Construyendo Democracia sin Estado

Por Dilar Dirik

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illustración de Mirko Rastić

“Cuando vino gente por primera vez a nuestra casa hace unos años a preguntar si nuestra familia querría participar en las comunas, les tiré piedras para que se fueran” ríe Bushra, una joven mujer de Tirbespiye, Rojava. Madre de dos hijos, pertenece a una secta religiosa ultra-conservadora. Antes, no se le permitía abandonar su casa y solía cubrir todo su cuerpo excepto sus ojos.

“Ahora moldeo activamente mi propia comunidad”, dice orgullosa con una radiante  sonrisa. “La gente viene a mí en busca de soluciones para problemas sociales. Pero en aquel entonces, si me hubieras preguntado, no habría sabido el significado de “consejo” ni qué hace la gente en las asambleas”.

Hoy, a lo largo y ancho del planeta, la gente recurre a formas alternativas de organización autónoma para dar otra vez significado a sus vidas, para reflejar el deseo de la creatividad humana de expresarse libremente. Estos colectivos, comunas, cooperativas y movimientos de base pueden ser entendidos como mecanismos de autodefensa del pueblo frente a la intrusión del capitalismo, el patriarcado y el estado.

Al mismo tiempo, muchos pueblos, culturas y comunidades indígenas que han sufrido la exclusión y la marginalización han protegido sus tradiciones comunitarias hasta el día de hoy. Es llamativo que las comunidades que han protegido su existencia frente al cambiante orden mundial que les rodea sean descritas con frecuencia en términos negativos, como “carentes” de algo – especialmente, de un estado. Las tendencias positivistas y deterministas que predominan en la historiografía actual describen dichas comunidades como inusuales, incivilizadas y retrógradas. La estatización se asume como una consecuencia inevitable de la civilización y la modernidad; un paso natural dentro del progreso lineal de la historia.

Sin duda hay diferencias genealógicas y ontológicas entre las comunas revolucionarias “modernas” y las comunidades naturales y orgánicas. Las primeras se desarrollan principalmente entre círculos radicales dentro de la sociedad capitalista como insurgencias contra el sistema dominante, mientras que las segundas suponen una amenaza a los poderes hegemónicos con su mera supervivencia.  Aun así, no podemos decir que estas comunas orgánicas estén despolitizadas, opuestas a las comunas metropolitanas y sus políticas intencionadas.

Siglos, e incluso milenios de resistencia contra el orden mundial son de hecho actos muy radicales de resistencia. Para estas comunidades, relativamente intactas de las corrientes mundiales debido a sus características, geografía natural o resistencia activa, las políticas comunales son simplemente una parte natural del mundo. Por esto tanta gente en Rojava, por ejemplo, donde una transformación social radical está ocurriendo ahora mismo, se refiere a su revolución como “un retorno a nuestra naturaleza” o “la recuperación de nuestra ética social.”

A lo largo de la historia, los kurdos han sufrido todo tipo de denegaciones, opresión, destrucción, genocidio y asimilación. Fueron excluidos del orden estatista en dos frentes: no solo se les negó su propio estado, fueron simultáneamente excluidos de lo mecanismo estatales que les rodeaban. Esta experiencia de no-estatización ayudó también a proteger muchos valores y éticas sociales, así como un sentimiento comunitario – especialmente en las zonas rurales y montañosas lejos de las ciudades.

Hoy en día, los pueblos alevís kurdos en particular se caracterizan por procesos de resolución de conflictos y rituales de reconciliación para disputas sociales basados en la ética y el perdón en beneficio de la comunidad. Pero mientras esta forma de vida es bastante común en Kurdistán, hay también un nuevo esfuerzo consciente para establecer un sistema político centrado en valores comunales – el Confederalismo Democrático, construido a través de la autonomía democrática con las comunas como centro.

CONFEDERALISMO DEMOCRÁTICO EN ROJAVA

El Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), como muchos movimientos de liberación nacional, inicialmente pensaba que la creación de un estado independiente sería la solución a la violencia y la opresión. Sin embargo, con el cambio de paradigma que hubo tras el colapso de la Unión Soviética, el movimiento empezó a desarrollar tanto la autocrítica como la crítica a las políticas socialistas de la época, que estaban muy centradas en aumentar el poder estatal. A finales de los 90 el PKK, bajo el liderazgo de Adbullah Öcalan, empezó a articular una alternativa al estado-nación y al socialismo de estado.

Estudiando la historia de Kusdistán y de Oriente Medio, así como la naturaleza del poder, el actual sistema económico y cuestiones ecológicas, Öcalan concluyó que la razón por la que la humanidad tiene un “problema de libertad” no es la ausencia de estado sino la emergencia del mismo. En un intento por subvertir la dominación del sistema que se ha institucionalizado a lo largo y ancho del planeta en los últimos 5000 años como una síntesis de patriarcado, capitalismo y estado-nación, este paradigma alternativo está basado justo en lo opuesto – liberación de la mujer, ecología y democracia de base.

El Confederalismo Democrático es un modelo social, político y económico de autoadministración de los diferentes pueblos, liderado por mujeres y jóvenes. Intenta expresar los deseos populares viendo la democracia más como un método que como un objetivo. Es democracia sin estado.

Mientras propone nuevas estructuras para establecer un sistema político consciente, el Confederalismo Democrático se basa también en formas de organización milenarias que aún perviven entre las comunidades de Kurdistán y de otros lugares. Este modelo puede parecer imposible para nuestra imaginación contemporánea, pero resuena realmente bien con los deseos de emancipación de los pueblos de la región. Aunque el sistema ha sido implementado en Bakur (Kudistán del Norte) durante años, siempre rodeado de la represión estatal turca, ha sido en Rojava (Kurdistán del Oeste) donde una oportunidad histórica ha permitido poner el Confederalismo Democrático en práctica.

El sistema pone a la “Autonomía democrática” en su centro: la gente se organiza directamente en comunas y forma consejos. En Rojava, este proceso es dinamizado por el Tev-Dem, el movimiento por la sociedad democrática. La comuna está compuesta por un barrio conscientemente autoorganizado y constituye  el aspecto más esencial y radical de la práctica democrática. Tiene comités que tratan diferentes temas como la paz o la justicia, economía, seguridad, educación, mujer, juventud y servicios sociales.

Las comunas envían delegados electos a los consejos. Los consejos de la comuna envían delegados a los distritos, los consejos de distrito envían delegados a las ciudades, etc… Cada comuna es autónoma, pero están vinculadas entre sí mediante una estructura confederal que tiene como objetivos la coordinación y  la defensa de unos principios comunes. Solo cuando algo no puede ser resuelto en las bases, o cuando algún asunto no concierne a los consejos de menor nivel, se delega a los niveles superiores.

Mientras que las comunas son las áreas para la resolución de problemas y la organización de la vida cotidiana, los consejos desarrollan planes de acción y políticas para la cohesión y la coordinación. Al inicio de la revolución y en las zonas recién liberadas, las asambleas tenían que instaurar los consejos populares primero y sólo después comenzaron a desarrollar las estructuras organizativas de base más descentralizados en forma de comunas.

Las comunas trabajan hacia una sociedad “político-moral” compuesta por individuos conscientes que sepan cómo resolver problemas sociales y que se preocupen por el autogobierno cotidiano como una responsabilidad común, en lugar de someterse a élites burocráticas. Todo esto se basa en la participación voluntaria y libre del pueblo, en lugar de en la coerción y el estado de derecho.

Por supuesto, es difícil elevar la conciencia de la sociedad en un periodo corto de tiempo, especialmente en condiciones de guerra, embargos, mentalidades interiorizadas y estructuras despóticas antiguas que han sido profundamente institucionalizada y pueden dar lugar a abusos de poder y modos de pensar apolíticos. Un sistema de educación alternativa, organizada a través de academias, tiene como objetivo promover una mentalidad social saludable, mientras que la auto-organización,  mediante la movilización en todos los ámbitos de la vida,  reproduce una sociedad consciente.

Las mujeres y los jóvenes se organizan de forma autónoma y encarnan las dinámicas sociales que se inclinan naturalmente hacia más democracia y menos jerarquía. Se posicionan “a la izquierda” del modelo de autonomía democrática y formulan nuevas formas de producción y reproducción del conocimiento.

Hoy en día, el movimiento de liberación kurdo divide el poder por igual entre mujeres y hombres, de Qandil a Qamishli a París. La idea detrás del principio de la co-presidencia es a la vez simbólico y práctico -descentraliza el poder y promueve la búsqueda de consenso, mientras que simboliza la armonía entre el hombre y la mujer. Sólo las mujeres tienen el derecho de elegir la mujer co-presidente, mientras que el co-presidente de sexo masculino es elegido por hombres y mujeres. Las mujeres organizan sus propias estructuras, más fuertes y  más conscientes ideológicamente, para establecer la confederación de las mujeres, a partir de comunas autónomas de mujeres.

EL PRINCIPIO DE LA NACIÓN DEMOCRÁTICA

Otro principio importante articulado por Öcalan es el de la “nación democrática”. A diferencia de la doctrina monista del Estado-nación, que se justifica a través de un mito chauvinista, este concepto prevé una sociedad basada en un contrato social común y unos principios éticos fundamentales, como la igualdad de género. Por lo tanto, todos los individuos, grupos e identidades y tendencias étnicas, religiosas, lingüísticas y de género pueden expresarse libremente y añadir diversidad a esta nación expansiva, basada en la ética con el fin de asegurar su democratización. Cuanto más diversa sea la nación, más fuerte será su democracia. Los diferentes grupos y secciones también se encargan de la democratización de sí mismos desde dentro.

En Rojava, kurdos, árabes, cristianos siríacos, armenios, turcomanos y chechenos tratan de crear una nueva vida juntos. La misma lógica subyace en el proyecto del Partido Democrático de los Pueblos, o HDP, en la frontera con Turquía. El HDP unió a todas las comunidades de Mesopotamia y Anatolia bajo el paraguas de la “unidad libre” en la nación democrática.

Entre sus parlamentarios hay kurdos, turcos, armenios, árabes, asirios, musulmanes, alevís, cristianos y yazidis. Es el partido con la mayor diversidad de todo el Parlamento turco. En contraste con el monopolismo de la ideología del Estado-nación, el concepto de la nación democrática sirve como mecanismo de autodefensa ideológica de diversos pueblos.

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Aunque muchas comunidades diferentes participan activamente en la revolución de Rojava, aun prevalecen resentimientos del pasado. Confederaciones tribales enteras de árabes expresaron su apoyo unilateral de la administración, pero en algunas partes hay árabes que mantienen sus sospechas. Documentos de los servicios secretos revelan que ya en la década de 1960, el partido Baath de Siria hizo planes altamente sofisticados para enfrentar diferentes comunidades entre sí, especialmente en Cizire. Además de las tensiones preexistentes, fuerzas externas avivan e instrumentalizan los conflictos entre las diferentes comunidades según sus propias agendas. El establecimiento de la unidad entre los diferentes grupos étnicos y religiosos de Siria, y de Medio Oriente en general, haría más difícil de dividir y gobernar la región.

Uno de los miembros árabes de la administración de Rojava explicó por qué este modelo democrático cuenta con tan poco apoyo de lo establecido así como de los grupos políticos de reciente formación en la región y más allá:

“El sistema de autonomía democrática en nuestros tres cantones sacude y trastorna todo el mundo debido a que el sistema capitalista no quiere ni libertad y ni democracia para Oriente Medio, a pesar de todas sus pretensiones. Es por eso que todo el mundo ataca Rojava. Las diferentes formas de Estado ejemplificadas por la República Árabe Siria de Assad y el Estado Islámico son las dos caras de la misma moneda, ya que niegan y destruyen el diverso mosaico de nuestra región. Pero cada vez más los árabes desde el resto de Siria vienen a Rojava para aprender acerca de la autonomía democrática porque ven una perspectiva de libertad aquí.”

UNA VISIÓN POLÍTICA Y ECONÓMICA ALTERNATIVA

El  eficaz sistema de auto-organización, combinado en cierta medida con el embargo, que hizo necesarias la autosuficiencia y la creatividad, salvó a Rojava de la corrupción económica a través de mentalidades capitalistas o de explotaciones externas. Sin embargo, con el fin de defender los valores revolucionarios más allá de la guerra, se requiere una visión económica calibrada para una economía socialmente justa, ecológica y feminista, que pueda sostener una población empobrecida y traumatizada.

¿Cómo involucrar a la gente rica, que no se preocupa por las cooperativas, y evitar ser acusado de autoritarismo? ¿Cómo organizar principios emancipatorios y liberacionistas en la urgencia de la guerra y de una economía de supervivencia?¿ Cómo descentralizar la economía asegurando al mismo tiempo la justicia y la cohesión revolucionaria? Para la gente de Rojava, la respuesta está en la educación.

“¿Qué significa para usted la ecología?” Pregunta una mujer, en la academia de las mujeres de Ishtar en Rimelan, a sus compañeras en una habitación decorada con fotos de mujeres como Sakine Cansız y Rosa Luxemburgo. Una mujer mayor con tatuajes tradicionales en sus manos y la cara responde: “Para mí, ser madre significa ser ecológica. Vivir en armonía con la comunidad y la naturaleza. Las madres saben mejor cómo mantener y organizar esta armonía.“ Tal vez es la cuestión ecológica la que más claramente ilustra el dilema de Rojava de tener grandes principios e intenciones y voluntad de sacrificio, mientras que a menudo carece de las condiciones para poner en práctica estos ideales. Por razones obvias, la supervivencia a menudo tiene prioridad sobre el ecologismo.

Por el momento, al menos, es posible hablar de un sistema dual de transición en el que la autoadministración democrática de Rojava establece los principios revolucionarios y ecológicos,  en medio de la guerra y la realpolitik, mientras que el movimiento de base organiza la población de abajo. A nivel cantonal, especialmente con respecto a las cuestiones relacionadas con las políticas extranjeras, las prácticas no-revolucionarios o centralistas son hasta cierto punto inevitables, sobre todo porque Rojava está política y económicamente entre la espada y la pared. Es al sistema de autonomía democrática que surge de la bases a lo que la  gente en general se refiere cuando habla de la “revolución de Rojava”.

La dinámica de descentralización de la organización de base, sobre todo en los municipios, incluso sirve como una oposición interna a los cantones y facilita la democratización de estos últimos, que, debido a su complicada geografía política – limitados por los partidos no revolucionarios y otros grupos -puede tender hacia una concentración de poder (aunque los cantones, como son actualmente, siguen siendo mucho más descentralizados y democráticos que los estados ordinarios).

Mucho más importante que los mecanismos exactos a través de los cuales se expresa la voluntad popular, es el significado y el impacto de la autonomía democrática en la gente misma. Si tuviera que describir la “democracia radical”, pensaría en especial en personas de clase obrera,  mujeres a veces analfabetas que decidieron organizarse en comunas en los barrios y que ahora hacen que la política cobre vida. Risas y juegos de niños, gallinas cacareando y el ruido de sillas de plástico componen la melodía de la escena en la que se toman las decisiones sobre las horas de electricidad mientras disputas vecinales tienen lugar. También hay que destacar que las estructuras funcionan mejor en áreas rurales y pequeños barrios que en las ciudades grandes y complejas, donde se necesita un mayor esfuerzo para involucrar a la gente. En este caso, el poder pertenece a personas que nunca tuvieron nada y que ahora escriben su propia historia.

“¿Quieres ver nuestros vegetales?” Qadifa, una mujer Yazidi mayor me pregunta en un centro de Yekîtiya Star, el movimiento de mujeres. Ella parece tener poco interés en explicar el nuevo sistema, pero está dispuesta a mostrar sus frutos en su lugar. Continuamos nuestra conversación sobre las transformaciones de la vida cotidiana en Kurdistán sirio, mientras comíamos deliciosos tomates de una cooperativa de mujeres en el patio trasero.

La autodeterminación en Rojava se está viviendo en el aquí y el ahora, en la práctica cotidiana. Miles de mujeres como Qadifa, mujeres previamente marginados, invisibles y sin voz, ahora asumen posiciones de liderazgo y moldean la sociedad. Hoy en día, por las mañanas, pueden por primera vez cosechar sus propios tomates de la tierra que fue colonizada por el estado durante décadas, mientras que toman el papel de juezas en los tribunales populares por la tarde.

Muchas familias se dedican plenamente a la revolución ahora; especialmente aquellas que perdieron a sus seres queridos. Muchos hogares familiares comienzan lentamente a funcionar como casas populares (“mala gel”) que coordinan las necesidades de la población: la gente entra en la casa del otro con sus hijos para criticar o discutir o sugerir ideas sobre cómo mejorar sus nuevas vidas. Las sobremesas han cambiado. Asuntos sociales se vuelven literalmente sociales, al convertirse en una responsabilidad de todos. Todos los miembros de la comunidad se convierten en un líder.

La lenta transición de toma de decisiones sociales es fruto de los esfuerzos para construir una nueva sociedad político-moral. Para las personas de los países capitalistas avanzados esta forma directa de responsabilizarse de la propia vida puede dar miedo a veces, especialmente cuando las cosas importantes como la justicia, la educación y la seguridad están ahora en manos de personas como uno mismo, en lugar de ser entregadas a los anónimos aparatos del estado.

EL LEGADO DE RESISTENCIA DE LA COMUNA

Una noche me encuentro sentado cerca de Tell Mozan, una vez el hogar de Urkesh, antigua capital de 6.000 años de antigüedad de los hurritas. Muy cerca se encuentra la frontera entre Siria y Turquía, de menos de un siglo de antigüedad. Mientras bebo té con Meryem, una comandante femenina de Kobane, vemos las luces de la ciudad de Mardin en Kurdistán del norte, al otro lado de la frontera.

“Luchamos en nombre de la comunidad, de los oprimidos, de todas las mujeres, para las páginas no escritas de la historia”, dice ella. Meryem es una de las muchas mujeres que se reunieron con Abdullah Öcalan en su juventud, cuando llegó a Rojava en los 80. Como miles de mujeres, en una búsqueda de la justicia más allá de su propia vida, un día decidió convertirse en un luchadora por la libertad en esta región que es al mismo tiempo el hogar de miles de muertes por honor y de miles de diosas, adoradas en todas las formas y tamaños .

Lo que atrajo a los movimientos anti-sistema de todo el mundo a la resistencia histórica en Kobane fueron quizás las muchas maneras en las que la defensa de la ciudad reflejó una corriente milenaria de  lucha humana; las formas en que se sacó a la luz los rasgos universales que resonaban con los imaginarios colectivos de un mundo diferente. Muchas comparaciones se hicieron con la Comuna de París, la batalla de Stalingrado, la Guerra Civil española, y otros míticos ejemplos de la resistencia popular.

En los zigurats de Sumeria, complejos de templos enormes en la antigua Mesopotamia, muchos mecanismos jerárquicos comenzaron a ser institucionalizado por primera vez: el patriarcado, el estado, la esclavitud, el ejército permanente y la propiedad privada, el comienzo de la sociedad de clases formalizado. Esta época provocó una fractura social de largo alcance que se caracteriza por la pérdida de la condición social de las mujeres y el aumento de la del macho dominante, especialmente el sacerdote masculino, que se hizo con el monopolio del conocimiento. Pero también es donde Amargi, la primera palabra para el concepto de libertad, literalmente “el retorno a la madre”, surgió en torno a 2.300 años aC.

Öcalan propone la idea de dos civilizaciones: afirma que hacia el final de la edad neolítica con la subida de las estructuras jerárquicas en la antigua Sumeria una civilización se desarrolló en base a la jerarquía, la violencia, el sometimiento y monopolismo-la “corriente principal” o “civilización dominante”. Por el contrario, lo que él llama “civilización democrática” representa las luchas históricas de los marginados, los oprimidos, los pobres y los excluidos, especialmente las mujeres. Por lo tanto, el Confederalismo Democrático es un producto político y una manifestación de esta antigua civilización democrática.

El modelo de autonomía democrática que ha dado lugar, a su vez, no es solamente una perspectiva prometedora para una solución pacífica y justa a los conflictos traumáticos de la región; en muchos sentidos, el surgimiento de la revolución Rojava ilustra cómo la autonomía democrática en realidad puede ser la única manera de sobrevivir. En este sentido, la comuna revolucionaria es un patrimonio histórico, una fuente de la memoria colectiva de las fuerzas de la democracia en todo el mundo, y un mecanismo consciente de autodefensa contra el sistema estatal. Lleva un legado milenario y se manifiesta en formas novedosas hoy.

Lo que une a los momentos históricos de la resistencia humana y el deseo de otro mundo, desde los primeros luchadores por la libertad de la historia a la comuna de París, desde el levantamiento de los zapatistas a las plazas de la libertad en Rojava, es el poder irrompible para atreverse a imaginar. Es el valor de creer que la opresión no es el destino. Es la expresión del antiguo deseo de la humanidad de verse a si misma libre.

Bijî komunên me! Vive la commune!

 

Fuente: ROAR

Traducido por Rojava Azadi

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