Trabajos de mierda, renta básica, Kurdistán… Entrevista a David Graeber

Fuente: Sin permiso
Fecha: 18 mayo 2018
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Desde la utopía kurda hasta el tirachinas que supone el concepto de la «caring class», el antropólogo David Graeber continúa interesándose por los mundos que se están construyendo y las revueltas que se están promoviendo. ¿Podemos leer las movilizaciones sociales actuales a la luz del concepto de cuidado? ¿Y cómo reinventar un sujeto de emancipación que tenga en cuenta los cambios en el trabajo? David Graeber es antropólogo en la London School of Economics. Esta figura de Occupy Wall Street se hizo famosa con su libro titulado ‘La Deuda, los primeros 5.000 años’, que ha vendido cientos de miles de copias, y Mediapart ha aprovechado para organizar un encuentro entre él y el economista Thomas Piketty.
David Graeber ha visitado varias veces la Rojava kurda, donde, según él, se está creando una utopía política cercana a la «antropología anarquista», cuyo camino busca como intelectual y como activista. Para Mediapart, regresa de nuevo a la situación de este territorio amenazado por la ofensiva turca en Afrin.

También desarrolla, como una extensión de sus textos sobre burocracia y sobre los  «trabajos de mierda», lo que él llama «caring class». Para él, se hace necesario redefinir los contornos y la imaginación de la clase obrera, sobre bases menos productivistas y más feministas, si se quiere pensar en las revueltas y la emancipación del mañana.

¿Cómo defines la «caring class»?

La idea es volver a imaginar a la clase trabajadora. Estábamos atrapados con la noción de producción. El trabajo siempre se ve como productivo. Esta visión tiene orígenes teológicos: los humanos deben trabajar porque han desobedecido a Dios y nuestro castigo es imitarlo de esta manera terrible. Estamos a cargo, pues, de construir nuestras vidas, pero dentro del sufrimiento y la miseria. Los humanos deben producir su alimento cultivando la tierra con dolor, así como las mujeres deben parir con dolor.

Sin embargo, cuando lo piensas, solo haces un vaso una vez, mientras lo limpias mil veces. La mayoría de las veces, trabajar no se trata tanto de hacer algo, sino de mantenerlo, arreglarlo, limpiarlo, moverlo …

En el siglo XIX, el movimiento obrero logró difundir la teoría del valor, un valor creado por el esfuerzo humano. Si lees los textos publicados en los Estados Unidos en el siglo XIX, todos parecen marxistas. ¡Incluso Abraham Lincoln se expresa como un marxista! Escribe cosas como, «El capital proviene del trabajo». Una de mis citas favoritas es la de un reverendo que viajó al oeste en la década de 1870. Describe a mineros y obreros en Oregon y Arizona diciendo que «solo se escuchan las doctrinas ateas de Engels y las teorías socialistas de Karl Marx». Y en ese momento, me digo a mí mismo: ¡eso nunca se escuchó en las películas del Oeste! Nunca se ve a los vaqueros discutiendo la teoría del valor. Pero de hecho, sí, lo hicieron.

La idea del trabajo productivo ha recorrido un largo camino. Luego vino la idea de que el valor no es lo que produces, sino lo que consumes. Sin embargo, es la idea de que el trabajo es productivo lo que permitió esta evolución. Entonces, cuando hablamos de «creadores de riqueza», la mayoría de las personas piensa que estamos hablando de los ricos y no de los trabajadores. Si el trabajo es la producción y la producción es el trabajo en la fábrica, entonces hay personas que pueden decir que no hay clase trabajadora ahora que las fábricas se marcharon de Estados Unidos y Europa. Como si unos androides bien diseñados estuvieran conduciendo los autobuses y limpiando las casas.

¿Por qué estamos tan equivocados sobre el trabajo? ¿A pesar de que sin embargo siempre ha habido personas cuyo trabajo ha sido cuidar de otros seres humanos, plantas o animales? Recientemente, hubo una huelga en las estaciones del metro de Londres contra un plan para cerrar los mostradores donde se venden los billetes. La gente dice que ya no lo necesitamos. Los marxistas dicen: «Esos son trabajos de mierda, ¿verdad? ¿Por qué defender estos trabajos?» Los sindicatos tuvieron una excelente respuesta en cuanto a que «si tomas el metro en estaciones de tren sin personal, esperamos que tu hijo no se pierda, y que en caso de emergencia encuentres la salida fácilmente». Porque, de hecho, ese es su verdadero trabajo. No vender billetes. Su trabajo es preocuparse por las personas, ocuparse de las disputas que surjan, asegurarse de que todo funcione bien. Una gran parte del trabajo que la clase trabajadora siempre ha hecho, no ha sido reconocido por lo que en realidad era.

Entonces comencé a preguntarme: ¿por qué no pensar en una teoría del valor que comenzaría a partir de este trabajo de cuidado? ¿De la idea de que el cuidado es el principal paradigma para entender qué es el trabajo?

Eso es lo que las feministas han estado diciendo durante décadas: el trabajo no se trata solo de producción, sino de reproducción. Como mujeres y madres, son trabajadoras oprimidas…

Según un estudio británico, el 49% del trabajo realizado es no remunerado. Estoy muy atento a esa teoría feminista. Si reemplazamos la producción por el cuidado en la teoría del valor, ¿cuál sería el resultado? ¿cuál es el equivalente del consumo para el trabajo productivo? Creo que es la libertad. Una definición del trabajo de cuidado sería entonces: trabajo cuyo objetivo es mantener o aumentar la libertad de otra persona. Esto es lo que haces cuando cuidas a tu hijo: quieres darle lo que necesita para que sea lo más libre posible. Y eso es exactamente lo que hace cuando esta jugando. Marx dijo: bajo el comunismo, el trabajo será decidido por uno mismo y será ese su propósito. Esta es la definición del juego.

Hablas de una revuelta de la clase de los que «se ocupan del cuidado», a la que llamas la «caring class». ¿Dónde ves esta revuelta?

La primera vez que lo vi fue en Occupy Wall Street. Teníamos un tumbler, usado por personas que tenían demasiado trabajo para participar en la ocupación del Zuccotti Park en Nueva York. La gente  se hacía fotos mostrando pancartas con mensajes encima. Contaban ahí sus vidas. Pasé todo un fin de semana leyendo esos miles de mensajes. Muchos dijeron: «Me gustaría hacer un trabajo que ayudara a otros: salud, educación, servicios sociales, diversidad funcional… Pero si quieres ayudar a otros, se te pagará muy poco y estarás tan endeudado que ni siquiera podrás cuidar de su familia». Ésta era la gran queja que se estaba expresando. Un sentimiento de gran injusticia: el de ser castigado por querer ayudar a otros.

Su artículo sobre «trabajos de mierda» ha tenido un gran impacto. Algunos le han criticado por una formulación despectiva de estos trabajadores. ¿La noción de «caring class» no es una reformulación positiva de la misma idea?

El concepto de «trabajos de mierda» se basa en el hecho de que piensas que tienes un trabajo de mierda. Si crees que tu trabajo tiene sentido, no puedo decir que no lo tiene. Mucha gente dice que su trabajo es inútil y que, si no existiera, no cambiaría en nada el curso de las cosas. Que no tiene ningún valor social. Esto muestra que las personas tienen una concepción del valor social que no se distingue del valor o el sentido del mercado. ¿Por qué algunas personas piensan que su trabajo es inútil? En algunos casos, es obvio: tienes tanto que hacer que estás en Twitter todo el día.

Creo que, detrás del descontento que despiertan los «trabajos de mierda», existe la idea de que no se utilizan para ayudar a los demás. Pero luego hay otro problema: cuanto más consiste su trabajo en ayudar a otros, menos le pagan para hacerlo. Con pocas excepciones, como algunos médicos.

¿Por qué entonces aceptamos que los trabajos útiles sean mal remunerados? ¿Es porque no queremos que las personas impulsadas por la codicia se conviertan en maestros? Es un poco como la idea subyacente de que cuando su trabajo es bueno para los demás, su virtud intrínseca es en sí misma gratificante.

En Francia, este tipo de trabajo (profesores, ferroviarios, investigadores, enfermeras…) se incluye tradicionalmente en los servicios públicos, en nombre de su beneficio para el bien común. Hubo una especie de pacto histórico: su salario será menor que en el sector privado, pero tendrá un trabajo de por vida. Se ve amenazado por la apertura de algunos servicios públicos a la competencia: la SNCF actual, EDF y GDF hace algunos años ya…[1]

Lo fascinante de la austeridad en Gran Bretaña es que son precisamente aquellos cuyo trabajo ayuda más a los demás: las personas que trabajan en el departamento de emergencias, el personal médico, las personas que nos dicen a qué hora se va el tren … Se puede ver a los parlamentarios conservadores gritando de alegría cuando evitan que los médicos o la policía obtengan un aumento. Si bien no les molesta en absoluto que los banqueros ganen una enorme cantidad de dinero, incluso después de destruir la economía. Creo que la única explicación es que existe la creencia de que aquellos que quieren hacer el bien deben estar dispuestos a hacer sacrificios.

Hace algunas semanas, por primera vez en Francia, el personal de Ehpad inició una huelga contra el endurecimiento de sus condiciones de trabajo, lo que les impide cuidar bien a los pacientes. Es muy difícil para ellos ser escuchados. ¿Pueden realmente rebelarse?

El problema con los trabajadores de la «caring class» es que no pueden ir a la huelga por mucho tiempo porque de lo contrario la gente puede morir. Para ejercer un equilibrio de poder, necesitan solidaridad y formar alianzas. Por eso es tan importante volver a imaginar y reconfigurar lo que es el trabajo real. Los movimientos feministas enfrentan el mismo problema: ¿cómo retirarse del trabajo de cuidado sin dañar a los que amas? Es un terrible dilema.

Uno de los problemas es que los que crees que serán tus aliados pueden ser tus enemigos. Son especialmente los gerentes quienes hacen cumplir el rápido ritmo de trabajo. Pero son estos gerentes, estos ejecutivos, estas profesionales de la gestión, quienes también están a la cabeza de los partidos de izquierda, que lógicamente deberían ser los que reclamaran un cambio. Algunas veces los empleados y sus gerentes están en los mismos sindicatos. En estas condiciones, es muy difícil hacer huelga.

¿La «caring class» es una clase social? ¿No corre el riesgo de que esta formulación borre las diferencias entre negros/as, blancas/os, mujeres, trans, personas con diversidad funcional…?

La «caring class» atraviesa las fronteras. Es una forma de repensar a la clase trabajadora al anteponer a las mujeres, en contra de la representación histórica de los trabajadores. En cuanto a la cuestión de la diversidad étnica y racial, siempre es más complicado de lo que pensamos. Todo depende del contexto. La misma persona puede en un caso identificarse como perteneciente a la clase trabajadora y en otro como una persona racializada. En nuestras autorrepresentaciones espontáneas, sin relación con una institución, las personas se definen a sí mismas sobre todo en relación con la música que escuchan.

Pero no es solo una cuestión de autodefinición. Este es un problema de discriminación: muchas de las personas en estos trabajos de cuidado mal remunerados son «minorías» que son víctimas de desigualdades.

¡Esta es exactamente la razón por la que tenemos que volver a imaginar a la clase trabajadora! Porque el enfoque en el trabajo de fábrica nutre una representación basada en la idea de una elite de la clase trabajadora blanca. Vengo de este entorno social. Mi padre trabajaba para una imprenta. La idea de que, por un lado, hay una clase trabajadora respetable y, por otro, un lumpen proletariado racial da forma a nuestra visión de la clase trabajadora. Es por eso que pensar en términos de «caring class» puede cambiar por completo la representación.

¿Qué piensas de la propuesta de renta básica universal? ¿Sería una buena manera de ayudar a la «caring class»?

Totalmente. Una de mis amigas más cercanas organizó huelgas de ama de casa. Fue principalmente una provocación, no pensaron que les pagarían. Porque pedir un salario por todo el trabajo de cuidado realizado realmente es una forma de desafiar al capitalismo. El mercado no funcionaría en absoluto sin el trabajo no remunerado de las mujeres en casa. Y esto requeriría el tratamiento burocrático e informatizado de la privacidad de los hogares y lo que allí ocurre. Muchas de ellas han llegado a pensar que una solicitud más sensata sería reclamar un ingreso universal. Deje que cada cual elija lo que quiere hacer. Pues todo el mundo está involucrado en algún tipo de trabajo de cuidado. E incluso si no cuidas a los demás, cuídate. ¿Por qué no se parte de la suposición de que podemos garantizarle los medios de supervivencia? Depende de cada cual elegir a quién quiere cuidar…

¿Cuál sería la forma de financiar este ingreso universal de la caring class?

Muchas discusiones se basan en una idea errónea de lo que realmente es el dinero. Si solo toma el dinero que los bancos utilizan para la flexibilización cuantitativa, y se lo da a los trabajadores del cuidado, la mitad del camino ya está cubierto. Este dinero existe Si se distribuyera como un ingreso básico, aumentaría la actividad económica. Debido a que las personas más pobres son trabajadores del cuidado, es más probable que necesiten gastar su dinero

Pero, ¿cómo accedes a ese dinero? ¿Nacionalizas los bancos? ¿Los gravas?

Los bancos públicos se pueden crear a la manera del Banco Central Europeo, que podría emitir dinero o reciclar el dinero que ya está en circulación. Esto no es un problema real. El problema es, en primer lugar, la forma en que generalmente se nos pide que pensemos dinero y dinero. Muchas personas no entienden los fundamentos, a saber, que son los bancos los que crean la moneda. Este es un viejo debate entre los economistas. ¿Los bancos crean dinero con activos reales o no? Nadie ha ido a trabajar en un banco para responder esa pregunta y verificarla. Lo hice y puedo confirmar que la creación de dinero no se basa en ningún activo existente, que cuando los bancos hacen un préstamo, crean dinero desde cero.

Entonces, ¿necesitamos banqueros?

No necesariamente necesitamos llamarlos así, pero podemos imaginar «bancos postales» y muchos otros mecanismos para crear dinero.

¿Es suficiente pertenecer a la «caring class» para sentir una conciencia de pertenencia y, si es necesario, para rebelarse contra esta condición?

Quería crear, usando estos términos, un concepto que permaneciera abierto. No quería definir una clase específica con límites rígidos. Por ejemplo, si eres un guardia de prisiones, perteneces en cierto sentido a la «caring class»  pero no podemos decir que aumentes la libertad y el bienestar de los demás, ¡como si fueras una enfermera, por ejemplo!

Mi idea es menos imaginar nuevos límites de clase que reconsiderar lo que es importante en lo que ya haces. Las personas ya juzgan su actividad profesional al considerar cuánto ayuda a los demás, si aumenta la libertad de los demás o si es positiva para los demás. Está en su cabeza, incluso si no siempre se formula conscientemente. Reconsiderar esta dimensión sin duda les permitiría a muchas personas entender mejor por qué se sienten bien o mal cuando hacen lo que hacen.

No habla mucho sobre el cambio climático, la ecología… ¿Considera que los activistas climáticos y aquellos que se comprometen con la transición energética son parte de la «caring class»?

Sí, absolutamente. Si consideramos que las dimensiones del cuidado y la libertad son tan importantes como la producción y el consumo, se abre la puerta a un mundo mucho más consciente del medio ambiente que cuando está dominado por la economía. Las nociones de cuidado y libertad se aplican a todas las dimensiones de la realidad. Como resultado, puede asignar valores más altos a elementos que ahora están devaluados, como la atención a la naturaleza, los jardines, los animales …

Hay movimientos sociales y huelgas actualmente en Francia, particularmente en el ferrocarril. Este también es el caso en el Reino Unido, especialmente en la Universidad. A pesar de la existencia de una Unión Europea, estos movimientos sociales parecen estar desconectados unos de otros. Hace veinte años, el sociólogo Pierre Bourdieu lanzó un llamamiento para un movimiento social europeo. ¿Por qué tiene dificultad para existir según tú? ¿Y cómo revivir un movimiento social internacional?

Hubo movimientos de movimiento, con los foros sociales europeos, basados en particular en los nuevos medios, como Indymedia, que entonces era muy poderoso.

Me parece que ha habido efectos de este requerimiento de conectar las luchas en el sentido de que muchas ideas y formas de pensar sobre los problemas se han extendido internacionalmente. Hemos visto movimientos similares en Hong Kong, Bosnia, en los Estados Unidos. Algo ha funcionado en torno a esta demanda de democracia directa que se ha extendido en Europa y en todo el mundo.

Pero, por otro lado, me parece que muchos intelectuales se han rezagado. No quiero condenar a los intelectuales en su conjunto, pero me parece que una gran parte de ellos, muchos universitarios en particular, no han desempeñado el papel que podrían haber desempeñado, han permanecido tímidos, incluso pusilánimes. En los campus estadounidenses, muchos, teóricamente, profesan ideas revolucionarias, pero se han mantenido alejados de los enfrentamientos entre estudiantes y la policía.

¿Qué puedes decir sobre la situación actual en Rojava?

La situación en Afrin es absolutamente desastrosa. Los kurdos se vieron obligados a tomar la decisión estratégica de evacuar Afrin para evitar que la ciudad fuera destruida por la aviación turca. Pero la situación es diferente en el resto de Rojava.

Lo más impactante es que esto es una agresión gratuita. Realiza un ataque en la única parte de Siria donde no hubo guerra. Es una guerra de agresión. Es un ataque que no responde a ninguna provocación, a ninguna posición belicosa de los kurdos. Tenemos registros de inteligencia turca que muestran que se trata de eso. ¡Y no hay un solo país, excepto Egipto, para condenar tal agresión! Es increíble. Es un ataque de un presidente turco que anunció de antemano que iba a cometer crímenes de guerra.

La pregunta es saber por qué no hubo reacción, ningún intento de evitar la toma de Afrin. Para mí, la razón es clara: Turquía promete evitar que millones de refugiados tomen el camino hacia Europa y, por lo tanto, es libre de cometer crímenes de guerra. Es un chantaje sobre los refugiados que permite el genocidio.

¿Cree que el ataque turco puede poner fin a la experiencia política que se ha desarrollado en Rojava en los últimos años?

No. Creo que Estados Unidos hizo que Turquía entendiera que podían tomar Afrin, pero no podían ir más allá. Afrin estaba bajo la protección de los rusos mientras que el resto de Rojava está bajo protección estadounidense.

Algunas personas aquí creen que la experiencia en Rojava es interesante, pero se considera demasiado complicada, atrapada en el conflicto entre turcos y kurdos, hay armas, combatientes armados… Existe, pues, interés desde la izquierda, pero también vergüenza. ¿Cómo lo explicas?

Una razón comprensible es que el PKK es originalmente un grupo marxista-leninista y ¡que no es exactamente un modelo democrático en la base! Y todavía hay tensión dentro del PKK desde que el líder, Abdullah Öcalan, descubrió e intentó importar los métodos de organización democrática y las teorías desarrolladas por Murray Bookchin, incluso antes de que él estuviera en prisión.

Decir que esto es solo viento o exhibición equivale a negar veinte años de reorganización de la sociedad kurda y la lucha política dentro de ella, cambiando las orientaciones del movimiento, separándose de su doxaproletaria, estando atento al feminismo, a la ecología, a la democracia directa.

Este es un cambio histórico profundo y de gran alcance, y también explica el hecho de que a muchas personas les cuesta creer que una organización política pueda cambiar tanto.

Hay algo ridículo en las personas que afirman que los kurdos se autodenominan anarquistas para obtener apoyo y aliados en Occidente. ¿Realmente imaginamos un grupo en esta parte del mundo que finge una ideología para obtener apoyo internacional? ¡No creo que hubieran elegido el anarquismo entonces! Creo que tendrían más posibilidades si se declararan liberales o neoliberales …

Hay una forma de narcisismo en pensar que lo que efectivamente está sucediendo en el Kurdistán sirio puede ser juzgado y determinado por gente como yo, que viven en países europeos o americanos y que todavía piensan en como analizar las cosas con los marcos convencionales, tales como los de antiimperialismo por ejemplo.

Cuando estaba en Kurdistán, conocí personas que realmente estaban tratando de cambiar las reglas del juego, no solo tratando de obtener solidaridades humanitarias o jugando con las pulsiones patrióticos, sino también profundizando y transformando las formas de hacer política.

Esto es probablemente difícil de creer, pero me parece que el Rojava es un ejemplo de cómo puede existir un proceso revolucionario contemporáneo, y con una tenacidad difícilmente imaginable, sobre todo cuando contamos el número de veces que los kurdos han sido decepcionados o traicionados.

Para ti, personalmente, ¿qué es tan importante en la experiencia de Rojava?

Esta es la primera vez, a tal escala, que las personas intentan crear una democracia directa, desde abajo hacia arriba, y controlan un territorio que no es insignificante. Esto nos cuestiona. ¿Qué haremos si realmente ganamos? ¿Qué hubiéramos hecho si el movimiento Occupy hubiera ganado y ocupado Nueva York? ¿Cómo hubiéramos organizado el transporte? ¿Los intercambios? ¿Decisiones? El Rojava es un país real, tan grande como cuatro veces Israel, con millones de habitantes, que se hace de forma concreta y todos lo días estas preguntas.

La entrevista fue conducida por Joseph Confavreux y Jade Lindgaard


Notas:

[1] N.T. Esta situación no es comparable en el caso español. Los maestros y profesores de secundaria son de los mejor pagados de la UE en términos relativos y casi en términos absolutos. No así sucede con médicos y profesores universitarios cuyos salarios son de los más bajos de Europa. Así mismo los trabajadores de los servicios públicos municipales cobran salarios muy superiores a la media del sector privado. Los salarios de RENFE son igualmente muy elevados, en comparación con el sector privado, especialmente el de los maquinistas. En general, y sobre todo desde 2008 y la aplicación de políticas de austeridad, y a pesar de la pérdida de poder adquisitivo de todos los trabajadores del sector público y el empeoramiento generalizado de las condiciones laborales, la degradación de las condiciones de trabajo en el sector privado hacen imposible una comparación ventajosa para ellos. Otra cuestión bien diferente es la comparación, incluso en el seno de la misma empresa, entre los salarios de los directivos y los de los trabajadores (por ejemplo de las empresas del IBEX 35).


Antropólogo y activista social estadounidense, es actualmente profesor en la London School of Economics.

Fuente (original en francés): Media part

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