En plena purga en Turquía, un nuevo ataque contra la cultura kurda

Artículo de Patrick Kingsley publicado el 29 de junio en el New York Times.

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DIYARBAKIR, Turquía.- La tienda de ‘kebab’ de Gosto no es el único restaurante en su bloque, y mucho menos en su calle. Es, sin embargo, el que quizás revela más sobre la amenaza a la cultura kurda.

Su dueño y gerente, el alegre y regordete Vural Tantekin, se inició en el comercio de kebabs el pasado enero, después de que las autoridades municipales despidieran a la mayoría de los miembros de su grupo de teatro municipal.

-La razón -dice el Sr. Tantekin durante una entrevista entre pedidos de kebab- era impedir que actuáramos en kurdo.

Para personas como el Sr. Tantekin, el destino de la compañía de teatro de Diyarbakir es emblemático del continuado ataque a la cultura kurda en general.

Desde la fundación de la república turca en 1923, que consagró una identidad nacional monocultural, a la importante minoría kurda del país -en torno al 20% de la población- se le ha prohibido a menudo expresar su propia cultura o, a veces, hablar la lengua kurda.

El actual líder turco, Recep Tayyip Erdogan, suavizó muchas de estas restricciones hacia finales de la década pasada, en lo que algunos calificaron como “apertura kurda”. Pero la represión comenzó de nuevo tras la ruptura en 2015 de un alto el fuego con los militantes kurdos. Y se ha acelerado más aún durante la represión que ha seguido al fracasado golpe del pasado año.

La represión estaba supuestamente destinada contra los conspiradores del golpe. Pero también se ha utilizado como pantalla de humo para reprimir a otros grupos y movimientos que promueven narrativas consideradas problemáticas por el gobierno. Más de 140.000 personas han sido despedidas o suspendidas de sus trabajos, y hasta 50.000 han sido arrestadas. Entre ellos están aquéllos que, como el Sr. Tantekin, promueven el concepto de una cultura kurda única.

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Una manifestación pro kurda frente al ayuntamiento de Diyarbakir el pasado octubre.
ILYAS AKENGIN / AGENCE FRANCE-PRESSE — GETTY IMAGES

La represión de la expresión kurda en Turquía ha constituido el último retroceso de las reformas que Erdogan puso en marcha durante su primera década en el poder.

Sin embargo, el destino de los kurdos ha sido durante mucho tiempo uno de los temas centrales de la historia reciente de la región; uno que ignora las fronteras. Los kurdos en Turquía se han inspirado en las conquistas kurdas en Irak y Siria, dos países donde los kurdos fueron reprimidos. A lo largo de la frontera suroriental de Turquía, los kurdos dirigen una zona autónoma en el noreste de Irak y celebrarán un referéndum de independencia el próximo septiembre. Al sur de Turquía, los kurdos sirios controlan un territorio autónomo en el noreste de Siria y sus milicias son el principal socio de Estados Unidos en la campaña para recuperar Raqqa, la llamada capital del Estado Islámico.

Y los éxitos continuados de esos movimientos probablemente fomentarán aún más las ambiciones de los kurdos turcos.

En el sudeste de Turquía, donde la mayoría de la población es kurda, el gobierno de Erdogan despidió a más de 80 alcaldes electos y los reemplazó por administradores designados por el estado. Aquí, en Diyarbakir, la capital espiritual del Kurdistán turco, el fideicomisario no sólo despidió a la mayoría de los actores empleados por el ayuntamiento de la ciudad, sino también el 80% del personal del departamento municipal que promovía la enseñanza del kurdo y otras lenguas minoritarias.

En los pueblos de toda la región, los administradores han cambiado los nombres de las calles antes nombradas en honor de figuras prominentes kurdas, o eliminado estatuas de héroes kurdos. Más de una docena de legisladores del principal partido pro-kurdo han sido arrestados en los últimos meses. Un artista kurdo fue encarcelado por realizar una pintura de las ruinas de Nusaybin, una de las varias ciudades kurdas parcialmente destruidas en 2015 durante la lucha entre el ejército turco y los militantes kurdos.

Los periodistas kurdos o pro kurdos son algunas de las principales víctimas de la represión de la libertad de expresión después del golpe de Estado. Según la Free Journalist Society, un organismo pro-kurdo -actualmente prohibido- de vigilancia de los medios de comunicación, 173 periodistas están actualmente en prisiones turcas; de ellos, 50 trabajaban para medios de comunicación kurdos o pro kurdos.

El único periódico en lengua kurda de Turquía, Azadiya Welat, se cerró el verano pasado, junto con al menos 10 canales de televisión que transmitían, al menos en parte, en kurdo. Incluso un canal de dibujos animados kurdo, Zarok TV, fue prohibido durante varios meses antes de que se le permitiera reabrir en diciembre.

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Oficiales de policía detienen a un manifestante frente al juzgado de Diyarbakir el pasado noviembre.
ILYAS AKENGIN / AGENCE FRANCE-PRESSE — GETTY IMAGES

El gobierno defiende que todos estos cierres, prohibiciones y detenciones son legítimos.

Los despedidos o ahora encarcelados eran representantes o apologistas del P.K.K., el principal grupo militante kurdo, dijo Galip Ensarioglu, un legislador del partido de Erdogan que representa a Diyarbakir en el Parlamento. Su despido, agregó Ensarioglu, no equivale a una represión de la cultura kurda, sino a los partidarios del terrorismo.

“Puede haber algunas personas que han sido purgadas porque eran consideradas peligrosas -o personas que estaban realizando actividades políticas bajo el nombre de actividades culturales- pero nunca, nunca se han detenido las actividades culturales”, dijo Ensarioglu en una entrevista.

La cuestión de quién tiene derecho a hablar por la cultura kurda es compleja, ya que los kurdos no son un solo bloque homogéneo. Alrededor del 30% de los residentes de Diyarbakir votaron con el gobierno en un referéndum para conceder amplios poderes al Sr. Erdogan. Decenas de miles de kurdos en el sureste de Turquía también pertenecen a la Guardia del Pueblo, una milicia sancionada por el Estado que ayuda a los soldados turcos en su lucha contra el P.K.K.

Sin embargo, los críticos kurdos de Erdogan dicen que no hay ambigüedad en las intenciones del gobierno.

“El objetivo del gobierno está muy claro”, dice Hakki Boltan, director de la Free Journalist Society y ex editor en jefe de Azadiya Welat. “Su política es poner fin al movimiento político kurdo y a la cultura kurda en general”.

La represión de la cultura kurda cogió a algunos por sorpresa, porque hasta hace poco se percibía que Erdogan había aliviado las restricciones sobre la vida y el idioma kurdos. También negoció un alto el fuego histórico con el P.K.K.

Aunque nunca consagró el kurdo como idioma oficial en la Constitución turca, permitió una cantidad limitada de clases de kurdo a nivel de la escuela secundaria y abrió un canal de televisión en lengua kurda.

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Manifestantes corren ante la policía, que utiliza gas lacrimógeno para dispersar una manifestación en Nusaybin en febrero 2016.
ILYAS AKENGIN / AGENCE FRANCE-PRESSE — GETTY IMAGES

Pero la situación comenzó a deteriorarse en junio de 2015, cuando fracasó el proceso de paz, y Erdogan comenzó una vez más a endurecer las restricciones a la sociedad kurda. Los partidarios del Sr. Erdogan sostienen que se ha visto obligado: “Fue el P.K.K. el que dijo que daba por finalizado el proceso de paz “, dijo Ensarioglu.

Los críticos de Erdogan, sin embargo, presentan otro relato: que a esas alturas el Sr. Erdogan estaba empezando a perder la lucha. Su partido acababa de sufrir su peor resultado electoral en una década, con una hemorragia de votos a favor tanto de una nueva alianza pro kurda como de un partido nacionalista de derecha que se oponía a sus concesiones kurdas.

Sintiéndose traicionado por los votantes kurdos y tratando de reconquistar a los nacionalistas, Erdogan ya había decidido volver a la posición tradicional del Estado turco sobre los problemas kurdos, o eso es lo que argumentan.

“Simplemente para obtener el apoyo nacionalista”, declara Mehmet Kaya, jefe del Centro de Investigación Social del Tigris, un grupo de expertos con sede en Diyarbakir, “comenzó un completo ataque cultural y político contra los kurdos”.

En Diyarbakir, esa política ha supuesto el despido de los dos co-alcaldes de la ciudad y la cancelación de los planes que habían promovido para introducir cursos intensivos de kurdo, anuales, financiados por el estado para cualquier persona de cualquier edad o nivel.

El nombre kurdo de la ciudad, Amed, fue posteriormente quitado de algunas señales de la ciudad, en un movimiento que se repitió en otras ciudades kurdas. En Van, por ejemplo, a unas 250 millas de distancia, el fideicomisario designado por el estado renombró un parque previamente denominado en honor de Tahir Elci, un popular abogado kurdo.

En Sur, el antiguo distrito del centro de Diyarbakir, se está llevando a cabo una transformación aún más controvertida. Contenido dentro de un recinto amurallado inicialmente construido durante la época romana, Sur era hasta hace poco una encantadora madriguera de calles sinuosas que muchos kurdos consideraban el corazón simbólico de la nación kurda.

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Un edificio en Diyarbakir dañado por un coche bomba en enero de 2016.
ILYAS AKENGIN / AGENCE FRANCE-PRESSE — GETTY IMAGES

Pero ahora la mayor parte de Sur no sólo está destruida, sino también sellada. Se estima que unos 2.000 edificios han sido destruidos o dañados en la lucha y 20.000 residentes desplazados.

El gobernador de la provincia, Huseyin Aksoy, dice que la zona será reconstruida de acuerdo con su carácter original, en línea con un plan de renovación acordado en 2012 por el alcalde, que era pro kurdo.

“Cuando haya terminado”, dice el Sr. Aksoy en una entrevista, “el viejo ambiente de Sur volverá de nuevo”.

Algunos lugareños se burlan de esto.

“Quieren turquificar e islamizar el área”, dice Abdullah Demirbas, ex alcalde de Sur.

Algunos advierten, sin embargo, que el Estado no es el único obstáculo para la expresión cultural kurda. Después de que Abdullah Keskin -el director de Avesta, el mayor editor en lengua kurda de Turquía- criticara a los insurgentes kurdos por iniciar una lucha en distritos residenciales como Sur, un depósito que contenía sus libros se quemó misteriosamente unos días más tarde.

La vida también era peor en el pasado para la comunidad kurda, dice Keskin. Cuando era niño, incluso la música kurda estaba prohibida. Cuando su familia -que vivía justo al norte de la frontera siria- celebró una boda, tuvieron que contratar a kurdos sirios del lado sur de la frontera para que tocasen música kurda.

Las cosas todavía no han alcanzado hoy ese nivel, dice Keskin. En lo que va de año, su empresa ha publicado más libros en kurdo que toda la comunidad kurda en los primeros 60 años de la república turca. Pero concede que las acciones del gobierno en los últimos dos años siguen constituyendo “una especie de golpe contra la lengua y la cultura kurdas”.

Aquí y allá, sin embargo, artistas y activistas están tratando de sacar el máximo provecho de una situación difícil. El Sr. Tantekin, el actor, ha abandonado el oficio. Pero varios de sus antiguos colegas han establecido su propio teatro privado en el sótano de un centro comercial.

Su antiguo teatro tenía un aforo para 1.700 espectadores. Este pequeño sótano tiene sólo 80. Pero es un comienzo, dice Berfin Emektar, uno de los actores.

“El espectáculo,” dice con una sonrisa, “continúa.”

Fuente: New York Times

Autoria: Patrick Kingsley

Fecha de publicación: 29/07/17

Traducido por Rojava Azadî

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