayó bajo la dominación persa, con la ocupación de la ciudad por Ciro, quien propició la famosa liberación de los judíos para regresar a Israel.

La pregunta que nos planteamos aquí es: ¿cómo esta epopeya ha encontrado su camino en el discurso nacional kurdo, aportando un carácter tan revigorizante? La primera persona que básicamente plagió la epopeya fue Şerefxan Bidlîsî, príncipe del Principado de Bidli. Lo que resulta más notable es que, siguiendo a Firdausi, Şerefxan rastrea los orígenes de los kurdos hasta esos jóvenes a quienes los cocineros de Zuhak se negaron a matar, enviándolos a esconderse en las montañas, donde fundaron el pueblo kurdo y, bajo la dirección de Kawe, terminaron con el reinado de Zuhak[viii]. De acuerdo con esta epopeya, por tanto, la historia de la categoría social ahora conocida como “kurdos” se remonta a hace alrededor de 2.629 años, o probablemente unos pocos años antes. Sin embargo, un buen corpus de investigación arqueológica nos dice que fue hace 11.000 años cuando los montañeses de Zagros del Kurdistán completaron la revolución neolítica, durante la cual inventaron la agricultura y la domesticación de animales [ix].

Aparentemente, Şerefxan vivió en el siglo XVI, un período que pudo haber sufrido la escasez de fuentes históricas y arqueológicas. Más importante aún, había trabajado tanto en los tribunales otomanos como en los persas, donde podría haberse sentido abrumado por la representación dominante de la historia y los orígenes kurdos. Así, por esta razón entre otras, no seríamos justos al criticarle por la reproducción de una falsa interpretación de su pueblo. Sin embargo, lo que es realmente desconcertante en el siglo XXI es la falta de un intento concreto por rectificar esta evisceración histórica. Por otra parte, ¿por qué una figura heroica como Mezlûm (Mazlum) Dogan, que celebró en la prisión de Amed el Newroz de 1982 mediante su auto-inmolación, se ha reducido a una figura ficticia construida por “otros” para promover la reificación de ellos mismos?

Si la epopeya de Kawe es un componente indispensable en la construcción de la identidad nacional kurda, como lo fue la de Guillermo Tell en la de la identidad suiza, uno debería repensarse su preservación en el discurso nacional kurdo. Pero si no, el mantenimiento de esta epopeya equivale a apuñalarse por detrás.

Repasando la historia suiza, se puede ver que la épica de Guillermo Tell tiene un sorprendente parecido con la de Kawe. Pero, en contraste con esta última, que fue construida por “otros”, la de Guillermo Tell es producto de los propios suizos [x]. La razón proviene de que las poblaciones suizas no tenían una característica común alrededor de la cual formar una plataforma unificada contra los romanos, o construir una identidad nacional coherente, pues se habían dividido entre parlantes alemanes, franceses, italianos y románicos, cada uno de los cuales quedó dividido por su adhesión católica o protestante. Su territorio, además, estaba dividido entre 25 (ahora 26) cantones, cada uno de los cuales era administrado por una ley consuetudinaria discreta. La falta de un atributo nacional común, por lo tanto, parece haber obligado a los suizos a recurrir a una esfera mitológica, a crear algo en lo que todos pudieran encontrarse: William Tell.

Sin embargo, los kurdos no sólo no sufren esa falta, sino que tienen un lenguaje común y un solo territorio, pero también poseen la verdadera historia de la rebelión de Medes, dirigida por el rey kurdo Kiyaksar, en colaboración con el rey de los babilonios, Nabopolassar, en contraposición a un herrero llamado Kawe, dirigido por su “rey de reyes” persa inventado, Fereydoun. Una cuestión que no debe escapar a nuestro análisis es que cuando los kurdos recuentan la epopeya tienden a excluir a Fereydoun, y cuando los persas describen el acontecimiento, minimizan a Kawe como mero soldado de Fereydoun, censurando a los kurdos por su omisión de este último.

Para concluir, creo que ha llegado el momento de que el pueblo kurdo, en particular el Movimiento por la Libertad Kurda, restablezca la connotación política del Newroz, pasando de un festival privado a un espacio público masivo de resistencia nacional contra la ocupación extranjera, para rectificar esta evisceración histórica y otorgar el verdadero valor a la rebelión real que tuvo lugar, en lugar de recurrir a la reproducción ficticia de una creación sesgada de un proto-nacionalista persa.

[i] Herodotus. Histories (Hertfordshire: Wordsworth, 1996) p. 45.

[ii] See Mann, Michael. The Dark Sides of Democracy: Explaining Ethnic Cleansing (Cambridge: Cambridge University Press, 2005) p. 40. Also, Van De Mieroop Marc. A History of the Ancient Near East (Oxford: Blackwell, 2004) p. 230-31-33.

[iii] Herodotus, 1996. p. 46.

[iv] دیاکۆنۆڤ، ایگور. میخائیلوویچ. تاریخ ماد (تهران: انتشارات علمی و فرهنگی، ١٣٨٨) ص ٢٤٨.

[v] Herodotus, 1996, p. 48-9-50; Diakonov, 2009, p. 248-72-3-84.

[vi] Durant, Will. The History of Civilization I: Our Oriental Heritage (New York: Simon & Schuster, 1954, [1935]) p. 351.

[vii] Herodotus, 1996, p. 46.

[viii] بیدلیسی شەڕەفخان. شەڕەفنامە: مێژووی ماڵە میرانی کوردستان، چاپی سێهەم، وەرگێڕانی مامۆستا هەژار (هەولێر: ئاراس، ٢٠٠٦) لاپەڕی ١٩-٢٠-٢١.

[ix] Ucko and Dimbleby 1969; Berg and Protsch 1973; Wright 1969; cited in Izady, Mehrdad. The Kurds: A Concise Handbook (Washington: Taylor & Francis, 1992) p. 23-4; see also Service, E.R. Origins of the State and Civilization; The Process of Cu[ix]ltural Evolution (New York: W.W. Norton & Company, 1975) p. 204

[x] Linder Wolf. Swiss Democracy: Possible Solutions to Conflict in Multicultural Societies, Third Edition (New York: Palgrave McMillan, 2010) p. 20

Fuente: KurdishQuestion

Autoría: Kardo Bokani

Fecha de publicación del original: 21/03/2017

Traducido por Rojava Azadî

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