Cómo se está transformando el Estado Islámico (ISIS/Daesh)

Por qué las predicciones de su desaparición eran prematuras


El siguiente artículo fue publicado en el mes de septiembre de 2017. Aunque ciertos aspectos son historia, el fondo de la cuestión sigue en plena vigencia. Y ciertas predicciones han resultado proféticas. Por estas razones hemos considerado interesante publicarlo ahora en castellano en nuestro blog.

Fuente: FOREIGN AFFAIRS

Autor: Colin P. Clarke

Fecha: 25/09/2017

Traducido por Rojava Azadi Madrid

foreign
MUHAMMAD AHMED / REUTERS Un miembro de las fuerzas de seguridad iraquíes en la mezquita del Profeta Jonás (Nabi Yunus) al este de Mosul, Irak, abril de 2017.

Poco más de tres años después de que el Estado Islámico (o ISIS) irrumpiera en el escenario mundial adueñándose con violencia de grandes franjas de territorio a lo largo de Irak y Siria, la campaña para contrarrestar al grupo ha conseguido avances notables. Sin embargo, las predicciones que hablaban de su desaparición definitiva son prematuras. El mundo está siendo testigo de la transición y, en muchos aspectos, de la degeneración de una organización insurgente con una sede fija a una red terrorista clandestina dispersa por toda la región y el mundo.

DE REGIONAL A GLOBAL

Las fuerzas de seguridad iraquíes han expulsado a combatientes del ISIS de ciudades clave que antes estaban bajo su control. Entre ellas, Faluya, Ramadi, Tal Afar y recientemente Mosul, que han servido como importantes bases de operaciones de los insurgentes durante estos últimos tres años y medio. Al otro lado de la frontera, en Siria, las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF), apoyadas por Estados Unidos, aseguran haber retomado casi el 80% de Raqqa, sede principal del ISIS y corazón de su llamado califato. En las últimas semanas, militares y fuerzas rusas leales al régimen del presidente Bashar al-Assad han luchado por hacerse con Deir Ezzor, antigua fortaleza del ISIS en Siria. Su ubicación estratégica, próxima a la frontera iraquí, ha sido utilizada como centro logístico para introducir de contrabando refuerzos a los insurgentes.

No cabe duda de que el mosaico de fuerzas desplegadas contra el ISIS goza actualmente de gran impulso. Los ataques aéreos estadounidenses destruyen sistemáticamente objetivos del ISIS, entre los que se incluyen grupos de combatientes refugiados en posiciones de combate fortificadas con pocas posibilidades de fuga. Según el general de brigada estadounidense, Andrew Croft, el liderazgo del ISIS está «más fracturado y es menos robusto, más débil y esporádico» en el momento actual del conflicto. También existen informes sobre disidentes y luchas internas dentro de sus filas, así como sobre la baja moral que aflige a la organización a medida que el fracaso de su proyecto de construcción de un estado se hace patente a los ojos de todos.

El ISIS se está viendo obligado a cambiar de estrategias y tácticas, pero se ha preparado proactivamente para la siguiente fase del conflicto. En resumen, está pasando de ser una organización insurgente a ser un grupo terrorista. Las organizaciones insurgentes poseen y se adueñan de territorio, pueden imponer su soberanía sobre la población, operar al descubierto como unas fuerzas armadas y emprender movilizaciones de masas. Los terroristas no pueden hacer nada de todo eso. En su lugar, los terroristas llevan a cabo atentados con miembros que operan en pequeñas células y rara vez retienen territorio. Cuando lo hacen, es por un período muy breve de tiempo.

Como resultado de su transición, los actos violentos perpetrados por el ISIS deberían estar mucho menos concentrados y más dispersos. El grupo seguirá operando de forma clandestina en zonas desérticas al este de Siria y al oeste de Irak en un futuro inmediato y confiará en tácticas de guerrilla clásicas, como francotiradores, emboscadas, ataques relámpago, coches bomba y atentados.

La erradicación ininterrumpida del ISIS de la región es probable que solo pueda conseguirse en colaboración con las fuerzas de seguridad locales, policía y ejército, capaces de operar en enclaves de predominio sunita de Irak y Siria. Este tipo de unidades están totalmente ausentes en Siria. Y, allí donde existen en Irak, son con demasiada frecuencia de carácter sectario y, por lo tanto, poco efectivas a corto plazo y contraproducentes a largo plazo. Según encuestas recientes en Irak, el 22% de los árabes suníes iraquíes no confían en que el gobierno los trate como trata a los chiitas árabes, lo cual es un inicio pesimista para el futuro de las relaciones sectarias y crea en potencia un terreno abonado para que la influencia del ISIS arraigue en el futuro.

La transición de la insurgencia al terrorismo llevará al ISIS a traspasar recursos con los que reforzar sus delegaciones existentes en Afganistán, Libia, Yemen y la península egipcia del Sinaí en Egipto. Al mismo tiempo, intentará introducirse en otros estados fallidos y territorios sin gobierno que simpatizan con su ideología salafista-yihadista, desde el norte del Cáucaso hasta el sudeste asiático.

Un año después de perder el control de la ciudad de Sirte, en Libia, los combatientes del ISIS se han reagrupado en pequeñas células clandestinas repartidas por todo el país, desde Sabrati y Ben Walid, al norte, hasta Ubari y Ghat más al sur. Aunque Al Qaeda en la península arábiga es la mayor amenaza a su estabilidad, el ISIS parece tener intención de establecer su presencia en el país, al que considera un frente esencial en su campaña global, sobre todo por su situación fronteriza con Arabia Saudí. Además de establecer un califato, el ISIS pretende a la larga expulsar al régimen de Riad, al que tiene por corrupto y apóstata y, después de derrocar a la casa de Saud, colocar al frente a sus propios seguidores, a los considera los adecuados y justos guardianes de dos de los lugares más sagrados del islam suní.

En Afganistán, el ISIS ha hecho crecer su red de modo sustancial a lo largo del pasado año y ha asumido la autoría de un número de atentados sectarios con gran número de bajas. Entre ellos, el atentado suicida contra una mezquita chií en Kabul a finales de agosto. Sus actividades terroristas están aumentando al norte de la península egipcia del Sinaí, a pesar de los miles de millones de dólares que Estados Unidos ha concedido al gobierno del presidente Abdel Fattah el-Sisi para la lucha antiterrorista. A mediados de septiembre, 18 agentes de policía fueron asesinados en un atentado del ISIS con coche bomba en el Sinaí. El grupo ha hecho incluso incursiones más allá del sudeste asiático, donde fuerzas leales al ISIS han tomado parte en una sangrienta campaña contra las fuerzas de seguridad filipinas en Marawi y han surgido centros de reclutamiento del ISIS en internados islámicos de Indonesia.

Parte de la estrategia revisada del ISIS es probable que incluya un enfoque rejuvenecido en la planificación y ejecución de espectaculares atentados en Occidente. En parte, como esfuerzo para atraer la atención y demostrar que el grupo, si acaso, resiste frente a la represión. Con este objetivo, el ISIS puede depender en gran medida de Turquía como centro logístico y utilizar la proximidad geográfica del país a Europa como vía para los militantes que pretendan infiltrarse en el continente. En mayo y agosto pasados, el número de atentados terroristas del ISIS en Europa alcanzó los dos dígitos, aunque el grupo perdió más territorio, lo cual quizá sea una prueba más de que el grupo acepta la transición de la insurgencia al terrorismo.

El ISIS seguramente seguirá utilizando comunicaciones encriptadas para dirigir sus atentados terroristas en el extranjero, incluso aunque se transforme en un ente menos centralizado. Este elemento virtual seguramente adquirirá mayor importancia cuando el grupo exhorte a sus seguidores de todo el mundo a cometer actos violentos en su nombre hasta que el califato sea instaurado en un futuro aún por determinar. Los gobiernos deben responder con estrategias antiterroristas globales que impliquen una combinación de iniciativas políticas, desde aumentar la información que comparten agencias de inteligencia y seguridad hasta programas, bien financiados y dotados de personal, centrados en contrarrestar el extremismo violento.

Como han señalado recientemente los expertos en terrorismo Charlie Winter y Haroro Ingram, el ISIS también ha visto aumentar sus adeptos al etiquetar de éxito sus fracasos. Su versión del atentado del 15 de septiembre en la estación de Parsons Green, en Londres, no fue que la bomba del metro no había conseguido matar a ningún pasajero aquella mañana, sino que el grupo había sido capaz de atacar al Reino Unido por cuarta vez en seis meses. Occidente ha fracasado lamentablemente en la batalla de la información y ha permitido en repetidas ocasiones que el ISIS y otros grupos terroristas tengan la iniciativa a la hora de promocionar su propaganda. Los gobiernos occidentales tienen que invertir muchos más recursos en comunicaciones estratégicas y operaciones de información dirigidas a mitigar el impacto de los mensajes terroristas

LA ESTRATEGIA CORRECTA

Reconocer la transición del ISIS de una organización insurgente a una red terrorista es vital para diseñar la estrategia correcta y asignar los recursos adecuados necesarios para emprender su derrota definitiva. Tal como la insurgencia y el terrorismo no son iguales, los objetivos de la lucha contra la insurgencia y el antiterrorismo también son diferentes. Los distintos enfoques para combatir adversarios muy adaptativos exigen una combinación diferente de herramientas, militares, policíacas, diplomáticas y económicas para contrarrestar con eficacia la cambiante campaña de violencia del ISIS.

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